Generación Jurassic Park: el último adiós al paleontólogo de película que nos inspiró
Desde Sam Neill hasta las nuevas heroínas de la paleontología, el cine ha despertado vocaciones científicas y ha evolucionado al ritmo de los descubrimientos sobre los dinosaurios
Una de las escenas más icónicas del cine es obra de Steven Spielberg. En Jurassic Park (1993) la paleobotánica Ellie Sattler –Laura Dern– y el paleontólogo Alan Grant –Sam Neill– observan, por primera vez, un colosal Brachiosaurus vivo. De fondo, la música de John Williams. Si a esto añadimos el rostro afable de Sir Richard Attenborough, y su "¡Bienvenidos a Jurassic Park!", la épica del momento resulta inigualable. Pocas veces el séptimo arte había convertido en heroínas y héroes –en personajes de culto– a científicas y científicos.No es de extrañar que el 13 de julio una triste noticia golpeara no solo a la familia del cine, sino a millones de personas enamoradas de los dinosaurios. Perdimos al actor Sam Neill y, con él, a nuestro paleontólogo de película. En las tres cintas en las que intervino –sagas de Jurassic Park y Jurassic World– lo acompañamos mientras excava con pincel y georradar, busca financiación para las investigaciones en Montana o habla con conocimiento sobre su sujeto de estudio. Además, transmite pasión. "Siempre fue mi favorito desde que era un niño", confiesa a la doctora Sattler cuando cuidan de un triceratops enfermo. Gracias a estos personajes, otras niñas y niños, y adultos, pasaron a incrementar las nutridas legiones de la dinomanía. Algunos incluso decidieron dedicarse a la paleontología como profesión. Y, insistimos, gran parte del mérito se lo debemos al hoy llorado Sam Neill, que supo distanciarse del mero aventurero musculoso para encarnar a un héroe capaz de unir ciencia y humanidad, el doctor Alan Grant.Otros científicos en el celuloide
¿Hay otros paleontólogos de celuloide que hayan despertado vocaciones científicas? Además del profesor Challenger en El mundo perdido (Hoyt, 1925), es obligado citar a Kyohei Yamane en Godzilla (Honda, 1954). Lejos de querer exterminar a Godzilla –un dinosaurio mutante a causa de la radiación nuclear–, lucha por protegerlo de la estupidez humana, la misma que ha creado poderosas armas de autodestrucción. Fue el hecho de ver esta película, y la personalidad de Yamane, lo que marcó la trayectoria de José Luis Sanz, hoy profesor emérito de la Universidad Autónoma de Madrid y uno de los máximos expertos en dinosaurios a escala mundial. En un documental estrenado en el Sitges Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya, El Valle de Concavenator (2022), Sanz reconoce el fuerte vínculo del cine con la génesis de su carrera en el campo de la paleontología. Por ejemplo, en el año 2010 él y su equipo publicaron el hallazgo de una nueva especie de dinosaurio: Concavenator corcovatus, la criatura coprotagonista del documental dirigido por Víctor Matellano; la otra estrella es un reptil, también carnívoro y bípedo, pero de ficción: Gwangi.The Valley of Gwangi (O'Connelly, 1969) se rodó, en buena parte, en Cuenca. Y el Concavenator fue excavado, precisamente, en el yacimiento de Cuenca de Las Hoyas, y es llamado el cazador de Cuenca. Quién le habría dicho a Ray Harryhausen, el maestro de los efectos especiales que imprimió vida a Gwangi (una especie de híbrido entre Tyrannosaurus y Allosaurus), que un depredador semejante existió en este mismo hábitat: el Concavenator, que acabaría aterrizando en Hollywood de la mano del director barcelonés J.A. Bayona. Aparece en un diorama del Museo Lockwood en el metraje de Jurassic World. El reino caído (2018).Harryhausen también fue el autor de las criaturas prehistóricas que desfilan por el film One million years B.C. (Chaffey, 1966). La estampa de Raquel Welch, con el bikini antediluviano, junto al taparrabos de John Richardson roba protagonismo a los dinosaurios, lo que nos sirve para recordar que la asociación de humanos y estos reptiles fósiles no ha existido nunca. Tampoco se ha producido la desextinción que, con el concurso de la ingeniería genética, aventuró el escritor Michael Crichton en sus novelas. Los dinosaurios –si exceptuamos las aves– se extinguieron hace 66 millones de años, y los primeros homíninos aparecieron en África hace entre 7 y 6 millones (el Homo sapiens, hace solo 350.000 años).
¿Las aves actuales son dinosaurios? Sí. Descienden de los dinosaurios bípedos: los terópodos. De hecho, el velociraptor tenía el cuerpo cubierto de plumas. A pesar de ello, además de exagerar el tamaño real de estos depredadores, Spielberg prescindió de las plumas –¿así eran más terribles?–. Y es que dinosaurio significa "lagarto terrible" (Richard Owen, 1841). Pero películas recientes como Primitive War (Sparke, 2025), una cinta que mezcla dinosaurios y soldados en la Guerra de Vietnam, han apostado por el traje de plumas, incluso para el idolatrado T-rex. Al mismo tiempo, apuestan por la igualdad de género y el conservacionismo. Hemos hablado de Ellie Sattler, pero Claire Dearing –en Jurassic World. El reino caído– evoluciona de CEO a fundadora del Grupo de Protección de Dinosaurios, donde trabaja Zia Rodríguez, joven paleoveterinaria y activista medioambiental.
Ciencia y cine se abren camino, y las nuevas películas de dinosaurios maridan la fantasía con los avances en paleontología.