El lujo en alimentación es el caviar o una verdura recién recogida?

Antiguamente el lujo era el color púrpura, que se obtenía de la muerte de 250.000 caracoles marinos, de los cuales se extraía una gota del tinte

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Una cucharada de caviar
08/11/2026 - 18:13 h

La definición de lujo en alimentación es capciosa. Hay quienes sostienen que el lujo es comer un alimento que no está al alcance de todos los bolsillos y que llega desde la otra punta del mundo. Con estos parámetros podríamos hablar del caviar. Pero también hay personas que sostienen que el lujo verdadero es comer lo que uno mismo ha cultivado, cosechado y cocinado: sabes exactamente qué comes y lo haces en el mejor momento posible: cuando el alimento está maduro. Si, además, lo saboreas acompañado de quienes más quieres, entonces el lujo es supremo.

En el libro En tierra de Dioniso, la antropóloga María Belmonte explica que antiguamente el color púrpura se obtenía de un caracol marino, el murex brandaris, el cual daba una gota de tinte, de manera que para conseguir treinta gramos hacía falta la muerte de unos 250.000 caracoles. Por eso un pañuelo de color púrpura era un objeto de lujo, y era el que impulsaba el comercio entre Asia y el Mediterráneo, que existió desde el año 900 antes de Cristo.

Si continuamos hablando del lujo con otros ejemplos no comestibles, vamos a parar al oro. Hoy es más caro que nunca, pero ya en la antigüedad el escritor Diodoro Sículo describió “las condiciones terroríficas de trabajo en las minas de oro” por parte de los trabajadores que se dedicaban a ello. Tal como dice María Belmonte, a menudo aquello que es bello y aquello que es siniestro acostumbran a ir ligados.

Opiniones sobre el lujo

He hecho preguntas a gente diferente sobre el lujo en la alimentación, y he obtenido respuestas de todos los colores, que reproduzco sin el objetivo de que sea una encuesta científica; solo una improvisada. Me han dicho que es comer un 'tap' de Can Cabrissas (la pastelería cerró el sábado 31 de octubre) con una copa de burbujas de las buenas. También me han explicado que el lujo es comer un caldo, recién hecho, en un día de invierno. En este punto me entretengo porque el caldo, la 'escudella' y la 'carn d’olla' son las respuestas que más he obtenido. Quizás porque es noviembre, y se acerca la Navidad. O quizás porque con la sopa tenemos una conexión íntima, nosotros los catalanes y también muchos pueblos de todas partes porque hervir verduras y proteínas debe ser probablemente el plato más antiguo. El director general de la Fundación Alícia, Toni Massanés, aporta un dato más contundente: asegura que un estudio comprobó que los enfermos terminales de cáncer mejoraban el estado de salud cuando tomaban sopa. Literalmente, dijo Toni Massanés en el Fórum Gastronómico de Girona: “Les hacía entrar ganas de vivir”.

Una tercera respuesta que también he conseguido con mi estudio a pie de calle tiene como protagonistas las frutas. Muchos me han dicho que el lujo es comer una fruta recién cosechada del árbol, que no haya pasado por cámara frigorífica ni por nevera. Si puede ser, comerla en el mismo árbol, justo cuando la has cogido, y te refugias bajo la sombra de sus hojas. Una almendra tierna, en el mes de junio, cuando todavía es medio líquida, cuando no se ha convertido en almendra. Partida con una piedra de debajo del almendro. Un melocotón, bajo las hojas del melocotonero. Un higo cuello de dama, bajo la higuera de tronco paquidérmico.

Finalmente, otro lujo también compartido por muchos: el de cocinar uno mismo lo que ha comprado en un mercado de payés, en aquellos mercados especializados, de verduras, de quesos, de miel y sobre todo ahora que llegan los primeros, los de aceite, los del chorro o los de aceite verde. Con la compra hecha, pensar por el camino qué cocinaremos, y con la decisión tomada, llegar a casa y hacerlo. El lujo final: compartirlo, porque cocinar es amar. Y aquí ya tendríamos el lujo verdadero de la vida.

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