Al final de la manifestación pacífica "Mallorca al límite", la Policía Nacional sorprendió con fuertes cargas, domingo 26 de julio en Palma.
27/07/2026 - 14:30 h.
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Los mallorquines tienen, o tenemos, como sociedad, cierta fama de apáticos y de conformistas. No diré que no sea una fama hasta un punto merecida, pero tiene un reverso más interesante. Esta misma sociedad también forma un país de personas sensatas y elegantes, con una profunda alergia a las malas maneras, la grosería, las gesticulaciones exageradas y la violencia en cualquier forma. Para los ciudadanos de este país llamado Mallorca, hay pocas cosas menos interesantes que perder los papeles y la ironía, salir de madre, volverse solemne o intransigente. Y ya no digamos ponerse agresivo: todo esto, en Mallorca, está francamente mal visto.Este país, a pesar de lo que dicen algunos, existe, y se volvió a manifestar el domingo de manera masiva y ejemplar por las calles de Palma. Más de 70.000 personas salieron a pedir que se aplique cordura a las políticas turísticas e inmobiliarias. El actual modelo es extractivo y parasitario, con grandes beneficios concentrados en pocas manos y una lista larguísima de problemas sociales que sufren los ciudadanos/contribuyentes. Especulación, imposibilidad para gran parte de la población de acceder a una vivienda, expulsión de las personas que literalmente no se pueden permitir vivir aquí, desigualdades crecientes, precariedad laboral, abandono prematuro de los estudios, sobrepoblación, dificultades de convivencia y fractura social. Contra todo esto se manifestaron este domingo los mallorquines.El éxito de la convocatoria –de la plataforma Menos Turismo, Más Vida, con el apoyo de 145 entidades– se concretó en una verdadera ola humana (como podéis leer en elAra Balears) que recorrió el centro de Palma sin insultos, sin tensiones, con un tono alegre y una impecable actitud cívica. La protesta fue realmente histórica, comparable con pocas de la historia reciente de Mallorca. Ante una movilización de esta envergadura, empresarios y políticos solo pueden hacer una cosa sensata: ponerse a trabajar en las correcciones que se les exigen.En cambio, lo que hicieron fue enviar la Policía Nacional a pegar a los ciudadanos. Provocaciones, impedimentos y, finalmente, cargas policiales con porras y disparos de pelotas de goma, con un resultado de varios heridos leves y un fotoperiodista herido grave en la cabeza. Una absoluta e intolerable vergüenza, el primer responsable de la cual es el delegado del gobierno de España, Alfonso Rodríguez, que efectivamente debería dimitir, tal como le exigen de todas partes. El gobierno de PP y Vox no debería pensar, sin embargo, que sale beneficiado: querían exactamente eso, para poder acusar la manifestación de ser “violenta”. Llevaban semanas intentando descalificar y criminalizar las protestas, y el vicepresidente Antoni Costa llegó al extremo de invitar a “hacer las maletas” a aquellos que piden un decrecimiento turístico. El domingo los mallorquines dieron un ejemplo de dignidad, y sus gobernantes, de indignidad e ineptitud. El domingo, también, algo se rompió entre los mallorquines y sus representantes institucionales.

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