El eclipse total y los refunfuñones de siempre
-
CAT -
ENG
Para los que nos dedicamos a la astronomía, este ha sido un verano muy especial. El eclipse de Sol nos ha puesto en el centro de atención como nunca. Pocas veces nos pasa que el objeto de nuestro trabajo se convierta en un fenómeno social de esta magnitud. Ha sido una oportunidad de oro para explicar los movimientos de los astros en el cielo, la coincidencia cósmica que hace posibles los eclipses totales de Sol, la demostración de las predicciones de la relatividad general o qué son las protuberancias solares. Incluso se ha hecho un experimento sociológico sobre cómo nos afecta ver un eclipse.
Los medios y las autoridades se volcaron en explicar qué pasaría el día 12 de agosto y en dar consejos sobre qué hacer y qué no hacer. El esfuerzo es muy bienvenido. Pero, está claro, tratándose de un eclipse, no todo han sido luces: también ha habido algunas sombras. La normal insistencia en usar gafas para observar la fase parcial del eclipse fue interpretada por algunos como si aquel día los rayos del Sol fueran especialmente perjudiciales, y generó una psicosis extraña. Todo ello hasta el punto de que el Colegio Oficial de Ópticos Optometristas de Cataluña, haciendo gala de un exceso de celo o de desconocimiento, aconsejó no quitarse las gafas ni siquiera durante la fase de totalidad! Si alguien hizo caso de esta sugerencia, seguro que se perdió la parte más impactante del espectáculo.
¿Se ha hecho un exceso con el eclipse? Pienso que no. En nuestra casa, ha sido un acontecimiento único. Los medios, ayudados por el hecho de que agosto es un mes informativamente flojo, han hecho un despliegue y una cobertura sin precedentes. A algunos gruñones les ha parecido excesivo el tiempo y el espacio que se dedicó durante una semana a hablar de ello y, de paso, a hablar de ciencia. Muy probablemente, estos mismos, en cambio, no dicen nada cuando cada día del mundo se dedican decenas de páginas de diario y horas de radio y televisión a hacer ruido con los deportes (= fútbol). Los gruñones que piensan que unas fotos en las redes sociales o un vídeo reproducido en el móvil hacen justicia a la experiencia de vivir un eclipse total in situ están muy equivocados. No conozco a nadie que no quedara emocionado y conmocionado, incluidos aquellos que fueron arrastrados a regañadientes por amigos o familiares a desplazarse a la franja de totalidad.
Por tanto, quien no haya experimentado la totalidad hará bien en abstenerse de opinar. No la volverán a tener nunca tan al alcance como esta vez, pero el próximo año pueden hacer un millar de kilómetros y vivir un eclipse total de Sol. Entonces sí: que digan qué piensan de ello.