El radar suculento

Las cazuelas del bar Cortijo que alimentan un barrio popular de Tarragona

El establecimiento hace casi cincuenta años que da servicio a los trabajadores del puerto y a todo el que se acerque

13/05/2026

TarragonaQué gran descubrimiento. Un bar para todos: cocina reconocible, precios populares y buen ambiente entre la parroquia habitual y los recién llegados. Tomad nota porque si vais a Tarragona, es parada obligada para desayunar de tenedor o comer allí. Bienvenidos al bar Cortijo.

Estamos en el barrio del Puerto. En un callejón, discretamente encontramos el bar. Hace 48 años que funciona, y que encontramos a la familia Masegosa detrás. Entras, y los ojos se van directamente al fondo del local. Allí están las cazuelas con todo lo que tienen preparado. Será difícil elegir, piensas. Pero no acaba siendo así, porque Santos os lo pondrá muy fácil. El bar lo abrieron sus padres en 1978. El padre lo reformó, la madre, que era muy buena cocinera, tras los fogones, y él y sus hermanos, a hacer de todo. Era –y es– un bar para dar servicio a los trabajadores. A los artesanos, a los estibadores, a las compañías consignatarias, a los que habían hecho turno de noche y venían a desayunar. Al barrio, en general. Y así continúan, y se añade que gracias a las redes sociales y al amor que Santos tiene por el vino natural, más gente ha encontrado esta perla.

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En el Cortijo procuran que todo lo que sea posible se elabore en la casa. “Defendemos la autenticidad de la cocina tradicional. Ahora puedes comer lo mismo en Madrid, en Nueva York o en Barcelona. Tenemos el paladar globalizado”, explica Santos, que describe cómo empezó a presentar todo directamente en cazuelas. La vitrina se estropeó, y decidió sacarlo directamente expuesto en sus recipientes. Fue un éxito. Santos tiene el don de simplificar la vida. Hace cocina directa, sin artificios. Lo presenta tal como sale y creedme: todo junto da mucho gusto. Y después, para hacerlo fácil, tiene dos tamaños de plato. Los pequeños valen 8 euros y los grandes, 12. ¿Queréis un plato con un poco de cada? No hay ningún problema, te lo ponen como plato combinado y valdrá 12 igualmente. Lo que llaman un popurrí.

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”, dice el Santos. Y también encontraremos guisantes con sepionets, longaniza con judías o las tortilleable”, dice Santos. Y también encontraremos guisantes con sepionets, longaniza con judías o las migas. Referente a este último plato, un día la madre de Santos, natural de Granada, le dijo “¿que eres rico que no haces?”. Y Santos vio que su madre tenía razón y que había que aprovechar todo el pan del horno Andreu que les sobraba. Además, asegura que con las migas queda bien todo: pescado, carne, fruta, pimiento frito, longaniza... “No podemos perder la tradición de toda la península de cocina de aprovechamiento. De pobres. Cuando vienen extranjeros, también se lo explico”, asegura. También podéis encontrar sardinas de la costa con tomate o huevo frito. Y, si vais por Santa Tecla, espineta con caracoles. Un plato muy característico hecho a base de los huesos de atún que han estado un año en salazón y caracoles.

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Vi cómo se hacía antes

Santos se desenvuelve bien en la cocina y fuera de ella, donde atiende con gracia a un señor que viene del País Vasco. Pobre hombre, quería venir al Cortijo pensando que el tren paraba en la estación de Tarragona y, en cambio, le paraba en Camp de Tarragona. No ha sido un problema para este señor, que lo ha arreglado con un taxi y se está comiendo un almuerzo de campeones. Lo riega con una garnacha que le ha recomendado Santos, gran defensor de los vinos naturales. “Reivindico que en el mundo de la hostelería todos los productos debes saber de dónde vienen y dónde están hechos. Hace veinte años conocimos a un señor que decían que hacía vino natural. Y yo veía que eran vinos con menos intervención. Nuestra comida tan casera con estos vinos liga muy bien. Como mediterráneos lo tenemos en el ADN de miles de años. Yo quiero esto para nosotros. Si lo quiero para mí, lo quiero para mi clientela”, dice Santos, que asegura que su padre lo resumía con un “vino como se hacía antes”. De lo que sobra hacen vinagre, como también hacen limoncello, vino de nueces o un postre que se llama Carlota, para aprovechar los limones del limoncello. Detrás de la barra, ya echa una mano su hijo, la tercera generación. Hasta hace poco también estaba el hermano de Santos, Lluís. Pero, lamentablemente, murió hace unos meses. “Era como un Mick Jagger de la sala”, explica. De los que entrabas por la puerta y ya te tenía fichado. Lo echan mucho de menos, pero a pesar de todo, las cazuelas del Cortijo siguen haciendo el chup-chup y alimentando a todo el que venga de donde venga.