Investigación climática

"Lo que pasa en el Ártico afecta a todo el planeta"

Seis investigadoras en Cataluña lideran investigaciones en esta región para entender mejor su papel en la regulación del clima global

11/04/2026

El Ártico es la región que más se calienta del planeta y lo hace a un ritmo inusitado: hasta cuatro veces más rápido de media que el resto de zonas terrestres. Y esto tiene una repercusión global enorme porque el hielo de este océano ejercía un papel capital de regulador del clima de la Tierra y ahora se está fundiendo a velocidades insólitas. Esto también está cambiando la estructura de los océanos, con un impacto brutal sobre las comunidades locales y la biodiversidad.

El aumento de temperaturas está deshaciendo el permafrost, que hasta ahora almacenaba carbono y metano y que ahora los está liberando a la atmósfera, contribuyendo así a la acumulación de más gases de efecto invernadero, y empeorando aún más el calentamiento global. Además, que se deshaga esta capa del suelo congelada está impactando en la población ártica, que ve cómo casas e infraestructuras se derrumban, sufren inundaciones y se exponen al riesgo de enfermar por patógenos hasta ahora atrapados en el hielo.

Geopolíticamente, algunos países ven la situación como una oportunidad para obtener y (sobre)explotar nuevos recursos, desde valiosas tierras raras hasta ahora inaccesibles, hasta rutas y pasajes estratégicos que atraviesen de lado a lado del planeta en una zona extremadamente frágil.

En este sentido, en Cataluña investigadoras de diversas universidades y centros de investigación lideran proyectos para entender mejor el papel capital de esta región del planeta, prever los efectos de los cambios que se están produciendo y luchar por la justicia ambiental.

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Los proyectos

"Podemos aprender mucho de la población local del Ártico"

Mariana García Criado

Investigadora Marie Skłodowska-Curie en el CREAF experta en ecología vegetal          Los musgos y los líquenes son especies de plantas muy pequeñas de las que no tenemos mucha información ni sabemos cómo están reaccionando al cambio climático, a pesar de ser una pieza esencial en el Ártico. Son de las pocas que pueden sobrevivir en condiciones climáticamente muy duras y tienen un papel capital en la regulación del ciclo del carbono y del ciclo hídrico, además de ser esenciales para muchos animales de estas latitudes.

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Lo que vemos en el Ártico es que el aumento de temperaturas está propiciando que crezcan muchos arbustos muy rápidamente que impiden a los líquenes el acceso a la luz. En consecuencia, los líquenes disminuyen y dejan sin comer a los renos, que han de cambiar de rutas migratorias para encontrar otras fuentes de alimento. Esto, a su vez, repercute en las comunidades locales que se dedican al pastoreo de estos animales.

Además, el crecimiento de arbustos contribuye a que se deshaga el permafrost, que libera carbono y metano que hasta ahora había almacenado, y esto contribuye a un aumento de los gases de efecto invernadero y, a su vez, al cambio climático. Una de las consecuencias del cambio climático es el aumento de episodios meteorológicos extremos. Yo investigo el efecto del cambio climático en estas especies de plantas y las consecuencias en cascada que se derivan para la gente y animales en el Ártico, y para el clima global. Lidero el proyecto Bipolar, centrado en especies de briófitos y líquenes, donde tratamos de calcular nichos climáticos: los rangos de temperatura, humedad y lluvia en los que pueden sobrevivir estas especies.

En el pasado se ha hecho ciencia de manera bastante colonial: se iba al Ártico, se cogían muestras y datos y se marchaban. Ahora la prioridad es establecer colaboraciones con la población local, que tiene un conocimiento ancestral de la biodiversidad y de los recursos naturales de esta región. Podemos aprender mucho de ellos.

"Hemos estudiado el cañón submarino del Cap de Creus, clave en la pesca de la gamba"

Anna Sanchez-Vidal

Profesora Icrea Academia y oceanógrafa en la Universitat de Barcelona

En algunas zonas del fondo marino se producen cascadas de agua cruciales para la regulación del clima del planeta. Mi grupo de investigación lleva años estudiando este fenómeno en el cañón submarino del Cap de Creus, donde el agua del mar se enfría muy rápidamente debido a la tramontana, se densifica y se hunde, y esto, por ejemplo, tiene un impacto en el transporte de sedimentos o en la pesca de la gamba. Ahora estamos estudiando este proceso de hundimiento de aguas frías a pocas millas de Groenlandia, donde medimos con instrumentos anclados al fondo y analizamos cómo el relieve submarino influye en cómo se desplazan.

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El aumento de las temperaturas por culpa del cambio climático causa que lleguen aguas más calientes del Atlántico Norte al Ártico, que se cuelan en las morfologías submarinas que actúan de transportadoras de calor y fomentan el deshielo. Esto aporta agua dulce al mar y, si hay mucha, por mucho que se enfríe, no ganará suficiente densidad para hundirse y alterará la formación de cascadas que, al final, son el motor de la circulación termohalina, reguladora del clima global, una especie de cinta transportadora que mueve las aguas frías y densas desde los polos y las cálidas, desde el ecuador del planeta.

De aquí a dos semanas me voy a fondear instrumentos para estudiar las aguas densas junto a Groenlandia con un barco alemán. Estos instrumentos registrarán datos oceanográficos, como temperatura, salinidad, velocidad de las corrientes y turbidez, hasta julio, cuando los recuperaremos a bordo de un barco español, el Odón de Buen. Con este registro pensamos obtener información sobre el impacto de los procesos de deshielo fomentados por el cambio climático en la circulación termohalina y, por lo tanto, en el clima global. También estudiaremos este fenómeno con imágenes de satélite, porque pensamos que el deshielo provocado por esta entrada de agua caliente atlántica junto a Groenlandia se ha de poder identificar como una pluma de turbidez cerca del continente.

"Me sorprende la poca investigación sobre el Ártico que se hace aquí"

Carolina Gabarro

Ingeniera de telecomunicaciones e investigadora en el Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC), donde lidera el grupo de investigación PolarComencé mi carrera científica trabajando para la Agencia Espacial Europea (ESA) estudiando los océanos con datos de satélites ópticos.Posteriormente, hice el doctorado y trabajé en el ICM definiendo los algoritmos para medir la salinidad de los océanos desde el satélite SMOS, que la ESA lanzó en 2009. Recuerdo muchos años ir a congresos y oír hablar de la situación de extrema vulnerabilidad del Ártico. Se me ponían los pelos de punta al oír el impacto que podrían tener todos los cambios que se estaban produciendo en el clima global de la Tierra. Por eso decidí impulsar la creación de un grupo de investigación centrado en el Ártico, aquí en el instituto de Ciencias del Mar. Me sorprende que actualmente en nuestro país se haga poca investigación sobre el Ártico, cuando lo que pasa allí nos afecta a todos, ya que cambia el clima global.

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Mi investigación actual se centra en medir el grosor del hielo marino desde el satélite. Hasta ahora, los esfuerzos se habían centrado más en cuantificar la extensión del hielo, pero sabemos que el grosor también tiene un papel crucial en las corrientes marinas, en la salinidad de las aguas, en el deshielo. Por eso, aplicamos todo el conocimiento y experiencia que teníamos de haber medido la salinidad con el SMOS para ahora calcular el grosor del hielo marino con el mismo satélite. Ahora, de hecho, estamos desarrollando nuevos algoritmos para la ESA para mejorar la calidad de las medidas del grosor del hielo fino, que cada vez es más frecuente debido al aumento de la temperatura, y combinando diferentes sensores para mejorar su calidad.

Uno de los focos de nuestra investigación actual se centra en ver cómo las aguas atlánticas, más saladas y cálidas, están llegando más al norte al Ártico que hace 30 años, lo que está cambiando los patrones de circulación. Ahora queremos mirar el impacto de esta agua en el hielo del mar de Barentsz, una zona muy frágil y queremos estudiar si este ya ha pasado un punto de no retorno. Además de datos de satélite, también hacemos campañas donde llevamos instrumentos al territorio para tomar medidas in situ, para validar y mejorar los datos de satélites.

Soy la delegada española en el Comité Científico Internacional del Ártico, donde se coordina la investigación científica en el Ártico a escala internacional. El comité está formado por 23 países de todo el mundo.   

"En Groenlandia se está acumulando agua dulce procedente del deshielo"

Marta Umbert

Oceanógrafa en el Institut de Ciències del Mar (ICM-CSIC)Investigo el impacto del agua dulce en el Ártico y, en consecuencia, en la corriente termohalina y el clima terrestre. Para ello, cuento con financiación del Consejo Europeo de Investigación, con una ayuda ERC Starting Grant. Sabemos que en Groenlandia se está acumulando agua dulce procedente del deshielo causado por el aumento de temperaturas; también de ríos, como los rusos, que cada vez son más caudalosos a medida que se descongela el permafrost.

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Toda esta masa de agua llegará potencialmente al menos en parte al Atlántico Norte y puede afectar a la AMOC [circulación de retorno meridional del Atlántico], la parte de la circulación termohalina que pasa por esta región y que tiene un papel clave en la regulación del clima en nuestro hemisferio. Hay evidencia de que este sistema puede experimentar cambios importantes si continúa aumentando la aportación de agua dulce. Y eventualmente dejaría de garantizar que el clima del planeta sea apto para la vida humana.

En mi grupo estudiamos esta masa de agua dulce que se acumula para entender cuándo, cómo y por dónde llegará al Atlántico Norte, e intentar prever sus efectos. Para hacerlo, nutrimos y entrenamos una inteligencia artificial con datos tomados in situ y desde satélite de diferentes variables oceanográficas compartidas por la comunidad científica. Nuestro objetivo es, después, solo utilizando datos de satélites, podamos reconstruir qué pasa en las corrientes marinas que transportan esta agua dulce. A continuación, integramos esta información en un modelo de océano-hielo que nos permite hacer predicciones en diferentes escenarios climáticos.

La circulación termohalina es un sistema complejo y lento, pero ya hace décadas que acumula los cambios derivados del calentamiento global. Actualmente, estamos en una fase de transición en la que procesos como la disminución del hielo marino ártico se están acelerando. En el mar de Barentsz, los veranos con muy poco hielo son cada vez más frecuentes.

"La base de EE. UU. en Groenlandia generó mucha basura radiactiva"

Ksenija Hanacek

Investigadora socioambiental Beatriu de Pinós en el ICTA-UAB y en el Atlas Global de Justicia AmbientalEstudio los movimientos sociales que se organizan en el Ártico y que están intrínsecamente ligados a cuestiones ambientales. Empecé investigando Siberia del sur, el lago Baikal, donde hace unos años nació un movimiento importante que defendía su territorio, como el agua y el suelo. Las comunidades se organizaban para preservar sus costumbres tradicionales, sus tierras y el derecho a la autodeterminación. Aquel caso me hizo darme cuenta de que la movilización que está ocurriendo en todo el Ártico, un territorio dividido entre ocho estados nación, estaba relacionada con la justicia ambiental.

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Desde entonces trabajo directamente con los pueblos indígenas, organizaciones locales y activistas, como los sami, que viven en un territorio repartido entre cuatro estados nación, Finlandia, Noruega, Suecia y Rusia. También documento casos en Groenlandia, donde el 80% de la población es inuit, y que como el resto de territorios árticos, tiene una historia de colonización muy marcada por parte de Dinamarca. Durante la Guerra Fría, por ejemplo, Dinamarca dio permiso a los EUA para abrir una base militar en Pituffik, que entonces era una aldea de caza inuit, lo que comportó el desplazamiento forzoso de toda aquella comunidad de sus tierras, que consideraban sagradas. Y no tan solo eso, sino que la construcción de la base, que aún existe y Trump utiliza, generó mucha basura radioactiva.

Ahora nuevamente, como el Ártico está perdiendo mucho hielo, sobre todo en la costa de la isla, hay fuertes intereses comerciales para abrir nuevas minas para extraer tierras raras. Los groenlandeses se oponen, y alegan que, como estos minerales preciados están mezclados con rocas radiactivas como el uranio, provocará unos niveles de radiactividad significativos. Desde elAtlas Global de Justicia Ambiental estamos intentando documentar todas estas agresiones. Lo que ocurre en el Ártico tiene repercusiones en todo el planeta.

La reducción de las aguas profundas nos abocaría al escenario de "El día de mañana'

Núria Casacuberta Arola

Investigadora principal en el Institut de Ciències del Mar y profesora de oceanografía física y de trazadores de la ETH ZurichSi algún día pasara lo que plantea El día de mañana (2004), el mundo, como pasa en el film, también colapsaría. En la película el movimiento de creación de aguas profundas, que es el motor que mantiene en marcha la circulación termohalina y la AMOC, se detiene, y esto hace que se congele todo el hemisferio norte. Está claro que es una exageración, pero pone sobre la mesa algo que los científicos estamos estudiando: el impacto del calentamiento global en el cinturón de circulación oceánica, máximo regulador del clima terrestre. En particular, yo investigo cómo se forman estas aguas profundas y, para hacerlo, utilizo trazadores radiactivos.

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Lideré el proyecto Titanica, financiado por la Comisión Europea, desde el ETH Zurich, y ahora he puesto en marcha otro de continuación, Nautilica, financiado por la Fundación Ramón Areces, que llevaré a cabo en el ICM, en Barcelona.

Ya hemos empezado a ver cambios en los patrones de cómo circulan y entran las aguas atlánticas en el Ártico. En septiembre participé en una expedición liderada por el Instituto alemán Alfred Wegener para la investigación polar y marina al norte de Groenlandia. Nos adentramos en lo más septentrional que se había hecho nunca, hasta el estrecho de Fram, con el objetivo de entender mejor la corriente del este de Groenlandia, que canaliza las aguas que salen del Ártico hacia el Atlántico Norte, y que no se sabe exactamente dónde se forma. Comprender mejor qué aguas lleva esta corriente, con qué composición, permitiría saber dónde y cómo se crean, y también cómo evolucionan a lo largo del tiempo.

Todos los datos que obtenemos los inyectamos en modelos de predicción, muy valiosos para los informes que genera el IPCC, que es quien evalúa si la formación de aguas profundas que ocurre en el Atlántico Norte continuará estable o si, por el contrario, se está ya reduciendo, porque eso nos abocaría a un escenario en línea con la película de ciencia ficción.