El análisis de Antoni Bassas

Violencia policial en Mallorca en la protesta contra el colapso turístico

Una carga policial contra manifestantes que salen a la calle porque ya no pueden más y no quieren este presente para el futuro de sus hijos y de su tierra. Que la primera y única respuesta de una manifestación así sea la violencia policial da mucha vergüenza ajena

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27/07/2026 - 14:20 h.
2 min

La consejera de Educación, Esther Niubó, comparece esta tarde en el Parlament para dar explicaciones sobre el increíble fracaso de la Generalitat a la hora de organizar las pruebas PISA. Como sabemos, la historia no puede ser más lamentable, se coja por donde se coja: la OCDE avisó en marzo. No se ha informado hasta julio, hasta un viernes de finales de julio, para ser exactos, en que envían a una directora general a dar la cara y no a la consejera, y califica de problema puntual y técnico un error en la muestra de alumnos examinados que supera con creces cualquier explicable error decimal.Como explicamos hoy, la alteración de la muestra PISA en Cataluña supera con creces la de cualquier país en el último informe. Me recordó el día que la Generalitat, bajo la presidencia de Pere Aragonès, no supo convocar correctamente unas oposiciones. Con la diferencia de que, esto de PISA, es un ridículo internacional. Y prefiero creer que ha sido un fiasco (grave) y no tener que pensar que es la manera de burlar unos resultados que serán malos dados los problemas que desde hace años afectan a la Educación en Cataluña. Solo hay que recordar que terminamos el curso entre huelgas y lo empezaremos igual. El problema de la Educación está en las aulas, que son un reflejo de todos los problemas de la sociedad, en la preparación de los maestros, en la autoridad de los directores, en la tensión de una escuela inclusiva que no tiene medios para ser digna de ese nombre, en una Cataluña que se ha ido empobreciendo, etc. Pero algo pasa en el departamento de Educación y, por extensión, en el Govern, cuando firma un pacto sindical que inflama a los sindicatos, cierra un acuerdo con la OCDE para mejorar la enseñanza y, un año más tarde, se equivoca de mucho en la muestra de las pruebas PISA. Y en otro orden de indignaciones, tenemos la multitudinaria manifestación de ayer en Palma de Mallorca contra el exceso de turismo que ha llevado la isla, como el resto de Baleares, al colapso. No hacen falta muchas explicaciones del porqué de la protesta, porque en Cataluña sabemos bien lo que es el colapso turístico, que afecta la ecología, la movilidad, la vivienda, la cultura, la lengua, etc. El manifiesto de la convocatoria tiene un párrafo bastante explícito sobre el efecto del turismo: “Invadió nuestras costas, después nuestros pueblos y nuestras ciudades y actualmente está ocupando nuestras casas. En Mallorca no caben más hoteles, no caben más franquicias de café, comida rápida o tartas de queso y no caben más turistas. ¡Mallorca al límite! ¡Menos turismo, más vida!” Una manifestación así es una señal que hay que escuchar y atender con urgencia. Pero todo hace pensar que no será así, de momento, porque el gobierno balear y los intereses turísticos son uno. La prueba es lo que pasó al final:

Una carga policial contra manifestantes que salen a la calle porque ya no pueden más y no quieren este presente para el futuro de sus hijos y de su tierra. Que la primera y única respuesta de una manifestación así sea la violencia policial da mucha vergüenza ajena.

Buenos días.

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