Cataluña, en la cola de Europa en horas de ciencias en Secundaria

El lanzamiento del primer satélite artificial por parte de la Unión Soviética el 4 de octubre de 1957 tuvo un efecto positivo para la educación científica en Estados Unidos. El miedo provocado por el éxito de la superpotencia enemiga llevó a promover y dotar de fondo a la educación en ciencias a todos los niveles. Incluso la teoría de la evolución de Darwin, arrinconada por presiones de influyentes grupos religiosos, volvió a ocupar su puesto en los institutos. Fue el momento Sputnik.

En Cataluña vivimos el proceso inverso: las ciencias van sufriendo recortes, no ya en la formación general, sino en la de los posibles futuros científicos. En un decreto aprobado en plenas vacaciones de Navidad, la conselleria ha juntado las asignaturas de física y química, por un lado, y de biología y geología y ciencias ambientales, por otro. Cada una de las asignaturas condensadas tendrá 4 horas lectivas semanales. Antes del decreto, la suma de las asignaturas separadas daba 6 horas. Había habido tiempos –un poco– mejores: hasta el curso 2021-22 el total era de 8 horas.

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Las razones aducidas no son pedagógicas ni científicas. El departamento afirma que se ha tenido que adaptar el currículum catalán al estatal, para evitar que hubiera problemas de homologación si un alumno iba a vivir a otro sitio. Es decir, el nivel de autonomía es tal que ni siquiera podemos elaborar un currículum propio, aunque sea por un par de horas. La solución propuesta: trasladar saberes básicos a materias optativas, que no todos los centros pueden o quieren ofrecer ni los alumnos deben escoger.

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Las quejas de docentes y de sociedades científicas, colegios profesionales, universidades, familias y personalidades del mundo científico no han logrado ni siquiera explicaciones convincentes. Cataluña tiene un nivel de excelencia, a nivel mundial, en diversos campos: biología, biomedicina, fotónica, supercomputación y química, entre otros. Investigadores catalanes de nivel mundial trabajan en el extranjero, algunos en sitios destacados. Pero los futuros científicos habrán tenido una menor formación en estos ámbitos. La consejera de Investigación y Universidades no ha dicho nada. Sí sigue anunciando programas de investigación, inversiones y ayudas, bienvenidos pero todavía insuficientes. El presidente Isla ha dicho que Cataluña opta a acoger a investigadores que quieran abandonar Estados Unidos por las restricciones de la actual administración. Al menos éstos habrán tenido, muy probablemente, una formación más amplia en sus países de origen. Está claro que las universidades siempre pueden realizar los cada vez más numerosos "cursos cero" para compensar estas carencias.

Hablamos, repetimos, del bachillerato científico, es decir, de reducir las horas a quienes probablemente quieren hacer carrera en ciencias o tecnología. La reducción no afecta a las asignaturas comunes, porque cuando hay cero horas es imposible recortar más. Las asignaturas obligatorias para todos los itinerarios de bachillerato son lengua y literatura catalana y castellana, lengua extranjera, filosofía, historia de la filosofía, historia y educación física. Hasta el curso 2022 hubo dos horas de ciencias para el mundo contemporáneo, pero alguien decidió ser innecesario. Resultado: quien no realice bachillerato científico no tiene ninguna obligación de cursar ninguna asignatura relacionada con las ciencias.

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Incluso en cuarto de ESO las ciencias son optativas, por lo que la mayoría de alumnos no trabajan temas como la evolución, como explicó David Segarra en estas páginas ("La escuela catalana se ha olvidado de Darwin", 6-12-2025). En la enseñanza secundaria obligatoria Cataluña también destaca, pero en los últimos lugares. Entre los países europeos, ocupa la penúltima posición en porcentaje de horas de dedicación mínima a las ciencias –excluidas las matemáticas–, con un 8,8%, muy por debajo de la media de la UE (12%) y ya no digamos de los países líderes –Estonia supera el 21%–. Y a nivel estatal se encuentra en un destacado último puesto en el número de horas mínimas obligatorias (12). Los siguientes tienen 16 y en La Rioja son 20. Puestos a homologar, ¿por qué no se hace también en esto? Ésta es la importancia que han dado a la enseñanza de la ciencia no sólo el actual gobierno, sino también la mayoría de los anteriores.

Todo esto lleva a una sociedad menos formada y, por tanto, menos concienciada y más vulnerable. De la misma forma que la falta de explicaciones históricas sobre el franquismo y otras etapas puede llevar a banalizar e incluso a alabar regímenes totalitarios, la falta de educación científica facilita la extensión de discursos populistas y negacionistas. Una sociedad con pocos conocimientos científicos se puede creer cualquier tontería sobre las vacunas, se puede dejar convencer a quienes niegan o minimizan el cambio climático, no se moverá para que la investigación en biomedicina y otros ámbitos tenga en cuenta la ética y el impacto social y no comprenderá cómo las tecnologías informáticas atacan su privacidad. Por tanto, esto no favorecerá una ciencia orientada hacia el bien común y el respeto a todos los sectores.

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Quizás llegue el día que el nivel habrá bajado lo suficiente para hacer saltar las alarmas y vivir un momento Sputnik a la catalana. Por el momento, parece que nos encontramos más bien en un momento contra-Sputnik. Y para nuestra sociedad es un gran riesgo seguir dejando a la educación científica fuera de órbita.