¿Qué reclaman los maestros que no vemos las familias?Como madre, veo que el mensaje de la última huelga escolar se está diluyendo. Se habla de cifras de seguimiento, incentivos económicos y aumentos de salario, pero se está fallando estrepitosamente a la hora de explicar el porqué real de la protesta. Y si las familias no se suman masivamente a la movilización, es porque no se les ha explicado la gravedad de algunos problemas que se viven en las aulas.
En Igualada tenemos algunos ejemplos punzantes y vergonzosos: el cierre de la Escola Emili Vallès, el agua no potable del hogar municipal l’Espígol o la falta de calefacción del IES Joan Mercader. Que en el año 2026 se tenga que clausurar un centro educativo por una falta de mantenimiento sostenida en el tiempo es una vergüenza que debería hacer bajar la cabeza a cualquier gobierno.
A este abandono físico se suma el colapso del modelo de escuela inclusiva. Nos llenamos la boca con palabras bonitas sobre la inclusión, pero la realidad que me explican y que percibo es que, dentro del aula, no hay recursos. Sin el personal especializado necesario, la inclusión se convierte, en la práctica, en una exclusión compartida: los alumnos con necesidades especiales no reciben la atención que merecen y el resto de la clase sufre la sobrecarga de unos docentes que no tienen los recursos para solucionar según qué conflictos.
Si las familias no entienden que esta huelga es por la calidad de la educación de los pequeños de casa y por la seguridad de los espacios donde pasan seis horas al día, es porque no se está poniendo el foco donde toca.
Sara Martín RosalesIgualadaTampoco me ha gustadoNo me gustó nada, en la celebración de la Liga del Barça, que el segundo portero, Szczesny, se pasase toda la rúa fumando. Los niños y niñas se miran en sus jugadores. ¿Qué ejemplo está dando, este señor? “Si él fuma y puede jugar entre los grandes, ¿por qué no lo puedo hacer yo? No debe ser tan malo”, dirán. Si Hansi Flick le llamó la atención a Lamine Yamal, también debería llamarle la atención al segundo portero.
Lluïsa Bertran Martí Barcelona¿Consumir por necesidad o por influencia?Vivimos en una sociedad en la que constantemente se nos transmite la sensación de que necesitamos algo nuevo. Cada día aparecen productos diferentes, nuevas tendencias, colecciones limitadas u objetos que, aparentemente, nos harán la vida mejor. Las redes sociales han acelerado aún más esta dinámica: abrimos cualquier aplicación e inmediatamente encontramos personas enseñando ropa, cosmética, tecnología o accesorios como si comprar fuera una necesidad constante.
El problema es que esta exposición continua acaba influyendo en la manera como consumimos. Muchas veces adquirimos cosas que realmente no necesitamos simplemente porque las vemos repetidamente o porque parece que todo el mundo las tiene. El consumo impulsivo se ha normalizado hasta el punto de que acumular objetos casi se asocia con éxito o felicidad.
Esta situación tiene consecuencias que van mucho más allá del gasto económico. La producción masiva genera contaminación, explotación laboral y una enorme cantidad de residuos. Además, la rapidez con que pasan las modas provoca que objetos perfectamente útiles dejen de tener valor en cuestión de meses.
Quizás deberíamos replantearnos la relación que tenemos con el consumo. Comprar menos no significa renunciar a todo, sino aprender a escoger mejor. Tener menos cosas, pero más útiles, duraderas y realmente necesarias, probablemente nos haría consumir de una manera más responsable y también más coherente con el mundo que queremos construir.
Anna Sánchez CatalánCastellar del Vallés