Qué comemos

La última promesa (exagerada) de la industria alimentaria: los yogures con leche A2

Algunas personas con enfermedades digestivas podrían aceptar mejor estos yogures pero hay nutricionistas que piden precaución

Un yogur.
14/06/2026
3 min

Comprar yogures debería ser una tarea más sencilla de lo que se ha convertido actualmente. Si el sabor lo tenemos claro (siempre son mejores los naturales), si ya sabemos que los que contienen proteínas añadidas no hacen falta (el precio se duplica), ahora tenemos que saber qué son los yogures con leche A2. La industria nos promete que si los elegimos tendremos mejor digestión y una salud intestinal mejor. Y como probablemente nunca habíamos oído antes el término de leche A2, podemos pensar que son los yogures que debemos comprar, porque de forma intuitiva creemos que serán mejores. “Detrás del marketing hay una base bioquímica que conviene entender sin convertirla en pseudociencia y sin hacer promesas exageradas”, afirma la dietista-nutricionista Anna Grífols.

Vamos por partes. Para empezar, ¿qué significa leche A1 y A2? “Algunas razas de vaca producen un tipo de proteína de la leche, la beta-caseína A2, mientras que muchas otras razas europeas producen la beta-caseína A1", dice la dietista-nutricionista Anna Costa. En la leche llamada A2 esta proteína está presente mayoritariamente mientras que en las otras leches no. “Sabemos que la digestión de una leche que contiene A1 puede generar un péptido llamado BCM-7 (un péptido es una cadena corta de aminoácidos unidos entre sí), que algunos estudios han relacionado con molestias digestivas en personas sensibles”, señala Anna Grífols. Por lo tanto, como la industria sabe que las leches A2 son más digeribles, lo que se está haciendo es elegir las vacas, que acostumbran a ser las frisonas, que producen la beta-caseína A2.

Evidencia científica limitada

El caso es que todo ello tiene una base científica limitada, porque “la evidencia científica actual no es amplia y no justifica muchas de las afirmaciones comerciales extremas que circulan” para vender los yogures con leche A2, dice Grífols. Dicho con otras palabras, los intolerantes a la lactosa no necesitan optar por un yogur de leche A2 porque pueden elegir productos lácteos fermentados o deslactosados, que es cuando se reduce fuertemente la lactosa, y por lo tanto hay una mejor digestión. La población que no tiene ningún problema con la lactosa en general tampoco necesita elegirlos, claro. Ahora bien, si los médicos nos han diagnosticado disfunciones intestinales, como por ejemplo intestino permeable, que entonces podría ser que las proteínas de la leche causen alergias (que no intolerancia), entonces los yogures con leche A2 podrían ser una opción, pero "con precaución porque no hay suficiente evidencia científica", dice Anna Grífols.

Para rematar la faena, en el mercado también han empezado a aparecer quesos hechos con leche A2. Hacer un queso con leche A2 es como construir una escalera para recoger fresas. Es decir: no sirve para nada, porque los quesos, por efectos de la fermentación, pierden la lactosa. Si los quesos son frescos, entonces los hechos con leche A2 “podrían ser una opción interesante para algunas personas con sensibilidad digestiva leve, pero, repitámoslo, la ciencia todavía no avala considerarlos nutricionalmente superiores”, remarca la dietista-nutricionista Anna Grífols. Alerta, pues, porque mientras la ciencia no tiene evidencia clara sobre la naturaleza de la leche A2, y el marketing tampoco explica que están destinados para un tipo de población con disfunciones intestinales leves, lo que sí que está claro es el precio: los yogures con leche A2 pueden llegar a costar hasta el doble que los que siempre recomendamos: los naturales.

stats