"Ser la primera mujer presidenta del Círculo del Liceo es mucha responsabilidad"

El club privado, pared con pared con el Liceo, estrena nueva junta directiva, al frente de la cual está la copropietaria de la bodega Torelló (Corpinnat)

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Ernestina Torelló abre la puerta del Círculo del Liceo como nueva presidenta, la primera mujer en casi doscientos años
15/10/2026 - 11:00 h

BarcelonaErnestina Torelló (Barcelona, 83 años), copropietaria junto con sus hijos de la bodega Torelló (Corpinnat), acaba de escribir una página de la historia: el Círculo del Liceo, el club social situado pared con pared del Liceo de Barcelona e inaugurado en 1847, la ha escogido como primera mujer presidenta. Nuevos tiempos para una institución que cambia poco a poco: las bolas negras y las blancas, las que se extraían para aceptar a los nuevos socios, como las de la película La bola negra de los directores Los Javis, todavía están guardadas en uno de los salones. Ya no se utilizan; ahora, para entrar, cuatro socios te tienen que avalar y debes pagar una cuota anual de mil trescientos euros.

El día que Ernestina nos abre la puerta de la institución, de madera noble con un pomo dorado que hace una filigrana esbelta, una mujer entra también con nosotros porque ha pedido cita con el gerente del Círculo del Liceo, Rubén Sales, para poder hacerse socia. Dice que trabaja para una farmacéutica internacional muy conocida y quiere tener un lugar de referencia para estar allí ratos cuando esté en Barcelona. “Hace veinticinco años que los hombres socios votaron que las mujeres también pudieran ser socias, porque hasta entonces, hasta antes del 2001, las mujeres solo podían entrar como acompañantes de los hombres, pero no como socias de pleno derecho”, explica Ernestina. Si querían participar en alguna de las actividades que organiza el Círculo, que son muchas, solo lo podían hacer en calidad de “mujer de”, ¡y esto ha sido así hasta este siglo! Gracias a la nueva normativa del 2001, Ernestina Torelló entró como socia hace dieciocho años y en los últimos ocho años ha sido vicepresidenta.

Ernestina, sentada en el salón llamado La Pecera, desde donde los socios esperaban los carruajes que les venían a buscar.

Dejamos a mano derecha el salón de los sofás que da a la Rambla. “Como hasta 2001 en el Círculo solo entraban hombres, todos los salones son los de los hombres; todo esto lo vamos cambiando; este, justamente, el que da a la Rambla es La Pecera, porque desde los cristales antes los socios esperaban sus carruajes. Ahora esperan los taxis para volver a casa”, explica.

Hoy es tarde de función, se representa Aida en el Liceu, y en el Círculo todo está preparado. Por una puerta que toca al Salón de los Espejos del Liceu, entrarán los socios: “Nosotros abrimos la puerta del Círculo hacia el Liceu, pero el Liceu también debe abrir la suya hacia el Círculo. Lo hacemos a la vez y es cuando pueden entrar nuestros socios”, explica Rubén, el gerente. Antes de la función podrán tomar una copa de Corpinnat, una de cava, un refresco o agua; durante el descanso de la obra, podrán cenar. “Ha venido gente de fuera del Círculo del Liceu a preguntarnos cómo conseguimos que en la media hora del descanso nuestros socios cenan, pagan y vuelven de nuevo a su asiento del teatro”, dice Ernestina, que asegura que lo tienen todo muy bien cronometrado. “Fíjate, ahora mismo faltan más de dos horas para que empiece la obra, y ya están preparadas todas las mesas, las copas, los nombres de cada uno están en las mesas y los pedidos están hechos”. Los cocineros saben qué deben preparar porque los socios lo han pedido previamente, así que tan pronto como se sienten, les servirán la comida al momento. “¡Y será caliente!”, subraya Ernestina. La comida es un plato sencillo de poder masticar en media hora: pan con tomate y jamón, croquetas, sándwiches mixtos, recuerda la presidenta, pero calientes. “Si hay doscientos socios que cenan en el entreacto, y los doscientos han pedido sándwiches mixtos, créeme que los doscientos estarán calientes”, dice, y añade que en un club como es el Círculo del Liceu “la gastronomía es muy importante”.

Al Círculo del Liceo se va a comer y beber, a hablar, a hacer relaciones sociales pero con la comida y la bebida de por medio. Quedan atrás los tiempos en los que se iba a jugar, cuando era un casino (como el centro social al que quería entrar uno de los protagonistas de la película La bola negra). De la época de los juegos han llegado muchas historias que se explican en el Círculo del Liceo, todas difusas: “Estos cuatro jarrones chinos del salón donde nos encontramos ahora son la carta de pago de uno de los jugadores”, explica Rubèn. En el mismo salón de los jarrones chinos hay un cuadro de Ramon Casas, que dentro de unos días, junto con otros de mayor formato, se irán a una exposición en Alemania.

Los cuadros de mujeres elegantes de Ramon Casas

Quien observa por primera vez la elegancia de Ernestina Torelló diría que es similar a la de las mujeres que pintaba el pintor Ramon Casas. “Nací en Barcelona, pero mi familia está ligada a Gelida, a la finca Can Martí de Baix; es allí donde trabajo durante la semana”, dice Ernestina. Se encarga de las finanzas, atiende las visitas y, a menudo, también se queda a dormir. La noche en la que hubo el trágico desprendimiento de un talud en las vías de tren de Gelida, fue quien atendió a policía, enfermeros y heridos del tren, a quienes trasladaron a su casa. “En Gelida trabajo, y el Círculo del Liceo es una prolongación de mi casa, porque un club debe ser eso para los socios: se tienen que sentir cómodos, y por eso la comida tiene tanta importancia”. El grupo Mantequerías Pirenaicas se encarga, que tiene allí cocineros y camareros destinados, que trabajan exclusivamente para el Círculo del Liceo, y se basan en el recetario de la cocina catalana.

Ernestina Torelló, ante uno de los cuadros de Ramon Casas, que viajará a Alemania a una exposición.

Cuando hay función en el Liceo, pues, en el Círculo hay movimiento, pero cuando no la hay, también. Ernestina Torelló preside diferentes comisiones, que organizan un programa de actividades propio, que consisten en conferencias sociales, culturales, temas de actualidad, etc. “Cada una de las comisiones hacen también sus comidas y cenas con los conferenciantes, así que diariamente hay mucha actividad”. Antiguamente, desde las primeras horas de la mañana, los socios ya estaban allí, en el Círculo. “Ahora se vive de otra manera, y a primera hora nadie viene para leer los periódicos, aunque si quisieran, pueden hacerlo”.

Cambiemos de tema y hablemos sobre el día de las votaciones. El gerente me ha enseñado las bolas negras y blancas que se utilizaban para que la junta votara, que están guardadas, así que le pregunto cómo fue. “Mi candidatura era la única, así que fue fácil”, dice con una sonrisa. No hubo ninguna votación, pero sí mucha ilusión, porque a Ernestina le gusta la cultura, la gente. “Soy muy sociable, y me gusta difundir el conocimiento cultural en la medida en que yo puedo”. También le emocionó pensar que era la primera mujer que presidiría una institución de más de ciento setenta años. “También es mucha responsabilidad por los años de historia, porque tengo que hacerlo bien; a ver si la primera mujer no lo hará bien y entonces me compararán con todos los hombres anteriores”. Para hacerlo todo muy bien, se ha puesto a trabajar desde que salió elegida a finales de junio. “Quiero llevar al Círculo del Liceo voces autorizadas que visitan Barcelona para que nos hablen de actualidad; por supuesto, la música también es fundamental, por tanto, todas las actividades culturales y sociales las continuaremos haciendo”. De hecho, Torelló sostiene que los nuevos socios del Círculo del Liceo tienen interés en los temas de actualidad, que son los que ella quiere promover justamente.

La presidenta, en otro de los salones ilustrados con cuadros del pintor Ramon Casas.

Junto con el trabajo en el Cercle del Liceu, Ernestina tiene otro, en la bodega Torelló. Define su labor concreta como la de “la madre que trabaja”. Y podríamos añadir la que lleva la parte económica. Hace setenta y un años que Torelló elabora espumosos. "Y estamos muy contentos por el trabajo hecho”, dice. Este año celebran que hace cincuenta años que sacaron el primer brut nature. “Hemos hecho una edición limitada; de 1.500 ejemplares”, dice. Los brut nature son la normalidad, pero hace cincuenta años no era así. De manera gradual, se han ido eliminando categorías de espumosos que llevaban azúcares añadidos, como el seco o el semiseco. “Ya ni nos acordamos porque fueron desapareciendo del mercado”. Y mientras lo explica, comenta que las dos tareas laborales que realiza, en el Cercle del Liceu y en la bodega Torelló, se parecen. Cuando menos, podríamos definirlas por los mismos conceptos: tradición, continuidad y modernidad.

“En el Círculo del Liceo un 30% de los socios son mujeres y actualmente los socios son de todas las edades, de menos de cuarenta años también”. En la bodega, ella trabaja con sus hijos, que se han distribuido las tareas. Y tanto en un lugar como en el otro hay unas normas estrictas: en el Círculo del Liceo no puedes entrar con zapatillas deportivas; en la bodega familiar acordaron que los hijos trabajarían allí si antes se habían formado con un grado universitario, si habían viajado por el mundo, habían trabajado en otras empresas y hablaban idiomas.

Ernestina es una mujer elegante, que parece una prolongación de aquellas mujeres con vestidos vaporosos del pintor Ramon Casas. Es inteligente; mide las palabras claras que dice. Es la mujer que acaba de escribir una página nueva de la historia desde el Círculo del Liceo.

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