Ni un día en casa

Una oda al producto fresco sin artificios

El Somsis se alza como un vestigio de lo mejor que ofrece el mar Mediterráneo en medio del barrio Gótico de Barcelona

Somsis

  • Dirección: carrer de Montsió, 7, 08002 BarcelonaCarta: pescado y mariscoObligado: escórpora (si la hay)Vino: buena carta con propuestas interesantesServicio: cercano y honestoLocal: forma parte del antiguo convento de Mont-SióPrecio pagado por persona: 70€

En Samuel Soria es una persona que se hace querer. Ha sido capaz de aprender de los mejores maestros: sus padres. Es hijo de Mar y Rufo, una de las casas de comidas más destacadas de Barcelona. En el Somsis, el producto es lo más importante y, por eso, sobran los inventos. Este es un proyecto conjunto de Lluís Costa y Toni Carrasco, liderado desde los fogones y la sala por el Samu. Estamos en el barrio Gótico, en un espacio que ocupa el último vestigio del primitivo convento de Mont-Sió del siglo XV.

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Lo primero que vemos al entrar es una vitrina que preside la cocina con los mejores pescados y mariscos. La puesta en escena ya te invita a disfrutar de lo lindo, pero lo mejor está por llegar. Nos sentamos a la mesa para disfrutar del mejor producto, pero con control para no salir escaldados. Iniciamos la comida con una gilda de anchoa; unos mejillones de roca; un brioche de anguila ahumada con salsa teriyaki, y un tataki de ventresca de atún con salsa de mostaza, soja y wasabi. Nos acompaña durante toda la comida una botella de Vitus, de las cavas Llopart, un vino blanco fresco que marida perfectamente con todo lo que probamos.

La segunda parte de la comida está enfocada a un producto cada vez más exclusivo: cigalas de palmo y medio a la plancha y una cabracho lo bastante grande para sacar tres raciones. Producto y solo producto, sin artificios ni manipulaciones excesivas. Con la coca de Llavaneres y unas barquillas rellenas de chocolate damos por terminado un almuerzo basado en el mejor producto que nos ofrece el Mediterráneo.

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El nombre del restaurante viene dado porque en el piso de arriba hay una mesa para seis: los tres socios más tres colaboradores imprescindibles para sacar adelante este proyecto. Decidieron este nombre para dar valor a la comunión entre todos ellos y a la importancia del trabajo de cada uno. Además, Samu tuvo la gran suerte de que Rosa (ex Mar y Rufo) le acompañara en esta aventura. Abrieron hace un año y medio y la clientela ya es fiel: algunos ya le conocían y otros se han añadido al probar esta propuesta tan simple pero, a la vez, tan difícil de ejecutar bien.

Después de la comida, nos sentamos con Samu a la mesa de seis. “He nacido en una familia maravillosa, donde el padre y la madre son muy trabajadores. La manera de trabajar el producto la he aprendido de ellos. No me gusta ocultar de dónde vengo; estoy muy orgulloso”, nos lo explica con pasión y mostrando mucho afecto. “Queremos que el producto sea de las lonjas cercanas. Hoy, el cabracho que habéis comido era de Sant Carles de la Ràpita y las cigalas, de Arenys.”

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En Samu y sus socios se han establecido en el Gótico. Quizás sea demasiado pronto para decir que han triunfado, pero las bases son sólidas, el producto impecable y el personal inmejorable. Si vais, ya nos lo contaréis...