Pacto de país por la educación. O ahora, o nunca
Es pertinente preguntarse qué pasa, en el departamento de Educación, porque no estamos ante errores, sino ante actitudes, ante actitudes sostenidas en el tiempo, (¡siete avisos!). Ante todo lo sucedido, los partidos y los sindicatos deberían ser capaces de llegar a pactos de país, porque lo que está en juego es el país mismo.
Cuando la consejera misma de Educación califica el fiasco de PISA como “muy grave”, cuando admite que el problema se podría haber solucionado a tiempo, cuando revela que el Estado avisó en siete ocasiones del error en la muestra, casi está todo dicho.Es más: cuando el desastre le cuesta el cargo a la número dos del departamento, se le abre un expediente disciplinario a un alto cargo por “omisiones que constituyen descuido o negligencia en el cumplimiento de las obligaciones establecidas” y se abren dos expedientes más por faltas graves a dos funcionarios por un “presunto incumplimiento de sus obligaciones y deberes como funcionarios públicos”, es pertinente preguntarse qué ocurre, en el departamento de Educación, porque no estamos ante errores, sino ante actitudes, actitudes sostenidas en el tiempo, tan sostenidas (¡siete avisos!) que nos sumamos a la hipótesis formulada hoy en nuestro editorial de que no fuera mala fe. ¿Era cuestión de dejar fuera de la muestra a alumnos que probablemente obtendrían malos resultados? ¿Era cuestión de proteger al Gobierno del desprestigio de una caída a los puestos aún más bajos de la clasificación escolar europea? ¿O un intento de hacerle daño, teniendo en cuenta que el presidente Illa puso el foco en el informe PISA solo estrenarse como presidente, cuando firmó un acuerdo de colaboración con la OCDE en enero de 2025 para mejorar las competencias de los alumnos catalanes a cuatro años vista y reconducir los resultados del sistema educativo? Pues no solo no ha habido ninguna reconducción, sino que ha habido un fracaso internacional de nuestro Gobierno, un ejecutivo que venía a demostrar buena gestión, opuesta a la afición independentista de toda una década que se daba por perdida.
El tropiezo en las pruebas PISA ha afectado gravemente al Gobierno, proyecta la sombra sobre cómo funciona (quién manda) el departamento de Educación y ha acabado siendo la guinda del amargo pastel que se ha cocinado en los últimos años en la realidad educativa en nuestro país: faltan medios en las escuelas e institutos, falta exigencia en el acceso a la carrera docente, falta autoridad para los directores e inteligencia y cintura para discernir qué innovaciones tecnológicas y pedagógicas son buenas y cuáles son modas en el marco de un alumnado más diverso que nunca. Ante todo ello, los partidos y los sindicatos deberían ser capaces de llegar a pactos de país, porque lo que está en juego es el país mismo.
Buenos días.