Diario de una doble jornada

La escuela de los ochenta y 'farmear aura'

Me siento un poco como Michael J. Fox embarcado en el DeLorean, con ganas de recuperar la esencia de la educación y volver a poner de moda los valores y los contenidos que nos han hecho crecer en todos los sentidos

28/09/2026 - 11:27 h.

BarcelonaHe empezado el curso viendo publicadas un sinfín de fotos de mis amigos con el pelo cardado y vestidos con los chándales sintéticos de colores flúor típicos de los ochenta. Ha sido una tendencia viral en las redes donde gente de todas las edades ha pedido a la inteligencia artificial una imagen que evoque esta icónica década. Nuestra estética ha cambiado muchísimo, pero ya os aviso de que la escuela mantiene las mesas con las patas de hierro verdoso y un cajón debajo donde todavía se pegan los chicles. Los años pasan, el mobiliario escolar se mantiene.

Quizás este curso lo he empezado un poco más nostálgica, pero analizo cómo han sido las primeras semanas y he observado muchos detalles idénticos a los que viví yo de pequeña. Ya lo decía mi madre: "No tires nada que todo se vuelve a poner de moda". Como siempre, tenía razón. Han vuelto los libros y las libretas y hemos desterrado del todo las pantallas de las aulas. Los alumnos deben entregar los teléfonos a primera hora y vivir en analógico el resto de la jornada. ¿El resultado? El patio se ha llenado de batallas de farmear aura. Mi primer turno de patio lo viví entre asombrada y entretenida con estos combates.

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Por si no sabéis de qué va os lo explico rápidamente. Dos alumnos (la mayoría chicos porque las he visto a ellas un poco más tímidas) se ponen el uno frente al otro y van haciendo pasos de baile o gestos que transmitan estilo y que gusten al público. Saltan, se estiran en el suelo y mueven los brazos mientras el resto lo mira, grita y los anima. La idea es destacar (farming es un término de los videojuegos que quiere decir acumular puntos para subir de nivel) y, por tanto, el ganador es quien consigue tener más aura, es decir, más carisma y seguridad. Si en los años ochenta el estilo se conseguía saltando y cantando sobre las gomas elásticas ahora se hace con pasos aprendidos en TikTok. Vale más que bailen a que estén abducidos por el scroll infinito de su teléfono.

En esta vuelta al colegio he vuelto a ver el logotipo gigante de la goma Milan estampado en el material escolar, el estuche de tres pisos y el perro Snoopy. Pero lo que realmente me ha parado el corazón y me ha hecho recordar a la Magda de los ochenta ha sido ver que la profesora de catalán este año ha recuperado la lectura del Zoo d’en Pitus. Un libro que había releído infinidad de veces y que ahora leerán los alumnos de mi clase. ¿Habrá envejecido mal? ¿Les gustará? ¿Les enganchará y tendrán ganas de leer más? ¿Pasarán de Pitus a La catastròfica visita al zoo de Dicker y de Dicker a Agatha Christie?

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En un momento en que se habla tanto de la poca comprensión lectora del alumnado, acertar la lectura es clave porque para muchos quizás será el único libro entero que se leerán este año. También os aviso de que la comprensión lectora costará mejorar porque os aseguro que hay fragmentos de los libros de texto que no los entiendo ni yo y enunciados de selectividad imposibles de descifrar.

De momento hemos empezado el curso con los alumnos bailando en el patio, un libro clásico en el cajón y quién sabe, quizás conseguiremos llegar a junio recitando de memoria La vaca ciega. Me siento un poco como Michael J. Fox, embarcada en el DeLorean, con ganas de recuperar la esencia de la educación y volver a poner de moda los valores y los contenidos que nos han hecho crecer en todos los sentidos. Porque no hay nada con más aura que la escuela catalana. Ahora y siempre.

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