Hoy, estimados lectores, repasaremos la figura del silogismo, propuesta por Aristóteles. Sirva de ejemplo la afirmación del no menos conocido M. Rajoy, que actúa como premisa mayor cuando escribe que la selección francesa está disputando el Mundial sin franceses. Si tener jugadores de origen inmigrante o de etnias diversas hace que un equipo no esté formado por ciudadanos de este país, y (premisa menor) la selección de España tiene jugadores de origen inmigrante, como Lamine Yamal o Nico Williams, la conclusión no puede ser otra que España también está disputando el Mundial sin españoles.
Noten que la conclusión se deriva correctamente de las premisas, pero es falsa en la realidad porque la premisa mayor contiene una falacia, que es que a partir de un determinado color de piel, religión u origen familiar no se alcanza la condición de francés. Y no querríamos pensar que M. Rajoy cree que el jovencito azulgrana de Rocafonda o el pequeño de los Williams del Athletic Club son menos españoles que el madrileño Rodri. O quizás sí que en el fondo lo piensa y se le ha escapado.
Y nosotros, ¿qué pensamos? ¿Nos dirigimos en castellano a un chaval como Lamine Yamal? ¿Lo excluimos de algún trabajo o de poder alquilar algún piso porque tiene nombres y apellidos árabes? Si preguntáramos a jóvenes franceses hijos de la inmigración (igual que si lo preguntáramos a jóvenes catalanes) si se sienten tratados como los franceses o los catalanes blancos seguramente nos recordarían que todavía hay categorías. Sirva este pensamiento en voz alta de M. Rajoy para entender y normalizar las nuevas catalanidades, resueltas ya hace algunas décadas por Jordi Pujol.
No hace falta decir que en la Francia republicana la frase de Rajoy ha sido recibida con indignación. El país de Descartes es más de intuición y de deducción que de silogismo.