Restaurantes

Casa Fernández, el canto de amor a las cervecerías alemanas que sirve trufitas de gambas y 'tête-de-moine'

El local de la calle Santaló es propiedad de Javier de las Muelas, que incorpora a su hijo Borja al negocio

26/05/2026

Barcelona"Los bares son iglesias y nosotros feligreses", dice Javier de las Muelas, propietario de Casa Fernández (calle Santaló, 46). Este fue el primer restaurante, lo abrió en 1989, y hoy, después de una ligera reforma, nos cita a toda la prensa para presentarnos este local que sigue conservando la esencia de siempre. Explica que una de las "genialidades de la gente de interiorismo" fue proponerle quitar el mural icónico del restaurante de la calle Santaló. Evidentemente que el restaurador se negó. Es obra del diseñador Carlos Rolando. Un referente que murió en 2016. "Ni hablar de quitar el mural, es un signo de identidad. Estamos en una época en la que los establecimientos son estilo Port Aventura, todo es de cartón piedra. Nosotros queremos dar valor a lo que ya tiene 37 años", afirma contundente De las Muelas. Y recuerda que los locales deben tener alma, ser cercanos y formar parte del día a día de la gente de su cotidianidad. Para él son uno de los antídotos para uno de los grandes males de nuestra sociedad: "Me gusta insistir en ello porque uno de los grandes problemas que tenemos es la soledad".

Hoy, además de la reforma, Javier de las Muelas presenta otra novedad. Su hijo mediano, Borja, se incorpora de lleno a la empresa. Ya llevaba la división de cócteles preparados, los conocidos como ready to drink, y ahora también forma parte del resto del universo de su padre, conocido por la coctelería Dry Martini. Borja de las Muelas venía del mundo de las empresas multinacionales, como Henkel, Pescanova o Unilever. "Nací casi con el local y mi primera experiencia laboral fue aquí con 13 años", dice Borja de las Muelas, que recuerda cómo le temblaba la mano al servir el vino. Para él, los macarrones, las bravas y el surtido de pequeñas hamburguesas del Casa Fernández forman parte de su infancia.

Cargando
No hay anuncios

El origen pasa por el Tibidabo

Hace 40 años, en 1986, De las Muelas abrió el Nick Havanna y se convirtió en un fenómeno. A raíz de eso le invitaron al Tibidabo para dar ideas para el parque. Allí mismo, le ofrecieron llevar la gastronomía del parque. Acepta y empieza a viajar para conocer los parques del mundo. Y descubre Múnich, que dice que es una ciudad que "forma parte de su ADN". Allí se enamora de las cervecerías. Y cuando vuelve, encuentra el local, al lado de su otra coctelería, el Gimlet. El espacio estaba lleno de fotos de cardenales y papas y se vendían ollas a presión, explica el coctelero. En este proyecto decide rendir tributo a las cervecerías alemanas y sus mesas largas, y hacer un homenaje a su madre, Carmen Fernández. "Poner un apellido tan singular era dar valor al concepto de casa de comidas donde puedes ir varios días a la semana", defiende.

Cargando
No hay anuncios

La propuesta gastronómica es ecléctica como lo es De las Muelas. "Son pequeñas travesuras. Me gusta aplicar mis gustos, que hay gente que a veces no entiende". Hay el queso tête-de-moine, las croquetas de fondue, las tortillitas de gambas, las bravas bien crujientes, papas arrugás o cazón en adobo. También muchos schnapps (aguardientes alemanes, como el famoso Jägermeister), con los que nos hace brindar. A pesar de la presencia de su hijo Borja, a Javier de las Muelas se le ve con mucho empuje, y él lo remata con un "Espero morirme con las botas puestas".