Recuerdos de mi escuela

Roc Casagran: "Me gustaban los profes que hablaban de la actualidad y dejaban caer reflexiones"

Al ganador del Premio Sant Jordi de novela 2024 le gustaba leer, escribir y el cálculo mental, cosa que demuestra que no hace falta parcelar los aprendizajes

27/08/2026 - 20:39 h.

El escritor y profesor de secundaria Roc Casagran no tiene muchos recuerdos de la escuela primaria. Lo resumiría en unos años que se lo pasó bastante bien, jugaba y disfrutaba con los amigos, “que es de lo que se trataba”, apunta, y iba aprendiendo de los maestros: “Apenas recuerdo actividades concretas, excepto los ejercicios de cálculo mental, que me gustaban mucho. Allí lo importante era la velocidad, nos ponían 10 problemas de cálculo mental y tenías que responder rápidamente”. Le sorprende tener presente justamente eso, teniendo en cuenta que después se ha decantado hacia las letras. “Ya sabes que los adultos tendemos a parcelar los aprendizajes, pero a mí me gusta y me gustaba leer y escribir y también el cálculo; no es incompatible”, asegura. Hasta primero de primaria estuvo escolarizado en la Escola Nostra Llar de Sabadell. Los padres sí que le han hablado varias veces de las maestras que tuvo, unas profesionales maravillosas con las que se inició en el proceso de la lectoescritura. “Una lástima no recordarlas, porque de ellas aprendí mucho”, comenta. Después fue a la Escuela Joanot Alisanda, una escuela con un patio enorme en comparación con la anterior, y que aprovechaba para jugar al fútbol: “Siempre me quedaba a comer; esto suponía tener más tiempo para jugar y hacer lo que queríamos. Jugar, sudar y pasarlo bien”. Lo que tiene muy presente de esta etapa es cuando descubrió Paco Ibáñez y la poesía en general. “Debía ser en tercero o cuarto de primaria, en la clase de castellano que nos pusieron una canción de Paco Ibáñez, y me encantó”, reconoce. Así como de la primaria es incapaz de decir el nombre de algún profesor que recuerda, de secundaria, en el Institut Pau Vila, también público y también de Sabadell, ya tiene más recuerdos. Aquí ya tiene más presentes las clases de los profesores de lengua en general, y más en concreto las de Antoni Dalmases, que también es escritor: “Él era de los que no solo te hablaban de lengua y literatura. Me gustaban mucho los profes que dedicaban tiempo a otros temas que no eran propiamente la asignatura, hablaban de la actualidad y dejaban caer reflexiones”, comenta. Entonces le parecía que quizás no venían muy a cuento, pero, aun así, le interesaban los “contenidos” menos académicos y sobre todo que los trataran no como a niños pequeños, sino como a casi adultos. Otro de los profesores que iban más allá de los contenidos era el escritor y profesor de latín, Antoni Pladevall, con quien hablaban de actualidad y política.

Está convencido de que, ahora como profesor, aunque sea de manera inconsciente, intenta hacer como los docentes que le gustaban. Cree que la mayoría trabajaban con la fórmula del ensayo-error: “A mí me gusta dar la materia e intentar vincularla con el día a día y nuestra sociedad. Esto, a veces implica salirse un poco del temario y escuchar a los alumnos”, explica. Y todo esto lo combina con la exigencia. Después de años de experiencia, ha llegado a la conclusión de que los adolescentes valoran que el profesorado sea justo, aunque sea exigente: “Este es el recuerdo que tengo como alumno y lo que intento hacer como docente”. Aparte de aprender en la escuela, el esplai era una fuente de aprendizaje importante. “Aquí es donde estabas en contacto con la naturaleza y te espabilabas deprisa y solo, sin el cojín de los padres. Era otra manera de crecer, más libre”, explica. Es incapaz de recordar el nombre de alguno de los monitores, pero reivindica la educación en el tiempo libre. De hecho, cuando fue mayor fue monitor de casales y de algunos campamentos. Además del esplai, hacía otras actividades. Había hecho talleres de carpintería y bricolaje, donde aprendió unos conocimientos que asegura haber olvidado completamente. De lo que sí tiene muy buen recuerdo es de las extraescolares deportivas que hacía, fútbol y tenis de mesa. Con el fútbol empezó cuando ya iba al instituto: “Conocí un mundo bastante diferente; era una especie de universo paralelo que no tenía nada que ver con el ambiente del esplai. Un reflejo de la sociedad diversa en la que vivimos, y la evidencia de que en todas partes podemos aprender cosas”, concluye.