¿Por qué los maestros que han hecho colonias gratis durante décadas ahora dicen basta?

Niños de colonias
13/05/2026
Maestro de infantil en la escuela pública
3 min

TaradellEstas últimas semanas, los medios de comunicación se han llenado de titulares que hacen referencia a las reacciones y consecuencias ante el anuncio hecho por algunos colectivos de maestros, que han manifestado su negativa a ir de colonias como medida de presión para mejorar las condiciones del sistema educativo.Reproduzco algunos a modo de ejemplo: “Ir de colonias no es nuestra obligación”, “Maestros contra niños: las colonias son un derecho”, “Alumnos de Valls se niegan a dar clase por la supresión de las colonias [...]”, "El fin del contrato educativo”, “Malestar de las familias por la amenaza de los docentes”, “Las familias creen que dejar de hacer colonias es saltarse las reglas del juego”, “Las casas de colonias temen la huelga de los docentes”, “Grito de alerta de las casas de colonias por la protesta de los maestros: estamos en cifras de covid”...Es muy interesante poder interpretar los matices de estas reacciones: desde el artículo publicado en este mismo diario por el director de relaciones de Fundesplai, hasta el delantal de Ricard Ustrell de Catalunya Ràdio, en todas partes se puede mojar pan. Pero lo que encuentro realmente extraordinario es la facilidad con la que estos titulares están girando la problemática. A ver si nos aclaramos: los equipos de maestros somos el colectivo que más ha creído en la importancia de organizar la experiencia de las colonias para los niños de nuestras escuelas. Lo hemos estado haciendo desde hace décadas sin percibir ningún tipo de compensación más allá del agradecimiento de las familias y de los mismos niños. Lo hemos hecho desinteresadamente con la convicción de que esta experiencia es fundamental para muchos aspectos educativos.

Es evidente que esta nuestra generosidad ha creado un terreno abonado para la creación de un negocio que, con la amenaza de huelga, tiembla. Una multitud de casas de colonias y de empresas de ocio, particularmente dos grandes fundaciones, ahora que ven peligrar el negocio, argumentan las virtudes de esta experiencia incluso apelando a los derechos de los niños. Pero, señoras y señores: ¿quién, si no nosotros, maestros, ha creído desde un principio en estos argumentos? Pienso que es de justicia reconocer que somos nosotros, los maestros, quienes hemos mantenido el legado de otras figuras como Artur Martorell, Pere Vergés, de las colonias de Vilamar, la República dels Infants, y de tantas otras mujeres y hombres que desde principios del siglo XX comenzaron esta experiencia de las colonias escolares, una idea pedagógica innovadora y transformadora que se explica extraordinariamente bien en el documental La hora de los niños, y también en el libro Colònies de Vilamar, coordinado por Carme Ortoll.Lo que ahora está en juego no es el valor educativo y pedagógico de las colonias sino el hecho de que el colectivo de maestros asuma la gestión desde el voluntariado. Condicionar esta protesta al resto de reivindicaciones para la mejora del sistema educativo reafirma el valor pedagógico.Un punto de inflexión

Quizás este revés puede representar un punto de inflexión para poder frenar esta inercia y poder reflexionar también sobre el sentido de hacer colonias hoy. Las colonias escolares de la República respondían a un contexto determinado, motivado por las condiciones de salud de la infancia en la metrópoli industrializada de la ciudad de Barcelona a principios de siglo XX. Hoy tenemos un país diverso, con escuelas públicas en entornos también muy diversos y con un abanico de familias con recursos económicos y sociales desiguales. En este contexto pienso que no tiene sentido imaginar unas colonias escolares homogéneas e iguales para todas las escuelas, sino que cada equipo de maestros, de acuerdo con las familias que son quienes al fin y al cabo financian el proyecto, piensen qué sentido pueden dar a las colonias, qué oportunidades educativas se priorizan, sean de cohesión de grupo o de conocimiento y descubrimiento de contextos diferentes de los de la escuela, en una experiencia de inmersión real.Y mientras hay este fuego cruzado que nos distancia de manera absurda a maestros, familias, jóvenes y educadores del ocio, hay quien lo mira desde el otro lado con una pasividad indignante que no es propia de su responsabilidad. Sería bueno que los responsables de la administración educativa de hoy tomaran nota de la determinación y del compromiso político de sus predecesores en la ciudad de Barcelona, en la Mancomunidad y durante la segunda República, en favor de la educación y de la infancia.

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