Cartas a la Directora
28/05/2026
Gratitud a Pep Guardiola
Querido Pep:
Ahora que dejas el Manchester City, siento la necesidad de escribir estas palabras para agradecerte algo que probablemente consideraste solo un pequeño gesto en aquel momento, pero que significó mucho más para nuestra familia de lo que jamás podremos expresar. Hay gestos que nunca aparecen en los resúmenes de los partidos, ni en los libros de estadísticas, ni siquiera entre estanterías llenas de trofeos. Gestos que definen realmente a una persona.
En agosto de 2017, nuestras vidas cambiaron para siempre durante el atentado terrorista de la Rambla de Barcelona. Mi hijo Duncan perdió a su abuelo en aquellas terribles circunstancias. Con solo catorce años, se vio obligado a convivir demasiado pronto con el duelo, el miedo y una ausencia imposible de entender.
En medio de aquellos días oscuros, un amigo catalán movió cielo y tierra para ayudarnos. Mientras estábamos en Edimburgo recogiendo las pertenencias del abuelo de Duncan, decidimos ir a Manchester para ver jugar al City contra el Liverpool y, gracias a otra intervención de mi amigo, acabó ocurriendo que decidiste abrir las puertas del Manchester City a un chico canadiense que no conocías, un chico que amaba el fútbol, el Barça y el City con la inocencia y la pasión que solo puede tener un adolescente.
Duncan no solo visitó un estadio o un vestuario. Durante unas horas, pudo volver a sonreír. Sintió que el mundo todavía conservaba un poco de luz después de tanta oscuridad. Descubrió que detrás de una de las figuras más grandes del fútbol había una persona aún más grande.
No nos debías nada. No había cámaras. Ni titulares. Ni nada que ganar por tu parte. Solo había humanidad. Y es precisamente eso lo que nunca olvidaremos.
Mucha gente hablará del entrenador revolucionario, del genio táctico, de los trofeos y de la manera en que cambiaste el fútbol moderno. Y todo eso es cierto. Pero lo que nosotros recordaremos más es al hombre que entendió el dolor de un niño y decidió regalarle un recuerdo capaz de convivir con la tristeza. Los años pasan, pero algunos momentos permanecen con nosotros para siempre. Aquel día en Manchester es uno de ellos.
En mi nombre, el de Duncan y de toda la familia, gracias, Pep. Gracias por tu sensibilidad, tu generosidad y por demostrarnos que la grandeza de una persona no se mide solo por lo que consigue, sino por la manera en que trata a los demás cuando nadie mira.
Te deseamos toda la felicidad en esta nueva etapa.
Con afecto y gratitud,
Robert Bates
Vancouver