Restauración

Can Lluís después del fondo de inversión: triunfo de la cocina catalana (a precios más elevados)

El establecimiento, protagonista de la serie 'Ravalejar', ahora es propiedad de unos antiguos clientes que apuestan por la gastronomía local

El comedor interior de Can Lluís.
21/05/2026
2 min

BarcelonaCan Lluís, en el barrio de El Raval de Barcelona, es un símbolo del cambio que vive la ciudad. Así que lo visitamos para ver en qué estado se encuentra el establecimiento, ya que este viernes se estrena la serie Ravalejar, de Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez en HBO Max, y en noviembre llegará a 3Cat. Se da la circunstancia de que Can Lluís era el restaurante de la familia de Rodríguez, un local histórico de 1929 desde donde Peret esparció la rumba catalana, donde Vázquez Montalbán se sentaba a comer o donde Leo Messi hizo parada durante los primeros años en Barcelona.

Can Lluís originalmente se llamaba Can Mosques, a raíz de la bandada de insectos que rodeaban las botas llenas de bacalao. En 1946 unos anarquistas hicieron estallar una bomba, que dejó tres muertos y una historia de película. Pero el arma que destrozaría Can Lluís definitivamente vino más tarde: la especulación. Después de la venta a un fondo que acabó haciendo marchar a la familia que lo regentaba, los Rodríguez-Vilaplana, ahora el local tiene una nueva vida. ¿Quiénes son? ¿Cómo se come allí?

El ahora y aquí

Los propietarios actuales compraron el local y no tienen nada que ver con el fondo de inversión. Ellos son Denis Minkin y Olga Minkina y habían sido clientes del restaurante original. La apuesta que han hecho es de manera diáfana por la cocina catalana. Prácticamente toda la carta es de cocina tradicional. El personal de la sala, muy profesional y solvente, también atiende en catalán. Y el público que hay el día que voy (en el que no acabábamos de llenar el primer comedor) era local de manera unánime. Por la edad de los comensales, muy probablemente clientes que ya iban antes. El establecimiento ha tenido una reforma, pero respeta bastante el aspecto original. Es un restaurante muy bonito. Eso sí, los precios no son los mismos. El menú de mediodía tiene un coste de 28,90 euros. Lo que incluye (una ensalada de tomates y queso o unos rigatoni a la catalana de primero, y un salteado de butifarra y escalivada o bacalao gratinado de segundo) no justifica el precio, a mi entender. Eso sí, las raciones son generosas. Quizás la técnica se puede depurar un poco, no llega a la excelencia de vecinos suyos como Ca l'Estevet, pero nos encontramos ante un restaurante de cocina catalana sin paliativos. Aparte, también dispone de un menú lleno de referencias a la historia del local y de la ciudad.

A pesar de la buena voluntad de los actuales propietarios, el local ha perdido un poco de autenticidad, claro está. Este año, en que Barcelona es la Capital Europea del Comercio Local, las noticias sobre el cierre de comercios históricos han sido un goteo constante. A cada lavada se pierde una sábana. Así poco a poco, hasta que la Barcelona de los barrios quedará irreconocible, una ciudad sin rostro ni identidad, como el fondo que compró el restaurante original y propició el final abrupto del Can Lluís original.

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