El consultorio

Desmontando algunos mitos del sueño infantil

Desde que nace un bebé, el sueño es siempre una fuente de preocupación para las familias pero no todo lo que se explica es cierto

ARA
26/03/2026

BarcelonaDormir bien es fundamental, ya que dormir permite al cuerpo y a la mente recuperarse y funcionar correctamente. En el caso de los niños, el sueño adquiere una importancia aún mayor porque es clave para su conocimiento y desarrollo cognitivo. Según explican en la Escuela de Salud del Hospital de Sant Joan de Déu, los bebés y los niños necesitan un sueño profundo y reparador para procesar lo que han aprendido durante el día, consolidar la memoria y desarrollar sus habilidades motoras y emocionales. En la adolescencia, los cambios hormonales propios de esta etapa pueden hacer que tengan dificultades para mantener horarios de sueño adecuados y esto puede tener consecuencias sobre su estado de ánimo y sobre su rendimiento escolar.

Desde que nace un bebé, el sueño es siempre una fuente de preocupación para las familias. En la Escuela de Salud de Sant Joan de Déu han recopilado algunos de los mitos más populares sobre el sueño infantil para ayudar a las familias a discernir qué hay de cierto y qué no. Los reproducimos a continuación:

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Mito 1: no es normal que no duerma de una tirada

Los despertares son normales pero a menudo no lo recordamos y pensamos, erróneamente, que hemos dormido de una tirada, pero tanto niños como adultos nos despertamos durante la noche. Es un mecanismo de supervivencia que tenemos los mamíferos, según explica la neurofisióloga Ainhoa Álvarez Ruiz de Larringa, en un artículo en la Escuela de Salud de Sant Joan de Déu.

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Mito 2: si se cansa durante el día dormirá mejor

Tener mucha actividad durante el día sí que ayuda a dormir pero no el cansancio como tal. De hecho, estar muy cansado hace que sea más difícil conciliar el sueño. Esta profesional alerta que hacer mucho ejercicio físico al final del día nos activa y nos puede hacer más difícil conciliar el sueño. Con respecto a los ronquidos, estos son un signo de obstrucción y no una señal de que se tiene un sueño profundo.

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Mito 3: si le das un biberón cargado de cereales, dormirá mejor

Beber leche siempre se ha asociado con el momento de antes de ir a dormir, ya que quizás por su alto contenido en triptófano, puede inducir el sueño, indican desde la Escola de Salut de Sant Joan de Déu. Pero también añaden que no hay ningún estudio que asegure que el hecho de añadir cereales a la leche produzca un sueño más reparador. Además, comer mucho antes de ir a dormir no ayuda a tener un buen descanso y en los niños, ofrecer un biberón extra con cereales tampoco mejorará el descanso, sino que puede provocar problemas de sobrepeso, alertan.

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Mito 4: si no duerme la siesta, por la noche dormirá mejor

Esta profesional explica que el cerebro de los niños está programado para hacer siesta. Si no hace la siesta, el niño se hiperactiva para resistir el resto del día y esto puede hacer que durante la noche el pequeño duerma peor o le cueste conciliar el sueño porque el cansancio no es sinónimo de dormir más. Pero si la siesta la hace poco antes de la hora de ir a dormir por la noche, entonces sí que puede interferir. Los expertos recomanan hacer la siesta, como mínimo hasta los 5 años, pero no a última hora de la tarde.

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Mito 5: dormir poco los fines de semana no es un problema

Los adolescentes se levantan temprano entre semana para ir a clase y la mayoría están privados de sueño porque el cuerpo les pide dormir más, así que los fines de semana intentan recuperar el sueño perdido y se levantan más tarde. El problema, alertan desde la Escuela de Salud, es que los domingos les cuesta dormir y empiezan ya la semana con déficit de sueño.

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Hábitos de sueño saludables

Cuando se hacen mayores, también es importante mantener una buena higiene del sueño. Un 17% de los niños acuden con sueño a la escuela y un 4% se duermen en clase, según datos del Informe FAROS. En el caso de los adolescentes, un 52% confiesa que asiste a clase habiendo dormido menos de ocho horas, y el 84% tiene dificultades para levantarse, lo que dificulta su rendimiento escolar.

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Irritabilidad, mal humor, depresión, cansancio, dolor de cabeza, menor capacidad para defenderse de enfermedades o falta de concentración son solo algunas de la larga lista de consecuencias que pueden sufrir los menores de edad por no descansar las horas necesarias. Pero las horas de sueño varían en función de la edad del menor. Un bebé debe dormir entre 14 y 18 horas en función de los meses de vida incluidas las siestas, hasta los 12 años debe haber entre 9 y 12 horas de sueño diarias y de los 13 a los 18 años, de 8 a 10 horas.

Unos buenos hábitos alimentarios, la práctica diaria de actividad física, la regularidad de horarios para levantarse y acostarse, o el establecimiento de rutinas relajantes previas al sueño ayudan a tener un descanso reparador.

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