Una encuesta que acaba de publicarse en Israel muestra que el 60% de la población judía considera "real y tangible" el peligro de una guerra civil, una tendencia claramente en aumento en medio de una polarización radical de la que la población es consciente. Otros datos revelados en el mismo estudio indican que la situación sociológica es, en conjunto, la más problemática en la historia del país fundado en 1948.
La encuesta la ha confeccionado el Instituto de Políticas del Pueblo Judío (JPPI), un conocido think tank que se considera independiente y que regularmente hace estudios sobre la situación del pueblo judío, y en especial sobre la situación en Israel. El último estudio es particularmente alarmante, y confirma una evolución consistente en una dirección sumamente peligrosa.
El peligro de una guerra civil es un tema recurrente en los medios de comunicación locales, una cuestión de la que también habla asiduamente la clase política o calificados miembros de la academia. Ha estado sobre la mesa desde mediados de los años noventa, cuando se produjo el asesinato del primer ministro Yitzhak Rabin a manos de un ultra israelí, pero en los últimos años, y particularmente en los últimos cuatro años de mandato de Benjamin Netanyahu, es un tema muy repetido y presente en todas partes.
El peligro está dentro
Dos tercios de los encuestados por el JPPI consideran que el peligro interior es mayor que el peligro exterior, un dato preocupante si tenemos en cuenta que casi los últimos tres años han estado marcados por guerras exteriores con Irán, Hezbollah en Líbano y Hamás en la Franja de Gaza. Pues bien, a pesar de ello, los encuestados ven como una amenaza más grave para Israel la situación interna.
El 79% de los encuestados consideran que durante el último año la situación interna ha sido mala desde una perspectiva social, es decir, al margen de las guerras. Solo la mitad de los judíos confían en las instituciones del estado y en las autoridades, y solo el 49% ven posibles compromisos entre los diferentes sectores de la población. Un mismo porcentaje del 49% ve el futuro con pesimismo.
Muchos israelíes judíos en los últimos años han buscado un segundo pasaporte, principalmente europeo, una circunstancia que históricamente estaba mal vista en la sociedad israelí. En Israel, quien pide un segundo pasaporte acostumbra a ser visto como una persona que no confía plenamente en el futuro del estado judío.
Un Netanyahu desafiante
A nadie se le escapa que durante los últimos cuatro años Netanyahu ha modificado decenas de leyes para impulsar lo que casi todo el mundo considera una revolución judicial que persigue dar poderes absolutos al ejecutivo en detrimento del Tribunal Supremo.
El ministro de Justicia, Yariv Levin, uno de los miembros del gobierno más beligerantes, dijo el domingo que el Tribunal Supremo no puede estar por encima del gobierno y del Parlamento. Lo dijo con el anuncio del gobierno en el sentido de que no obedecerá una reciente sentencia del Supremo, el primer golpe en la historia de Israel que un gobierno desafía así la máxima autoridad judicial.
La oposición denuncia que Netanyahu está pidiendo al pueblo una lealtad personal hacia el líder, él mismo, que esté por encima de la lealtad a las instituciones. Las próximas elecciones, previstas para el mes de octubre, serán cruciales para determinar la dirección que toma un país profundamente dividido y polarizado entre la religión y el laicismo, el nacionalismo extremo y no tan extremo, y la derecha populista y el centro liberal.