Educación

Por qué los niños catalanes saben más inglés que física o biología

Los datos apuntan a que el bajo nivel científico de los niños y niñas se origina en la educación primaria, porque las ciencias se trabajan poco

Imagen de archivo de una clase de una escuela de Barcelona
David Segarra
01/03/2026
4 min

Todo el mundo recuerda cómo las pruebas PISA evidenciaron el bajo nivel de nuestros alumnos en matemáticas o comprensión lectora. Estas pruebas también pusieron de manifiesto un bajo nivel en ciencias, pero de esto pocos hablan, a pesar de que el conocimiento de los alumnos catalanes en biología, tecnología o ciencias de la tierra está ocho puntos por debajo de la media española y de los países de la OCDE.

En este mismo sentido, las pruebas de competencias básicas que hace la Generalitat en sexto de primaria muestran que las ciencias obtienen las peores calificaciones entre todas las materias. En el último año evaluado, en 2025, las ciencias son la única competencia con la media suspendida. Ninguna otra materia tiene unos resultados tan pobres. Los niños catalanes saben más inglés que física o geología.

Evolució de les proves de competències bàsiques a 6è de primària
Puntuació mitjana anual en cada competència avaluada

Estos datos sugieren que el bajo nivel científico de nuestros niños se origina en la educación primaria, la etapa que va de los cinco a los doce años, aproximadamente, y que muchos consideran una oportunidad desperdiciada. Los niños de estas edades tienen una infinita curiosidad. Es el momento perfecto para comprender que la materia está hecha de átomos, captar cómo se organiza la vida, qué es la energía o cómo actúan las fuerzas.

Pero muy a menudo no es así, y en primaria las ciencias generalmente se trabajan poco. Las causas son múltiples, pero los expertos consideran que hay dos problemas estructurales básicos: por un lado, el currículo (el temario) catalán de primaria es muy inconcreto, lo que hace que a los maestros les cueste saber qué deben explicar en clase (y no digamos ya cómo ni cuando). Esta indefinición hace que cada maestro tenga que pensar por su cuenta qué es necesario enseñar, y es "como si cada médico tuviera que pensar el tratamiento para cada paciente sin un protocolo", afirma Anna Marbà, profesora de didáctica de las ciencias de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB).El departamento de Educación está desarrollando unas orientaciones que más concretan, pero no son prescriptivas. Según Marbà, estas orientaciones "deberían ser propiamente el currículum". Al menos en muchos otros países se detalla qué enseñar, cuándo y cómo.

El segundo gran obstáculo, y quizás el principal, es que la mayoría de los maestros de primaria poseen unos conocimientos científicos limitados.De hecho, la última vez que estuvieron en contacto con las ciencias fue cuando cursaban 3º de ESO y siguieron las enseñanzas obligatorias de física, química o biología. Tenían quince años. Después la mayoría de aspirantes a maestro han ido escogiendo las opciones del bachillerato que les permitían no cursar ninguna asignatura de ciencias. Por tanto, "muchos maestros tienen de los temas científicos una idea bastante superficial, o un desconocimiento total", afirma Victor Grau, profesor del máster de profesorado de la Universidad de Barcelona. Esto no es ningún secreto, "los mismos docentes se dan cuenta y lo admiten", indica Grau.

Todo esto tiene implicaciones emocionales: "Los aspirantes a maestro llegan con miedo y rechazo hacia las ciencias, sobre todo la física y la química", afirma Carolina Pipitone, profesora de didáctica de las ciencias de la UB. Un estudio en el que ha participado esta investigadora señala que las emociones negativas de los alumnos del grado de maestro son frecuentes en relación con la química y la física, destacando la inseguridad (45,35%), la preocupación (34,88%) y la frustración (20,93%). El resultado es que "si las ciencias te dan miedo, no las trabajarás con los alumnos", afirma Pipitone. Y esto es lo que acaba ocurriendo en muchos casos, cosa favorecida por un currículum inconcreto.

La clave: formar mejor al profesorado

Sin embargo, se trata de un problema global. Un estudio de la Universidad de Twente, en los Países Bajos, de hace unos veinte años, ya señalaba la poca confianza de los maestros en su capacidad para trabajar ideas científicas, lo que hace que dediquen menos tiempo a estas materias. A raíz de esto, en Holanda se impulsó un programa que, en tres años, ofreció formación a 5.000 maestros y que ha ayudado a corregir las deficiencias detectadas.

La formación parece la clave para mejorar la situación. Maestros motivados que quieren formarse los hay, porque muchos son conscientes de que necesitan mejorar. Programas de formación también existen, pero son pocos, la asistencia es voluntaria y se realizan siempre en las horas libres de los maestros, al acabar la jornada laboral o sábados por la mañana. Anna Marbà cree que habría que "liberar un número significativo de docentes, por ejemplo un día a la semana, para que pudieran formarse adecuadamente".

Y pese a la precariedad y el voluntarismo, se realizan iniciativas exitosas: el programa Petits Talents Científics ha formado a cientos de maestros durante doce años, una duración "excepcional, la mayoría de programas de formación duran muy poco", considera Jordi Martí, coordinador del programa y profesor en la UVic. Por su parte, el CESIRE (centro de formación permanente del departamento de Educación), entre otras actividades, está ofreciendo en estos momentos una formación intensiva en ciencias a setenta maestros que, en un futuro, "se convertirán en formadores y en referentes de didáctica científica, esparcidos por el territorio", según explica Sandra Memminger, coordinadora de ciencias de esta entidad. El CESIRE también realiza un plan piloto para formar todo el claustro docente de diecisiete centros. Son buenas iniciativas, pero hay que tener en cuenta que en Cataluña existen cerca de 4.000 escuelas de infantil y primaria. Queda mucho campo por correr.

Los expertos echan de menos un plan global ambicioso que garantice la formación sistemática de un número elevado de maestros en ciencias y en su didáctica. Esto pide organización y presupuesto, y sólo puede impulsarlo el departamento de Educación, que es hacia donde convergen todas las miradas.

Cataluña se juega mucho. Será difícil mantener nuestro nivel de investigación, que es bueno pero modesto, si los alumnos reciben una formación básica deficiente. Y sabe mal formar ciudadanos a los que costará más distinguir el grano de la paja en un mundo lleno de fakes y pseudociencias. Como señala Víctor Grau, los conocimientos científicos "son básicos para entender la realidad y fomentar el espíritu crítico, y deben formar parte de la cultura general de todos".

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