Arquitectura

La bodega de 47 millones diseñada para hacer los mejores vinos posibles

RCR y el enólogo Delfí Sanahuja estuvieron trabajando durante 20 años para diseñar la bodega de Perelada

29/06/2026

PeraladaPresupuesto, tiempo, conocimiento y experiencia. Este es el coupage que ha hecho posible la bodega de Perelada, un trabajo de RCR que visitan 22.000 personas cada año. Costó 47 millones de euros y tardó 20 años en hacerse. "Una bodega que no pasará de moda", dice el enólogo de Perelada Delfí Sanahuja, que ha estado presente en cada una de las fases de construcción de la bodega, inaugurada en 2022. "Yo sabía cero de arquitectura, y ellos de vinos. Ahora podría ser becario de RCR después de dos décadas con ellos", dice de broma el enólogo, "nos entendimos muy bien", afirma.

Las cosas, sin embargo, podrían haber sido muy diferentes. El propietario Artur Suqué era muy amigo de Ricardo Bofill padre, y por tanto fue en quien primero pensó para encargarle el proyecto de rehacer la bodega. En aquel momento RCR empezaba y Bofill había hecho la bodega de Château Lafitte en Burdeos. Pero Artur Suqué entendió que la bodega sería para su hijo Javier –como así ha sido– y que era mejor que lo decidiera él. El hijo se decantó por los olotenses. "Nos tocó la lotería porque en 2017 les dan el Pritzker", dice Sanahuja.

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El proyecto nace en 2003, y las obras debían comenzar en 2007. Pero vino la crisis y no empezaron hasta 2018. Durante este periodo nadie perdió el tiempo. Continuaban haciendo reuniones y visitaron 150 bodegas. "Allí íbamos los arquitectos, Javier Suqué y yo. Para que se empaparan de botas, depósitos y fudres, para que habláramos el mismo idioma". Y ponen los cimientos de unos valores compartidos vinculados con la funcionalidad, la sostenibilidad, y porque no, con la belleza.

La bodega tiene 18.200 m2, no tiene fachada ni rótulo y cuando llegas no la ves. "Te tiene que emocionar desde dentro, no desde fuera. No queríamos poner un cartel que se viera desde Figueres", explica Sanahuja. La integración con el medio ambiente siempre ha sido uno de los puntos fuertes de RCR. Lo vemos con el trabajo que han hecho con el restaurante Les Cols, por ejemplo. Si viéramos la bodega desde vista de pájaro, como las cigüeñas que pasean por su tejado, nos parecería que es un campo de piedras, una extensión más del terreno, que están ahí porque la tramontana no se lleve nunca el techo. Se construyó en un desnivel, aprovechando un talud que dividía las parcelas. Y se excavó una parte para hacer unos pasillos, que llaman Laberinto, y lo que llaman el Templo, donde envejecen los vinos de gama más alta.

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Cuando contactaron, RCR no había hecho nunca una bodega, pero durante las dos décadas que duró el proyecto, hicieron otra, la bodega Brugarol. Allí ya iban enseñados de todo lo que habían aprendido en el diseño de Perelada. Para Perelada, RCR hizo una construcción nueva, pero integrándola con una antigua, la granja. De este edificio de los años 40 no se podía tocar la estructura porque está catalogado. Lo hizo Adolf Florensa, cuando era el arquitecto municipal de Barcelona porque el propietario, Miguel Mateu, en aquel momento era el alcalde. RCR recuperó las estancias donde había vacas, caballos o se hacía mantequilla y lo ha destinado al enoturismo. Hay la recepción, un wine bar, una terraza, la tienda, salas de catas y un auditorio. En el centro, rodeado de los módulos de la masía, un jardín de plantas aromáticas mediterráneas: tomillo, lavanda, hinojo, romero... Con las cuales también condimentan los platos que sirven en el bar. Los dos edificios conviven perfectamente aunque los separan 80 años de diferencia. Claro, uno es extremadamente discreto en superficie.

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La visita comienza con un vídeo en el auditorio y posteriormente se baja al Laberinto, las entrañas de la bodega. "Los RCR se encargaban de diseñar la arquitectura y la parte de funcionalidad y de recorrido, la hice yo", explica Sanahuja, que dice que tuvieron una "relación de simbiosis" y que son "gente muy terrenal". Los grupos que lo visitan siempre van acompañados y son un máximo de 15 personas. Hacen un recorrido audiovisual que les muestra las diversas viñas que tienen en l'Empordà, como Garbet o Malaveïna. El suelo de cada finca (arcilla, pizarra, arena), y los elementos indispensables para obtener uva: las cepas, las personas, el clima, el mar, las montañas, la tramontana. Son imágenes evocadoras y cortas. Que te van acompañando a lo largo de un pasillo hasta que entras en la sala más grande de la bodega. La visita está tan bien diseñada que han ganado varios premios enoturísticos mundiales, de los de la mejor experiencia en enoturismo o formar parte de los 50 cellers más admirados del mundo.

Cuando se acaba el Laberinto te encuentras en una sala de 2.500 m2 sin un solo pilar. "La catedral de Girona es la catedral con la nave central más ancha de Europa sin ningún pilar, mide 23 metros. Esta tiene 29. ¡Ganamos a la catedral de Girona! Aunque no era un concurso", explica Sanahuja con gracia. El motivo para hacerlo así era técnico. "Donde había un pilar no podía haber un depósito. O pasar". Un cálculo de estructuras exquisito que atrae a muchos amantes de la arquitectura a hacer la visita. Una visita en la que estás dentro, pero nunca pones del todo los pies en la bodega. El edificio tiene tres niveles. El de trabajo donde están los depósitos, el de las visitas, que pasa por una pasarela elevada a 3,5 metros, y el de despachos, que no ves en la visita porque te queda sobre la pasarela donde estás. Pero hay más cosas que no ves, como las instalaciones: el agua caliente, la osmotizada, el nitrógeno, el aire comprimido, la climatización, las instalaciones eléctricas... ¿Todo esto dónde está? Cuando sales del nivel de visitas, se ve. Bombas, mangueras... todo escondido y listo para cuando se necesite. "Esto no es un museo", recuerda Sanahuja. El hecho de separar el alma enoturística de la que hace vino simplifica la vida de los que trabajan allí, pero también hace la visita agradable y sin necesidad de usar equipamiento para cumplir con la normativa alimentaria. Lo que no entiende de niveles, sin embargo, es el aroma de fermentación que llena todo el espacio.

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Una bodega dentro de una bodega

La cosa no acaba aquí. Porque dentro de la bodega, hay otra bodega, la que está destinada a hacer los vinos de gama más alta y que también se recorre durante la visita. Precisamente, desarrollar estos vinos era uno de los objetivos del proyecto. De la propiedad y de Sanahuja, que lleva 33 vendimias en la casa y ha sido hombre de una sola bodega desde que lo ficharon en 1993. "Se alinearon los astros y me tocó a mí estar aquí", explica Sanahuja que afirma que Javier Suqué no escatimó en gastos ni cuestionó el proyecto siempre que se apostara por "intentar hacer los mejores vinos posibles".

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De los vinos más económicos, que van de los 15 a los 20 euros, hacen 2 millones de botellas. De los de más nivel, que valen de 20 euros en adelante, unas 100.000. Aun así, el espacio está diseñado para doblar producción si alguna vez lo deciden, que de momento no es el caso. La bodega de Perelada ya es la más grande de la DO Empordà, y ha sido un motor de tracción para toda la región.

Las instalaciones son totalmente modernas. Es una bodega pensada para que haga falta poca mano de obra, muy automatizada, ya que cuesta encontrar personal. Con ocho personas se hace todo el proceso de vinificar (vendimia aparte, claro). En 2021 recibió el certificado Leed Gold, la edificación fue la primera bodega en Europa en cumplir todos los requisitos de sostenibilidad. "Hemos hecho una bodega bonita, pero se ha de traducir en hacer mejores vinos", dice el enólogo en la zona del Templo. Aquí es donde los arquitectos hicieron lo que quisieron. En una banda, hay recipientes de cemento y vidrio para que Sanahuja pueda experimentar. En la otra banda, todo de barricas repletas de los mejores vinos. Pero no lo hacen en línea recta, hace una curva ligera, como si fueran costillas. El espacio tiene un aura especial. Se inspiraron en las pirámides y en las iglesias. Es un lugar para que los vinos evolucionen. Con el espacio de la magia, la mística y la fe, se acaba la visita.

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