John Cryan: "Los consumidores moderados de café tienen menos probabilidades de desarrollar demencia"
Catedrático y director del departamento de anatomía y neurociencias del Colegio Universitario de Cork (Irlanda)
John Cryan, neurocientífico, es una de las voces más reconocidas mundialmente en el estudio de la comunicación entre el intestino y el cerebro. Sus trabajos han ayudado a demostrar que la microbiota intestinal no solo tiene un papel en la salud digestiva, sino que también puede modular la respuesta al estrés, el comportamiento y la salud mental. Catedrático y director del departamento de anatomía y neurociencias del Colegio Universitario de Cork (Irlanda), ha investigado los efectos de una bebida que forma parte del día a día de millones de personas: el café. Cryan visitó Barcelona para participar en un simposio de investigación biomédica de la Universidad Pompeu Fabra.
¿La dieta puede influir en la salud mental?
— Hace años que investigamos la relación entre el intestino y el cerebro. Algunos de nuestros primeros descubrimientos pusieron de manifiesto que la microbiota intestinal –los billones de microorganismos que tenemos en el cuerpo– se puede comunicar con el cerebro en momentos clave a lo largo de la vida. Esto nos llevó a buscar maneras de actuar sobre ella de manera positiva para que, de rebote, tuviera un impacto beneficioso en el cerebro. Y la manera más fácil es a través de la dieta, sí.
Habéis publicado un estudio centrado en el café. ¿Por qué?
— Hemos estudiado diversas sustancias presentes en los alimentos y cómo podemos influir en el cerebro y el comportamiento a través de la microbiota: desde las fibras y los alimentos fermentados hasta los ácidos grasos omega-3. También hemos trabajado con probióticos. Pero una de las áreas que nos interesaba desde hacía mucho tiempo era la de los polifenoles que contiene el café.
¿Qué son?
— Sustancias químicas de origen vegetal muy importantes que dan, en cierta manera, color a las plantas. Hay de muchos tipos diferentes y muchos son metabolizados solo por los microbios intestinales y afectan a su composición. Por eso se han convertido en un área de estudio muy interesante.
Están presentes en muchos otros alimentos, desde la uva al chocolate o el aceite de oliva.
— Una de las fuentes de polifenoles realmente interesante es el café, que se empezó a consumir como bebida en el Yemen, en la península Arábiga, en el siglo XV. Solemos pensar en la cafeína como el ingrediente activo beneficioso, pero el café contiene cientos de sustancias químicas y queríamos saber si los polifenoles contribuían a los efectos positivos atribuidos al café.
Se ha vinculado su consumo con una mejor concentración y memoria.
— Estudios epidemiológicos a gran escala muestran que los consumidores moderados de café –dos o tres tazas al día– tienen menos probabilidades de desarrollar demencia. Parece que hay menos deterioro cognitivo asociado a una ingesta medida. Ahora bien, hay que ser prudentes porque la cafeína tiene otros efectos fuera del intestino y el cerebro: puede aumentar la presión arterial y es un estimulante.
¿Qué pasa, entonces, en el intestino cuando tomamos una taza de café?
— Para averiguarlo, hicimos un estudio. Cogimos a 62 personas, 31 consumidoras habituales de café y 31 que no lo tomaban, de entre 30 y 50 años. En Irlanda no es tan difícil como en Europa central encontrar personas que no beban, porque no tenemos una tradición cafetera tan larga como posiblemente vosotros. Nosotros tomamos más té. Encontramos, en primer lugar, que los consumidores habituales de café parecían tener menos marcadores inflamatorios, lo cual era sorprendente. Cuando los sometíamos a un periodo de abstinencia de esta bebida, los marcadores de inflamación asociados al sistema inmunitario aumentaban y, en cambio, cuando reintroducíamos el café, disminuían.
¿Y qué implica esta relación?
— Pone de manifiesto la complejidad de lo que sucede cuando tomas una taza de café, como la que estoy tomando ahora mismo: afecta a todo el cuerpo y a todos los sistemas del organismo, en parte a través de la microbiota, porque la modifica. Cuando retirábamos el café de los consumidores habituales, su microbiota y sistema inmunitario cambiaban, y sus niveles de ansiedad aumentaban. Cuando volvíamos a introducirlo, todo se normalizaba de nuevo. Lo más sorprendente fue descubrir que daba igual si el café era con cafeína o sin ella, los efectos eran los mismos.
No es, pues, solo la cafeína.
— Tanto el café con cafeína como sin ella, contienen los mismos polifenoles que, en circunstancias normales, alimentan a los microbios; de hecho, los cambian y esto genera una especie de equilibrio en cómo el intestino habla con el cerebro. Cuando quitas este alimento a los microorganismos no les gusta, comienzan a cambiar y se vuelven más inflamatorios. Pero es un estudio pequeño, hace falta investigar más. Además, el café descafeinado no es simplemente café al que hemos quitado la cafeína, sino que el proceso de descafeinado también modifica su composición.
¿Encontrasteis alguna diferencia entre café con cafeína o sin ella, sin embargo?
— Encontramos una mejora en algunos aspectos del aprendizaje y la memoria en los participantes que consumían café descafeinado, lo que sugiere que hay otros componentes de esta bebida, más allá de la cafeína, que pueden contribuir a sus efectos. En cambio, el café con cafeína se asoció con una reducción de la ansiedad y una mejora de la atención. Ambos tipos de café también se asociaron con menos estrés, síntomas depresivos e inflamación.
Por lo tanto, ¿recomendarías el café para mejorar la función cognitiva?
— Ha habido trabajos muy interesantes, como los de Nicholas Sagar y otros grupos, que han analizado grandes estudios poblacionales sobre la dieta y también han relacionado el consumo de café con cambios en la microbiota que podrían ser beneficiosos para diferentes aspectos de la salud. Y también están apareciendo datos epidemiológicos que relacionan el consumo de café con un menor riesgo de deterioro cognitivo. Por lo tanto, podría haber un efecto protector del café sobre la función cognitiva a medida que envejecemos.