Conciliación

Conciliar el verano en Barcelona, más caro que en el resto de Cataluña

Estas diferencias territoriales se deben a que hay ayuntamientos que subvencionan una parte del casal y las familias, por lo tanto, pagan un precio más reducido

BarcelonaHace semanas, si no meses, que las familias miran y remiran el calendario para intentar encajar las once semanas de vacaciones escolares en verano con el mes de vacaciones que, con suerte, tienen madres y padres trabajadores. Campamentos de verano, campamentos, colonias, vacaciones por separado en el caso de las parejas, permisos, teletrabajo, abuelos o canguros son algunas de las posibles soluciones. Todo ello también implica planificación, burocracia, mucha carga mental y dinero.

Conciliar en verano sale caro. Pero en Barcelona, aún más. El precio medio de un casal de verano en la ciudad de Barcelona ronda, sin beca, los 150 euros a la semana de 9 a 16.30 h con comida incluida (si hacen media jornada o no se quedan en el comedor es más económico), es decir, 600 euros al mes –1.200 euros, si se tienen dos hijos y 1.800 si se tienen tres, si bien hay casales que ofrecen descuentos de un 5 %, por el segundo hijo o por familia numerosa, descuentos que fuera de Barcelona son, en algunos casos, superiores.

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El precio medio en Girona es de 96 euros por semana de 9 h a 17 h con comida incluida, en Tarragona, 110 euros y en Lleida, la opción más económica, solo 67 euros, pero en estos dos últimos casos el casal acaba a las 15:30 h. También los municipios del área metropolitana de Barcelona tienen precios más caros que en el resto de capitales de demarcación catalanas. Por ejemplo en Santa Coloma de Gramenet vale 123 euros por semana (véase el gráfico). Como en Barcelona, todos cuentan con bonificaciones en función de los ingresos familiares.

En municipios más pequeños, con menos de 20.000 habitantes, el precio de los campamentos aún puede ser más económico. Por ejemplo, en Roses el campamento de verano cuesta por semana 61 euros de media, en jornada completa y comida incluida, y en Castell-Platja d’Aro, 51 euros.

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Estas diferencias territoriales se deben a que hay ayuntamientos que subvencionan una parte del casal y las familias, por lo tanto, pagan un precio más reducido. "El coste acaba siendo el mismo, pero las familias no están soportando todo el precio, esto es fácil de hacer en el ámbito rural, pero en Barcelona los presupuestos del Ayuntamiento no lo soportan", explica Aina Espona, responsable de la campaña de casales de la Fundació Pere Tarrés. "Fuera de Barcelona hay ayuntamientos que licitan el casal municipal y tienen precios muy asequibles porque están muy subvencionados. En Barcelona todo es privado, pero tienes derecho a becas y a tutores",añade Xavi Florido, jefe adjunto de programas escolares de Fundesplai.

En el caso de Girona pueden ajustar al máximo el precio porque el ayuntamiento lo que hace es llegar a convenios con cada una de las entidades sin ánimo de lucro arraigadas al territorio que organizan casales en función de su especialidad: teatro, deporte... El consistorio paga un dinero por alumno a estas entidades, una cantidad que es superior a la que pagan las familias. “Es difícil decir exactamente qué cantidad paga el ayuntamiento y cuál las familias porque depende de cuántas familias tienen bonificaciones en función de sus ingresos (hay seis tramos diferentes de ingresos), cuántas tienen hijos con necesidades especiales o cuántas son monoparentales o numerosas, que también tienen descuentos”, explica la concejala Queralt Vila, concejala de Educación y Participación y Atención a la Ciudadanía. Este año el consistorio ha destinado más de 625.000 euros a los casales de verano que acogerán a 3.300 niños y niñas, prácticamente la totalidad de las inscripciones.

Jordi, de 43 años, y Laia, de once, son una familia monoparental que vive en Girona desde hace dos años. Laia ha conseguido plaza en un casal en julio y otro en agosto. “Trabajo todo el verano y tengo a los abuelos lejos, por los dos casales pagaré 800 euros porque por ser monoparental tengo un 5% de descuento", explica. El año pasado, recuerda, pagó el doble. "Era el primer verano en la ciudad y como desconocía la oferta opté por apuntarla a un casal los dos meses de una entidad no municipal. "Pagué 1.600 euros, casi me dejé un mes de sueldo solo para hacer compatible la vida laboral con la familiar”, lamenta.

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En Barcelona existe la campaña municipal T'estiu molt en la que pueden adherirse las entidades que cumplan unos requisitos previos –entre otros, un tope de precio (el precio del casal con jornada completa y comedor no puede ser superior a 153,10 euros, 175,35 para los deportivos) y que sea un casal inclusivo– y el Ayuntamiento los acredita para poder participar. De esta manera, se pueden beneficiar de becas y de tutores de apoyo para niños con necesidades educativas especiales (NEE). "Aunque la subvención que otorga el Ayuntamiento por cada niño con NEE no cubre el coste de un tutor", apunta Xavi Florido, jefe adjunto de programas escolares de Fundesplai.

Este año se han adherido a la campaña T'estiu molt 290 entidades que organizan más de 1.000 actividades y se ofrecen más de 395.000 plazas para niños y adolescentes hasta los diecisiete años. Las becas se conceden en función de la renta y van dirigidas, principalmente, a familias en situación de vulnerabilidad. Estas ayudas, sin embargo, "vienen soportadas por un techo presupuestario del Ayuntamiento, no son universales sino que están condicionadas por la renta y tampoco cubren toda la duración del casal, la ayuda es solo para diez días", explica Espona, que dice que, conscientes de que no llegan a todas las familias, la fundación también ofrece sus propias becas. "Las becas llegan a más personas, pero los tramos de renta son cada vez más precarios", reconoce también Florido. Los tramos de renta van de los 0 a los 10.000 euros brutos anuales por miembro de la unidad familiar. Este año se destinan 5,1 millones de euros a ayudas a repartir entre 37.797 niños con beca aprobada. En el 85% de los casos la ayuda asignada cubre hasta el 90% del importe de la actividad.

Un 2,9% más caros

Los campamentos de verano más caros suelen ser los deportivos o temáticos (inglés, arte, hípica, vela...) y los más económicos son los que se hacen en las escuelas que, en Barcelona, son los más solicitados. Uno de vela puede costar 250 euros, uno de teatro, 240 –siempre con comida incluida y jornada completa–, mientras que un campamento de una escuela puede costar unos 130 euros.

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Hasta el curso pasado, Laura y Jaume habían optado por el campamento de la escuela, más económico, para sus tres hijos, pero ahora las dos hijas mayores piden poder ir al campamento que organiza el club de baloncesto donde juegan. Por dos semanas –una de las cuales de colonias– pagarán 900 euros a los que hay que sumar el campamento del pequeño, este sí, en la escuela, que son 256 euros, con el descuento de familia numerosa incluido. En total, 1.156 euros, la mitad del sueldo de ella. Con eso cubren quince días. Para cubrir el resto de semanas de vacaciones escolares recurrirán a los abuelos y cogerán vacaciones por separado, aunque se reservan dos para coincidir los cinco. "No es lo ideal, pero no nos podemos permitir destinar un sueldo entero a pagar campamentos", reconocen.

En la ciudad de Barcelona el precio de los campamentos se ha incrementado un 2,9% respecto al año pasado y acumula incrementos al menos desde 2023 (de 2024 a 2025 subieron un 2,4% y de 2023 a 2024, un 2,5%, según datos del Ayuntamiento). En otras ciudades como Girona, sin embargo, se han mantenido los últimos dos años.

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Los motivos de este encarecimiento en el caso de Barcelona es causado por diversos factores: el aumento del precio de la comida, del transporte y la mejora de los sueldos de los monitores. "Los autocares son más caros que nunca, es dramático, y también hay dificultad para encontrar chóferes, hay menos flota", explica Espona, que dice que hubo un aumento del 2,5% del precio del autocar respecto al año pasado. La mayoría de campamentos ofrecen como mínimo una excursión a la semana. "Hacemos lo que nos pide el AFA o la escuela, y si quieren dos excursiones en autocar el precio aumenta. Como lo hacemos a la carta, depende de lo que quiera el cliente", reconoce Florido, que asegura que en Barcelona hay mucha competencia y se intenta ajustar precios o hacer actividades que te diferencien del campamento de al lado.

Parte de este aumento también se debe a las mejores condiciones laborales de los monitores. "El convenio del ocio lleva tres años con subidas importantes después de muchos años de no moverse, esto es una buena noticia, pero comporta un incremento de precio inevitable", explica Espona. "Y esto impacta mucho en el precio porque el 60-70% del coste del campamento es la partida destinada al personal", explica Florido.

Otro escollo en los campamentos de verano en Barcelona es el acceso a las piscinas municipales del CEM, que las gestionan empresas privadas que organizan también sus propios campamentos de verano. "Y estas empresas se reservan las piscinas municipales para sus campamentos antes que el resto de entidades y la mayoría de las veces el resto ya no tenemos acceso. Y esto fuera de Barcelona no pasa", denuncia Florido.

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En primera persona: "Este verano me pido un permiso no remunerado para poder pasar tiempo en familia"

Llega el verano y, antes de pensar en vacaciones, descanso, disfrute o tiempo en familia, toca cuadrar agendas, bolsillos y poner alertas para la apertura de las inscripciones de los campamentos de verano para no quedarnos sin plaza. El verano no solo es sinónimo de vacaciones (para los más afortunados), sino también de un puzle de agendas y dinero.Por este motivo, por este puzle de difícil encaje, este año he decidido pedirme cuatro semanas de permiso no remunerado aprovechando que en julio cobro la paga doble –tengo un sueldo de catorce pagas no prorrateadas– para poder pasar tiempo en familia. El precio de los campamentos son tan elevados que madres y padres tenemos que destinar una gran partida de nuestro sueldo en “ocupar” a las criaturas con el único objetivo de tener tiempo para trabajar y generar dinero. Es una rueda que no tiene demasiado sentido para mí actualmente. Mientras me agoto en la oficina y cuento los días para irme de vacaciones entre el extremo térmico del aire acondicionado de la oficina y el ardor de las aceras de la ciudad.Ante este panorama, he decidido que este año prescindo de la paga doble y me voy al pueblo con mis criaturas. Paso un tiempo de calidad con mi familia, descanso física y psicológicamente de la monotonía del trabajo y sí, me voy de vacaciones reales aprovechando que este verano es el único verano en que Quim tendrá seis años y Aina tendrá tres. Sin más pretensiones que vivir un tiempo único que no se repetirá.Isabel Esparza, periodista y madre de dos hijos

Herramienta educativa y de conciliación

Aina Espona destaca que los casales de verano no solo ayudan a las familias a conciliar, también son una herramienta educativa porque permiten que los niños disfruten de espacios de socialización más allá de la escuela: "No solo la escuela debe ser la responsable del aprendizaje o de la introducción de la lengua y la vida cultural. Hay diferentes agentes, como los casales, y esto nos hace una sociedad más rica", apunta.

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En agosto la oferta disminuye, también porque cae la demanda, ya que es el mes de vacaciones por excelencia. Aun así, hay entidades que organizan a precios reducidos para las familias más vulnerables que no tienen opción de marcharse de la ciudad.

El sobrecoste que deben asumir las familias con hijos con discapacidad

Para las familias con hijos con alguna discapacidad importante las tarifas de los campamentos de verano se disparan. En Barcelona, gracias a la presión de las familias, este año se ha podido igualar los precios de los campamentos adaptados (203,7 euros de tope) con los ordinarios, si bien los niños también pueden ir a campamentos ordinarios y contar con la figura de un vigilante que sufraga el Ayuntamiento, aunque no cubre todo el importe, explican desde Fundesplai. "Pero en muchos casos las actividades no están adaptadas", lamenta Maria José Tavira, madre de un niño de 9 años con autismo grave y miembro del Sindicato de Madres en la Diversidad Funcional. "Pero los campamentos que organizan las escuelas de educación especial son más de 300 euros semanales porque no hay opción de becas. En la escuela de educación especial donde va mi hijo el campamento de verano cuesta 319 euros a la semana solo de 9 a 15 h". A este precio se le debe sumar el coste del transporte, ya que hay mucha menos oferta de campamentos adaptados y algunas familias se tienen que desplazar. "Las familias que tenemos niños y jóvenes con discapacidad ya estamos asumiendo durante el año sobrecostes muy grandes y el campamento no es solo ocio, también es terapéutico. Nuestros hijos deben poder desarrollarse con otros iguales", reivindica Tavira.