Qué comemos

El pistacho: los frutos secos que ha triplicado la producción en Cataluña en diez años y que todo el mundo ama

Entre los motivos está el hecho de que el árbol soporta bien los inviernos fríos y veranos calurosos; además, en todo el mundo hay una demanda que no para de crecer

El pistachero se ha extendido como una marea verde por el campo catalán, concretamente en el canal Segarra-Garrigues y en los canales de Urgell. Es un árbol de copa ancha, de esas que dan buena sombra y que son bonitas de contemplar. Pero no es por su belleza visual que en diez años se ha triplicado su producción, sino porque el pistacho es una esmeralda, una piedra preciosa que sólo tiene beneficios y una única desventaja posible. Antes de mencionarlos, déjenme que le indique los datos que muestran el amor que profesa nuestro campesinado por los pistachos: en el 2015 produjeron 310 toneladas; este 2025 pasado, 638.

Y ahora, pasamos a explicar el porqué del amor. El pistacho es un cultivo seguro y rentable. Soporta las temperaturas altas, le gusta nuestro clima de inviernos fríos y veranos calurosos y, para remachar el clavo tanto puede ser de cultivo de secano como de regadío. Si es de regadío, aumenta su producción, pero secano también se hace. Así pues, es un cultivo de seguridad para el campesinado, cansada de mirar el cielo y de tirar cosechas que no van a ninguna parte. Con el pistacho es otra historia, porque lo soporta todo y, además, el mundo quiere comer cada día más. "El pistachero se ha impuesto a otros cultivos porque hay un retorno económico (teóricamente) mucho mayor que otros", afirma Joaquim Bellvert, jefe de programa de uso eficiente del agua en agricultura del IRTA, que añade que detrás de las plantaciones de los pistacheros hay grandes inversores, y no campesinos.

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Lo que lea. La demanda de pistachos en todo el mundo ha crecido tanto que ha llegado a nuestros campos. Con los pistachos se hace el chocolate Dubai, ese invento de una mujer embarazada (Sarah Hamouda) que se hizo viral, y que se ha extendido hasta el súper de su casa. Y con la moda han llegado las falsificaciones, claro. No todo lo que se vende es chocolate Dubai, es decir, hecho con pistachos de verdad, sino con sucedáneos.

Chocolate Dubai de verdad

Los chocolateros de renombre de nuestra casa, como Lluc Crusellas, también han apostado por ello, porque han encontrado acertado, pero ellos compran los pistachos de proximidad, y así dan calidad y prestigio al producto. Para continuar, los heladeros también saben que un helado de pistachos triunfa, así que son uno de los gremios que lo utilizan, y en cantidades grandes. Y también los cocineros y pasteleros.

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Ahora bien, ¿comer pistachos es bueno para nuestro cuerpo? La respuesta es que sí. La nutricionista Montse Folch asegura que una ración diaria de 30 o 35 pistachos pelados previene enfermedades cardiovasculares y crónicas, como el cáncer. Aportan grasas saludables, hidratos de carbono, proteína vegetal, vitaminas y minerales como el calcio, así como fibra en dosis altas. Justo por eso, porque aportan bastante fibra, son saciantes, así que evitan consumir otros alimentos que quizás no lo serían tanto.

Si los introduce en sus hábitos alimenticios, el consejo de la nutricionista es que los coma sin sal añadida y con caparazón preferentemente, porque así se obligará a ingerirlos poco a poco y de forma consciente. "Los podéis tostar vosotros mismos en el horno por ejemplo, sin añadir aceite de oliva", que es otra forma de comerlos. Además, los pistachos son los frutos secos que menos grasa aporta comparada con otros, como las almendras o las nueces. "Comer, pistachos, a la larga también ayuda a reducir el peso corporal", dice Montse Folch.

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Por último, la desventaja. Hay uno muy claro, que es la reducción de la biodiversidad de cultivos que puede provocar su monocultivo, que "de momento no lo es", dice Joaquim Bellvert. Si en diez años se ha triplicado su producción, y la demanda sigue creciendo, parece claro que seguirá al alza. Apostar por los pistachos es bueno para la producción, pero el aumento de hectáreas dedicadas en diez años (2015, 189 ha; 2025, 453 ha) podría hacer pensar que se han dejado de cultivar otros cultivos, que quizá acabaremos comprando de fuera y con una calidad que ya sabemos que no es la misma.