Carol Law Lee: "No me siento china; a veces me olvido de que lo soy"
Después de ser durante muchos años la única china en la escuela, Carol Law Lee, maestra nacida en Figueres, apuesta por educar en la diversidad y aprender de la multiculturalidad
BañolasEn la escuela de Girona a la que iba de pequeña, Carol Law Lee, de origen chino, fue durante mucho tiempo la única niña con padres extranjeros. “Me sentía exótica. ¡Las alumnas mayores me tocaban el pelo y decían que parecían hilos!”, recuerda. Al cabo de los años, sin embargo, llegó otra chica china, a la que “veía próxima a ella” y “tenía muchas ganas de conocer”.
Nacida en Figueres, Law, de 41 años, vivió su primera infancia en Roses y con cuatro años se trasladó, con sus padres, a Girona, ciudad donde aún reside con su pareja y sus dos hijos. Su parecido asiático no le ha hecho sentir nunca excluida ni la ha condicionado, pero ha estado presente en determinadas situaciones: por ejemplo, cuando entró por primera vez a hacer la sustitución en una escuela de Girona, el director pensó que había llegado la maestra de inglés... Docente sí, pero no de inglés.
Law, que descubrió su vocación con los años, ha trabajado recientemente en la escuela la Draga de Banyoles (Pla de l'Estany), como maestra de apoyo de I3, I4 e I5 e impartiendo un taller de dramatización, donde los alumnos aprendían a expresarse sea a través de la palabra o las emociones. Este centro cuenta con un total de 366 alumnos y una multiculturalidad importante: alumnos gambianos, colombianos, chinos... “La diversidad, hoy en día, es una evidencia y el aula es un reflejo de la sociedad. Cada vez es más abundante en las escuelas, así que hay mucho trabajo por hacer”, comenta. “No solo en relación al origen, sino también en otros temas como en el perfil de los progenitores: muchos niños tienen dos padres, dos madres, o una única madre... Y hay que integrarlo todo”, admite. Para mejorar el sistema educativo, la palabra que le viene a la mente es “inclusión”, pero para hacerlo posible “faltan recursos”, es decir, “más docentes para atender mejor a los alumnos y que la gestión para pedir ayudas para atender escolares con necesidades específicas de apoyo educativo sean más ágiles”.
De la vergüenza al diálogo
Ella, de joven, no sufrió racismo. Con las amigas, eso sí, sentía “cierta vergüenza” cuando contaban algún chiste de chinos en sesiones de monólogos. Era lo único. Con los años, sin embargo, ha visto que el racismo es una realidad entre los alumnos. “Cuando aparecen comentarios racistas se trabaja a través del diálogo: respondemos a sus preguntas y les dejamos que se expresen”.
Como maestra interina en los diferentes centros por donde ha pasado –en la actualidad, trabaja en la escuela Sant Roc de Olot (Garrotxa), donde es tutora de I4–, se ha visto inmersa en lo que define como “momentos inoportunos”. “Los niños, al verme los ojos, me preguntan si soy china, pero no lo hacen de manera despectiva sino por curiosidad”. En el fondo, no le molesta. “Me lo tomo con la actitud de tratar el tema y aprender de la multiculturalidad”. Desde esta perspectiva, Law es partidaria de que haya una presencia mayor de docentes de orígenes diversos, ya que eso enriquece la comunidad educativa. “Solo coincidí con una maestra marroquí hace unos años en una escuela de Figueres. Sería bueno que esta diversidad también se fuera viendo en otras profesiones”, remacha.
Una familia muy de aquí
La madre de Law es de Taiwán y el padre –que murió hace unos años– era de Hong Kong. Ambos se conocieron en Cataluña, donde habían llegado de jóvenes con sus respectivas familias. Aquí formaron una familia: el hermano mediano de Law se llama Jordi y la pequeña, Cecilia. “Mis padres tenían una mentalidad de aquí y, por eso, nos pusieron nombres catalanes. Aun así, mantenemos nuestro nombre chino”. El suyo es Pin Pin, que significa “educada y lista”. “Siempre hemos dado mucha importancia a tener amigos, actividades y hacer vínculos en el lugar donde resides. Es una parte importante de la integración, aunque en aquel momento reconozco que no era lo más habitual”. Cuando sus padres abrieron un restaurante en Girona, invitaron a toda la clase con las tutoras. “Tengo un buen recuerdo”, resalta Law, que afirma que desde pequeña piensa en catalán y no en chino. De hecho, reconoce: “No me siento china; a veces me olvido de que lo soy”.
Con su madre habla en mandarín –un idioma que le cuesta dominar con fluidez–, mientras que con sus dos hijos y su marido, que es de origen catalán, se expresa siempre en lengua catalana. Así que, en días señalados, como el de Navidad, quien se convierte en el “diferente” es él. “Al principio, mi marido se notaba raro al ver tantos chinos en la foto porque cuando nos reunimos toda mi familia llegamos a la treintena”, describe Law. Con los años, sin embargo, ya no es el único: tanto su hermano Jordi como su hermana Cecilia tienen pareja no china. Un ejemplo vivo de esta diversidad también en la familia.