Cinco millones de aficionados y un reto sanitario: el Mundial activa una red para detectar brotes

Una red independiente analizará muestras de las ciudades anfitrionas para detectar precozmente brotes de enfermedades entre los millones de aficionados que se desplazarán al torneo.

Lauren J. Joung | Scientific American
19/06/2026

Esta semana ha comenzado el Mundial de la FIFA en América del Norte. Se prevé que cinco millones de aficionados de todo el mundo se desplazarán a las 16 ciudades anfitrionas, de tres países diferentes, para animar a su selección en estadios abarrotados: será, pues, un caldo de cultivo perfecto para la propagación de enfermedades.

brote en la República Democrática del Congo.brote en la República Democrática del Congo.Como dice Rebecca Katz, experta en seguridad sanitaria global de la Universidad de Georgetown y directora del Centro de Operaciones de Seguridad Sanitaria: “Los actos multitudinarios son complicados. Y estos, en especial, son más complicados de lo que os podáis imaginar”.

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Anticiparse a posibles amenazas

Este centro de información estratégica sobre salud pública, creado por expertos de la Universidad de Georgetown y la organización Medstar Health, colabora con puntos de control de aguas residuales, empresas de biotecnología (como Verily Health), laboratorios de genómica y organismos sanitarios locales para anticiparse a posibles amenazas de enfermedades durante los partidos. Las asociaciones y responsables de salud locales recibirán informes diarios, así como avisos de cualquier riesgo significativo.

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Según Windell Washington, director médico de Verily: “El Mundial es como la Super Bowl pero con esteroides. La gente viene de diferentes países con diferentes prevalencias de enfermedades; por eso, si se junta mucha gente en un mismo lugar, es muy importante una estrategia de monitorización que les dé un entorno seguro”.

Son tres los estados que acogen esta competición durante unas cuantas semanas y, por lo tanto, se deben coordinar con los 48 países y regiones que participan con sus selecciones. El intercambio de datos sanitarios entre regiones ya es complejo, pero, como señala Katz, el panorama actual de la salud pública en EE. UU. todavía dificulta más la coordinación: “La relación entre los Estados Unidos y la Organización Mundial de la Salud es complicada. [Washington ha abandonado formalmente la OMS este año.] Nuestros colegas de los departamentos de salud locales, estatales y federales están desbordados”. Y añade que por eso su equipo quería cubrir este vacío creando un centro de operaciones no gubernamental dedicado a la salud pública.

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Los puntos de monitorización de aguas residuales permiten averiguar los niveles de enfermedad en una población concreta al detectar fragmentos de ADN viral u otros patógenos, que han pasado a los sistemas de aguas residuales municipales a través de la materia fecal, la orina u otros fluidos corporales. Estos datos a veces pueden mostrar la propagación comunitaria de un patógeno días o incluso semanas antes de que los casos se disparen en los hospitales y en los sistemas públicos de salud. Esto da a los expertos más tiempo para empezar a aislar a los enfermos, administrar vacunas, aplicar tratamientos y a la larga salvar vidas.

En palabras de Marc Johnson, un investigador de aguas residuales de la Universidad de Missouri que también colabora con SecureBio, una de las organizaciones asociadas al proyecto: “No pretendemos sustituir la vigilancia clínica, sino complementarla: ofrecer un retrato imparcial de toda la sociedad local, en lugar de centrarnos en los pacientes por separado”.

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Por ejemplo, los datos obtenidos de las aguas residuales reforzaron la respuesta y la preparación para afrontar los brotes durante el pico de la pandemia de la covid-19. También se usaron durante la Copa del Mundo de 2022 en Qatar, los Juegos Olímpicos de Verano de 2024 en París y diferentes convenciones políticas en los Estados Unidos.

Rastrearán los virus más prevalentes

Las actividades de seguimiento de este año se centrarán principalmente en las sedes del campeonato, pero los investigadores estarán muy alerta para detectar posibles patrones de propagación de enfermedades que podrían ser exclusivos del Mundial de 2026. Como explica Johnson, los visitantes no siempre se distribuirán aleatoriamente. Lo más probable es que los aficionados se desplacen a las ciudades donde juega la selección de su país, y quizás incluso sigan a sus equipos de sede en sede por toda Norteamérica durante las etapas del torneo. Como ella misma dice: “No hay nada que se pueda comparar con la afluencia de público y la capilaridad del Mundial”.

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Los investigadores quizás detectarán numerosos patógenos que son habituales o poco habituales en Estados Unidos. Por ejemplo, Verily tiene unos sistemas de control en tiempo real para cada sede que rastrean cinco de los virus más relevantes y prevalentes, como el SARS-CoV-2, la gripe, el sarampión, el virus respiratorio sincicial (VRS) y el norovirus. Muchos de los puntos de monitorización usan pruebas rápidas de reacción en cadena por la polimerasa (PCR), capaces de detectar cantidades muy pequeñas de ADN viral.

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“Las PCR son muy rápidas”, afirma Windell Washington. “Nos permiten tomar muestras, analizarlas y después, en un período de aproximadamente tres días, obtener unos resultados que nos dan una rápida visión de si un patógeno es prevalente y de la prevalencia de esa enfermedad en la sociedad local.

La secuenciación genómica de los virus de las muestras puede profundizar aún más en el análisis. SecureBio puede secuenciar un genoma en cinco días, pero el análisis genético puede revelar mucha más información, como la variante o el linaje de un virus. Estos datos pueden resultar útiles para rastrear e interrelacionar brotes y así entender mejor la propagación de una enfermedad.

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Como explica Marc Johnson: “Podríamos llegar a decir: «Mira, hemos detectado el sarampión, y resulta que es –o no– la misma variante viral que se ha encontrado en otro lugar»”.

La red también hará un seguimiento de la viruela del mono, algunas enfermedades de transmisión sexual y otras propagadas por insectos, como el dengue y el chikungunya. También está capacitada para detectar otros virus convertidos desde hace poco en motivo de preocupación. Por ejemplo, el sistema de control de Johnson tiene una página dedicada a “hallazgos inesperados”, como el virus del Ébola y el de l’hantavirus (que hace poco causó un brote en un crucero, aunque se cree que no se propaga con facilidad).

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“No buscamos un objetivo en concreto –dice Johnson–. O sea que, tanto si es lo que esperábamos como si no, aparecerá en nuestros resultados”.

Además de la información sobre aguas residuales, el centro recopilará datos climáticos y de registros electrónicos de salud no identificados. Los equipos también monitorizarán las redes sociales para detectar conversaciones entre los aficionados sobre posibles infecciones. Si un patógeno concreto se dispara en una zona, el Centro de Operaciones de Seguridad Sanitaria avisará a los colaboradores de los órganos de salud locales y de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. El equipo también trabaja en estrecha coordinación con la Organización Panamericana de la Salud para intercambiar información con los responsables sanitarios de Canadá y México.

Como dice Rebecca Katz: “El Mundial es divertido y nos ofrece una apasionante oportunidad para ver buenos partidos y animar a los equipos. Entre bastidores hay toda una infraestructura y una organización formada por personas y entidades que se esfuerzan para que todo el mundo se lo pase lo mejor posible sin correr riesgos.

Traducción de Lídia Fernández Torrell