Aulas diversas, maestros diversos

Sandra Monge Palladino: “Vosotros habéis nacido en Cataluña, pero yo he escogido venir aquí”

Maestra en la guardería de Arbeca, huyó de una Argentina convulsa para cumplir su sueño vital

Sandra Monge Palladino
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ArbecaCuando era una niña, sin saber por qué, ya pedía vivir en Cataluña. Y ahora, que tiene 57, sabe que no volverá nunca más a su país de origen. Sandra Monge Palladino nació en el año 1969 en la ciudad argentina de Rosario, en el seno de una familia originaria del Piamonte italiano. Educada en un ambiente ideológicamente muy diverso, ella siempre ha estado vinculada a los movimientos de la izquierda anticapitalista. Durante la infancia recibió los golpes de la dictadura militar del general Videla (1976-1983), de la que siempre ha quedado marcada.

A pesar de que a mediados de los ochenta la democracia estaba teóricamente reinstaurada, ella continuaba sufriendo la confrontación a causa de sus ideas. Estudió magisterio y antropología, cuando justo la Universidad de Rosario recuperaba unos estudios de humanidades que habían sido suprimidos por la junta militar. Fueron años en los que se relacionaba con profesores catalanes y vascos, algunos muy comprometidos políticamente, y entró en contacto con el Centre Català de Rosario, donde reafirmó su militancia política y su interés por Cataluña. En estos ambientes se topó con quien ahora es su marido y con quien poco después engendró un hijo. Fue madre con 23 años.

Eran tiempos todavía convulsos en Argentina. Hacía poco que se habían promulgado las leyes de Obediencia Debida y del Punto final, que exculpaba a muchos de los militares represores, y años en los que todavía frecuentaban los enfrentamientos y algunos levantamientos armados. En este contexto, ella conservaba activo su compromiso político, entre amenazas e intimidaciones, hasta que una bala le rozó la mejilla en un atentado dirigido expresamente contra ella. “La policía me preguntó después si creía en Dios, porque me había salvado de milagro”, recuerda.

Aquella advertencia y posteriormente un incendio intencionado en su hogar acabaron por decidir a la familia hacia un exilio que ella define como ideológico. “Teníamos dinero, pero queríamos libertad”, justifica Monge. Con su marido y un niño, escogieron el destino de Barcelona, la ciudad que siempre había soñado desde pequeña. Pero los comienzos fueron realmente duros. “Me sentía desarraigada, sin red social y con unos títulos universitarios que no me convalidaban”, lamenta. Así que empezó de cero. “Tuve que reconstruirme socialmente, intelectualmente y profesionalmente”, recuerda.

Con el tiempo acabó arraigándose. Ejerció de maestra en una escuela de Pineda de Mar, trabajó de agente sociosanitaria y dirigía también un centro abierto. Entre un montón de horas, podía sacar un sueldo a fin de mes.

Nueva vida en las tierras de Lérida

En 2006 invirtió sus ahorros en la compra de una casa en Arbeca (en las Garrigues) y la vida le daría otro giro inesperado. Durante un verano de reformas de la vivienda vieja, su hijo, ya adolescente, se enamoró de aquel “pueblo de mala muerte”, bromea. “Al principio creía que Arbeca era horrible, demasiado pequeño, sin muchas tiendas y nada interesante que hacer”, asegura. Pero se quedaron allí.

Obligada, una vez más, a recomenzar, tuvo un inesperado golpe de suerte y le ofrecieron la dirección de una de las escuelas infantiles de Mollerussa. Formaba parte de una cooperativa de trabajo que hizo funcionar durante una década. Fue todo el tiempo que pudo aguantar en un proyecto que finalmente se volvió económicamente inviable. “Eran tiempos en los que no cobraba más de 600 euros al mes”, asegura.

Cuando todo parecía que el sector de la educación le cerraba las puertas y la obligaría a hacer las maletas de nuevo, la pandemia la salvó. La vida en Arbeca se presentó como la mejor opción al confinamiento y dedicó el tiempo a convalidar sus estudios de antropología. Hasta que, otro golpe de suerte le ofreció una plaza en la escuela infantil Sant Jaume de Arbeca, que ya tiene ganada desde hace tres años.

No sabemos si las peripecias de Sandra Monge han llegado a su fin, pero ella está convencida de que estarán siempre en Cataluña. “Los catalanes habéis nacido aquí, pero yo lo he elegido”, matiza la maestra argentina. “Siempre he sentido una obsesión por venir aquí, donde he arrastrado a mi familia –explica– porque me atrae que los catalanes luchen por sus ideas”.

Asume que el microracismo existe en la sociedad catalana, “de la misma manera que lo hay también en mi país”. En Arbeca se siente querida y acogida. Y desea aplicar lo mismo en las aulas. “Para poder tener una educación inclusiva y democrática, el niño debe ser tratado como igual”, reivindica. Pero reconoce que las familias recién llegadas lo ponen fácil. “Por su condición de inmigrantes, vienen predispuestas a recibir información, la necesitan, buscan inclusión”, asegura.

La acogida de niños en toda su diversidad, según la maestra, supone una simbiosis perfecta en Arbeca. Las familias encuentran en la guardería municipal un lugar de apoyo y referencia en sus vidas, pero a la vez contribuyen a la repoblación del mundo rural. “Si queremos territorio, necesitamos llenar las escuelas infantiles”, concluye.

Firme defensora de las actuales movilizaciones para la mejora del sistema educativo catalán, Monge es una argentina que siempre habla catalán. Solo en contadas excepciones, sobre todo cuando se enfada, lo hace "en rosarino”.

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