Encuentros 'gourmet'

Los clubes gastronómicos: amigos de festival, copa y sobremesa

Así funcionan las organizaciones que ofrecen experiencias culinarias únicas y exclusivas a sus socios

Madrid / BarcelonaHay gente que odia no haber podido ir nunca al Bulli mientras estaba abierto. Otros que sienten la cuenta atrás del restaurante danés Noma y que empiezan a asumir que nunca la pisarán. O bien amantes de la gastronomía que se preguntan cómo se puede alcanzar el hito casi imposible de reservar mesa en el Asador Etxebarri. Si deseas ir a comer a El Bulli, con esto ya no se puede hacer nada. Pero para las otras dos inquietudes existe una posible solución: formar parte de un club gastronómico.

Empezamos repasando el club más nuevo. El alma del proyecto, Manuel Carreras Fisas, proviene del mundo financiero, donde "todo se acababa en torno a una mesa", afirma. La pasión por la gastronomía y el conocer otros lugares donde había guías de prestigio le llevaron a lanzar a Barcelona en el 2016 la Guía Macarfi. Desde entonces, no ha parado de crecer y sumar territorios en los que recomendar restaurantes. Las próximas nuevas incorporaciones serán Valencia y Málaga. Y el proyecto seguirá expandiéndose por la costa cantábrica y Galicia. En esta fase de crecimiento, la guía acaba de presentar su club gastronómico: el Club Macarfi.

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El propio Carreras Fisas lo describe como un club "de experiencias" que van destinadas a seducir a la comunidad de la guía, que ahora ya es de unas 25.000 personas. Estuvieron un año dando vueltas a la fórmula justa de ese club. Se puede apuntar quien quiera, mientras pague una cuota anual de 250 euros que te da derecho a participar en los viajes gastronómicos que organizan o en las comidas a cuatro manos de cocineros reputados. También se podrán comprar productos gourmet (artesanos y de producciones pequeñas, como por ejemplo un vino muy específico, embutidos de Cal Rovira, trufa o unas verduras de Tudela) y descuentos en los servicios de los patrocinadores de la guía, como varios hoteles. Por poner ejemplos de los viajes que organizan, hay uno previsto en Burdeos, donde se visitarán bodegas y casas particulares a las que no se podría acceder de otra forma. O bien uno en el País Vasco, donde ha incluido una comida en el Asador Etxebarri que, según explica Carreras Fisas, "es uno de los cuatro restaurantes más difíciles de reservar del mundo". Cada socio tiene derecho a llevar a una persona a los eventos.

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El coste de estas experiencias no es económico, ya que son grupos de pocas personas en entornos muy reservados. Carreras Fisas describe el Club Macarfi como "un club aspiracional, exclusivo, que ofrece una serie de experiencias únicas" y que va dirigido a "gourmets". Por el momento el club ya tiene 250 socios. En un año prevé tener 2.500. Y dentro de dos, 5.000.

Otro colectivo enamorado de la gastronomía son los Casacas Rojas. Gregori Salas es su presidente y cofundador, conjuntamente con Josep Vilaseca, con quien son amigos desde los 5 años. Se describen como unos "locos de la gastronomía" que "nunca han tenido un business plan". Todo empezó con sus visitas al Bulli, donde cada año reservaban una mesa para 8 personas. Y iban con Rafael Anson, en ese momento presidente de la Real Academia de Gastronomía. La visita requería de "una performance inicial porque eso era toda una fiesta", dice Salas. Un año acudieron en helicóptero, otro en coche anfibio. "Cada año hacíamos una gorda. Nuestra ilusión es tal que estamos un poco locatis", relata Salas. Pero la locura se contagia y muchos más amigos se interesaron por formar parte de los "festivales" gastronómicos, como les llaman ellos.

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Así que de forma espontánea la cosa fue tomando forma. Primero se llamaban Tour Gastronómico, y se hicieron unas camisas rojas a medida para identificarse. La gente los bautizó como Casacas Rojas, y el nombre hizo mucha fortuna. Ahora ya tienen 17 años, son 194 Casacas Rojas y organizan 25 festivales al año. Este año habrá uno de gordo en el Noma, por cierto. La cuota es 290 euros al año. Las propuestas de actividades se envían por correo electrónico y se apunta el casaca que quiera, mientras pague y haya plazas. Para formar parte debe solicitarse y cada año, en función de las bajas, entran más candidatos o menos. Son una asociación "de amigos de amigos" en la que ellos nunca "persiguen a nadie" para que sea casaca. "Debe nacer de uno mismo", dice Salas, e ir con el espíritu de pasárselo muy bien y conocer gente con la misma afición por la buena comida.

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Más que un club

La pasión de Gregori Salas, sin embargo, no acaba con las camisas rojas, y llega también hasta las camisetas azulgranas, ya que es el gerente de la Penya Gastronòmica del Barça, otra agrupación que aglutina el amor por la buena comida con un interés común: en este caso el amor por un club de fútbol. La entidad está presidida por Maria Rosa Buxarrais y tiene 350 peñistas. Para formar parte debe solicitarse la adhesión a través de correo electrónico y pagar una cuota de 120 euros al año. Se organizan más de 30 actividades al año, como encuentros a raíz de los partidos tanto en Barcelona como en el extranjero, o almuerzos-tertulia con ex jugadores o directivos. Salas afirma que intentan buscar que los precios sean asequibles porque "la peña es de los peñistas". "No queremos ganar dinero pero tampoco perderlo". A su juicio, esta peña es un caso único en el mundo y tienen "un funcionamiento absolutamente transversal".

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Por último, el último colectivo de enamorados por la gastronomía que se han agrupado son precisamente los que se dedican a ello. Se llaman Los Chipirones, y es el selecto e informal club gastronómico de los que nos hacen la comida.

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Son un grupo de restauradores y cocineros que empezaron a encontrarse de forma casual. Empezó el cocinero Sergio Humada yendo a visitar junto a sus compañeros de restaurante el Bar Omar, del Omar Díaz. Sergio y Omar se vinieron y un día invitaron a otros dos restauradores, uno de ellos Marc Martín, propietario de la Mundana, que dice que la asociación "empezó por amistad y por intereses comunes". Empezaron a quedarse quincenales, y han pasado por muchos restaurantes. A menudo invitan cocineros o sumilleres. Lo hacen "para disfrutarnosotros y para desconectar", dice Martín. Pero reconoce que una herramienta creada por Los Chipirones fue clave para compartir dudas e inquietudes durante la pandemia: el grupo de WhatsApp. El nombre, por cierto, nació en el Gresca, el restaurante de Rafa Peña, por culpa de una sopa de dashi con chipirones.