El instituto público ha castellanizado a mis hijos

Después de que el nivel de uso del catalán en Cataluña esté a punto de entrar en zona de no retorno, creo que debemos abrir definitivamente el debate. ¿Es necesario que el sistema educativo catalán tenga una doble red? Es decir, que se deje elegir a las familias si quieren que sus hijos se eduquen en “imversión” en catalán (excepto en la asignatura de castellano) o en castellano (excepto en la asignatura de catalán). Muchos colegas míos defienden de manera acérrima el modelo actual y yo hasta hace poco aún creía que era la mejor opción porque solo se trataba de desplegar con convicción y valentía la ley que ya teníamos. Pero ni antes ni después de las sentencias se ha seguido una ley que en teoría priorizaba el catalán porque, en todos estos años, en las aulas se han hecho infinitas interacciones en castellano que se deberían haber hecho en catalán. Y esto ha sido así porque nadie lo ha controlado, y menos aún penalizado. Se puede afirmar, pues, que no nos hacen falta sentencias en detrimento del catalán porque el catalán ya se ha recortado solito con múltiples colaboradores, activos y pasivos. Los últimos años he visto cómo el paso por el instituto público ha castellanizado completamente a mis hijos, hasta el punto de hablarnos de manera inconsciente en castellano en casa como proyección de su rutina académica y social. No es ni mucho menos un caso aislado y, por tanto, mi preocupación radica en el hecho de que hemos llegado al punto de que la escuela catalana está consiguiendo justamente lo contrario de lo que pretendía en los años ochenta. Doble red

En el instituto donde trabajo, y no es excepción, todos los alumnos hablan en castellano entre ellos, también en la calle, indistintamente de la lengua que hablen sus padres. La razón es compleja, pero hay factores claramente determinantes: la poca integración en la realidad lingüística catalana de los hijos y nietos de recién llegados de origen español, y la llegada de un grueso muy numeroso de recién llegados de todas partes del mundo (muchos de ellos con el castellano como lengua inicial) que con un margen muy corto de tiempo no se han podido integrar en la catalanidad y, por tanto, lo han hecho en castellano como lengua franca. También, lamentablemente, nos ha perjudicado la tibieza (al menos en la práctica) al defender políticamente la idea integradora del catalán como lengua de los que quieren vivir en Cataluña.

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¿Qué pasaría, pues, si hubiera una doble red donde los padres pudieran elegir la opción en catalán? Pues que los docentes y las familias podríamos exigir este compromiso lingüístico de manera firme e irrenunciable. Y que quedara protegido de interpretaciones e injerencias legales. Quizás así mis hijos aprenderían muchas lenguas. No queremos renunciar a ello, pero al menos en el instituto interactuarían en catalán y no lo perderíamos ni en casa ni con las amistades. Si cae esta generación de catalanohablantes, perdemos el futuro. Necesitamos jóvenes que den relevo al catalán de manera natural, que se sientan orgullosos y que lo utilicen en todos los ámbitos de la vida. Lo más irónico sería, estoy seguro, que la mayoría de las familias, de diferentes orígenes y lenguas, elegirían preferentemente la opción del catalán. Porque, por mucho que no lo quieran algunos, la lengua idiosincrásica de Cataluña es la mejor para acoger, integrar, prosperar, amar la tierra y levantar el país.