La importancia de mantener una relación sana con la comida
En un momento de presión estética en el que cada día aparece una nueva dieta milagro para perder peso, la dietista-nutricionista Julia Palacios propone reconciliarse con el placer de comer bien
BarcelonaLa presión estética y la grassofobia están condicionando nuestra relación con la comida, y eso deriva en un aumento de la insatisfacción corporal, en una disminución de la autoestima, en un incremento de la probabilidad de sufrir trastornos de la conducta alimentaria, por no olvidar que fomenta cirugías y retoques estéticos innecesarios y que invisibiliza los cuerpos que no cumplen los estándares. Todo de situaciones que provocan la autocensura y generan comparaciones constantes y que llevan a muchas personas a olvidar la necesidad de mantener una relación sana con la comida. A partir de esta premisa, la farmacéutica y dietista-nutricionista Julia Palacios, especializada en conducta alimentaria, ha volcado todo su conocimiento en el libro Mucho más que pechuga y lechuga (Bruguera) con la voluntad de ofrecer una nueva mirada a la relación que mantenemos con la comida. Un libro que habla de grassofobia, de biología, de privilegios, del placer y de la culpa, pero sobre todo de la importancia del contexto y de otros temas poco habituales en un libro sobre nutrición. "Me encantaría que, leyendo el libro, la gente se quitara la culpa de encima. También me gustaría que se aceptara que la diversidad corporal existe y que es bonito que exista. Y que aprendamos a reivindicar el placer. A las mujeres nos han quitado el placer en muchos aspectos de nuestra vida, no solo en la alimentación. Y yo creo que es revolucionario verbalizarlo, ¿no? «Esto me gusta», «Yo prefiero esto», tener también voz y voto en el tema de la alimentación", explica la autora.
Así, Julia Palacios apuesta por tener una perspectiva de la alimentación compatible con la realidad y el contexto de cada persona y recuerda que comer es esencial para vivir y, por tanto, no puede incluir conceptos como carga o culpa. Palacios reconoce que ha escrito el libro en femenino, porque profesionalmente acompaña especialmente a mujeres. "Pero también porque nosotras somos el target de esta cultura/dictadura de la dieta y de la presión estética", dice. Ahora bien, sus postulados son aplicables a todo el mundo. Recuerda que tener salud es sinónimo de tener calidad de vida y lamenta que la salud se haya convertido en una exigencia más de nuestro día a día. Una exigencia que, como pasa con la alimentación, tampoco tiene en cuenta el contexto de las personas, especialmente teniendo presente que la atención sanitaria no llega a todo el mundo por igual, especialmente, como precisa Palacios, si eres mujer, pobre, gorda, negra o tienes algún tipo de problema de salud mental. En este sentido, la farmacéutica alerta del peligro de frases motivacionales del tipo "Somos lo que comemos", "Muévete más y come mejor", "Tu salud depende de ti", "Tu cuerpo es tu carta de presentación" o "No hay excusas para no cuidarte", e insiste en que desde la obligación y la culpa los cambios no son posibles.
En el libro desgrana los factores que influyen en nuestra salud, como el medio ambiente, la atención médica, la genética, el comportamiento individual y las circunstancias sociales, para dejar claro que no todo depende de nosotras. Palacios remarca que, incluso, "en aquello que depende de nosotras no siempre se nos dan las facilidades para poder llevarlo a cabo": "Por ejemplo, ¿puedo elegir lo que como? A priori sí, pero algo que me lo limitará muchísimo es mi poder adquisitivo. O el tiempo que tengo para poder cocinar o para ir a comprar. Esto nos desconecta también muchísimo del producto. ¿Es mi responsabilidad elegir y tengo opciones? Sí, pero a menudo limitadas".
La dictadura de la dieta
Alerta de que la cultura de la dieta está en todas partes y que hay que combatir esta cultura/dictadura para poder reconciliarnos con la comida y nuestro cuerpo, e insiste en que la relación con la comida necesita contexto para poder tener una relación sana. Palacios remarca que estamos biológicamente diseñados para disfrutar de la comida y que no debemos renunciar al placer. Sí que es necesario, en cambio, que dejemos de lado la culpa. Necesitamos comer tanto como respirar y aunque llevamos muchos años recibiendo estímulos para comer o no comer determinadas cosas, "el cambio es posible". "Quizás no será fácil cambiar nuestra manera de relacionarnos con la comida –dice–, pero el esfuerzo vale la pena por lo que conseguiremos, que es vivir con más calma. Porque, curiosamente, alimentarnos es la única necesidad básica sobre la que imponemos muchísimas dudas y sobre la que ponemos una lupa tan grande. Desde la obligación, los cambios no son posibles. O, más bien dicho, son posibles, pero tienen fecha de caducidad".
La farmacéutica afirma que la alimentación demanda atención, conciencia y decisión, teniendo presente que alimentación y nutrición son procesos relacionados pero no iguales. Alerta también del peligro de moralización de los alimentos –comer una ensalada, bien; comer un croissant, mal– y recuerda que ningún alimento es bueno o malo por sí mismo. Una vez más, depende del contexto y de cómo lo incorporemos a nuestra vida. En este sentido, recuerda que la restricción alimentaria tiene consecuencias físicas y mentales y que el miedo a engordar es una construcción social alimentada por mensajes cotidianos. En este sentido, reconoce que hay muchos mitos alrededor de la alimentación, como que debemos dejar de comer hidratos de carbono porque engordan, sobre si las proteínas vegetales son mejores que las animales, o como que comer más grasa es sinónimo de almacenar más grasa. Lo importante, asegura Palacios, es aprender a escuchar y descifrar nuestro cuerpo para atender lo que necesita, y esto tiene tanto que ver con el hambre como con la saciedad. Una alimentación consciente reduce la impulsividad y, adaptando la ingesta a nuestras necesidades, consigue disminuir la ansiedad y la culpa y que disfrutemos de todos los alimentos sin miedo.
Palacios concluye: "Conviene deshacernos un poco de esta idea de que solo es sano aquello que está hecho a la plancha o hervido, porque con eso estamos diciendo que solo es sano lo que es menos sabroso. Y aparte de no ser cierto, debemos recordar que si queremos mantener una buena dieta a lo largo del tiempo es necesario que nos resulte agradable también al paladar". Y añade: "¿Es interesante comer variado? Indudablemente, sí. Una alimentación completa a nivel nutricional tiene vegetales, tiene fuentes de proteínas, fuentes de hidratos de carbono, tiene grasas, tiene de todo, porque es lo que nuestro cuerpo necesita; lo necesita todo". En resumen, cuidarse con la comida es entender las necesidades del propio cuerpo y cómo integrarlas a nuestra realidad.