Diario de una doble jornada

"Ir de colonias no es nuestra obligación"

Monitor de esparcimiento.
13/04/2026
Periodista
3 min

De todos los errores que he cometido en mi periplo maternal, que son muchos y variados, también ha habido un gran acierto: apuntar a mis hijos al esplai. Es el esplai del pueblo, se llama Globus Roig, y como todos los esplais educan en el ocio y sobre todo educan en algo enorme: que los más pequeños tengan como referentes adolescentes que les hacen de monitores, que juegan con ellos y que les llevan de colonias a cambio de nada. Volvamos a este concepto para que no se nos pase por alto. A. Cambio. De. Nada. Es la generosidad máxima en un mundo donde los adolescentes tienen fama de no levantar la cabeza del teléfono y vivir en un scroll infinito sin criterio propio. Ponemos en valor este reducto de jóvenes que han decidido hipotecar todos los fines de semana y sus vacaciones para estar con nuestros hijos.

He tenido la suerte de que mi hijo mayor fue “niño” del esplai hasta los dieciocho años (me sigue alucinando que un grupo de segundo de bachillerato fuera al esplai cada sábado) y ahora es monitor, también conocido como moni. Ya sabéis que yo soy maestra y todos sois conscientes de que hay muchísimo trabajo de preparación y de informes que hacemos en casa. Pues no me imaginaba que ser monitor fuera igual e implicase tantísima dedicación fuera del esplai. Aquí pequé de ingenua, sabía que era generoso lo que hacían los monis pero nunca pensaba que lo fuera tantísimo.

No paran de tener reuniones, reuniones online, organizar las comisiones y preparar todos los juegos. Ni os imagináis la logística ni la intendencia que tuvieron que desplegar para ir de colonias. Dedican tantísimo tiempo que a veces estoy tentada de decir algo pero me callo porque es por su bien. No, ahora que lo pienso, no es solo por su bien. Es por hacer un bien a los demás. Y nada mejor que darse a los demás en un mundo donde se habla tantísimo del yo, de los libros “de autoayuda” y del “tiempo para mí”.

También todo mi respeto para las familias que confían en monis como mi hijo, que se marcha vestido con el chándal, cara de sueño, cargado como una mula y con todo a punto para pasar cinco días de responsable de un grupo de menores. En un contexto de padres helicóptero y de exceso de información en los grupos estériles de WhatsApp, confiar en un grupo de jóvenes que te piden “ropa para ensuciar” y “una linterna” supone uno de los retos más importantes de la crianza: saber dejar ir.

El 'pack' de maestro

Entiendo perfectamente que muchos profesores hayan dicho que no a ir de colonias. Por un lado, pienso que los niños necesitan este aprendizaje y que es importantísimo ayudarles a extender las alas en lugar de seguir en el nido. Por otro lado, no se valora lo suficiente la enorme responsabilidad y cansancio que nos supone irnos fuera. Y no me refiero solo en términos económicos. Es como si en el pack de maestro ya se diera por hecho que ir de colonias es nuestra obligación. Y no.

A mí me ha pasado de todo durante los viajes de fin de curso: fiebres nocturnas, mochilas perdidas con toda la documentación, alumnos que se quejan porque están cansados, alumnos que se añoran por las noches. Y no olvidemos que soy de secundaria y tengo alumnos más mayores. Cada año pienso: nunca más. Y cada año vuelvo a ir porque las colonias y los viajes con la escuela dejan un recuerdo tan brutal que creo que merece la pena mantenerlo. Quizás no recordéis las vacaciones que hicisteis hace 10 años, pero... ¿los viajes con la escuela? De estos sabéis incluso con quién compartíais habitación y la ropa que llevabais. Las colonias son un aprendizaje gigante y no puedo estar más agradecida a todos aquellos monitores de los esplais que siguen entusiasmados y aceptan volver cansados, sucios, con calcetines desparejados y con una sonrisa honesta en la cara.

Mi hijo ha ido de niño a monitor. Y espero que este camino le permita seguir creciendo, en todos los sentidos.

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