Cuando vestirse de adulto comienza de pequeño
Cada vez la ropa esquiva antes los motivos y estilo infantil para parecerse más al patronaje adulto
BarcelonaEn casa Marta, con dos niñas, la ropa no ha supuesto un gran gasto. A lo largo de toda la infancia han ido aprovechando todo lo que ha dejado de hacer servicio a las hijas de los amigos o primas. Les ha llegado por los descosidos y, por eso, ya de pequeñas, ambas niñas, han podido escoger qué les gustaba y descartar lo que no. Los compraban, tan sólo, las piezas más básicas como son las mallas, que difícilmente pueden heredarse. Tanto la mayor, de 12 años, como la pequeña, de 8, han coincidido desde hace unos años en una cosa: no han aprovechado los pantalones de tubo porque, aparte de no encontrarlos cómodos, los han llegado cuando ya se vuelven a llevar los pantalones anchos o acampanados.
Aunque ir de tiendas no haya formado parte de las actividades habituales de la familia, la moda también les ha acabado marcando y condicionando el estilo: la pequeña se espabila para ponerse lo que se puede aprovechar en una combinación "poco infantil", mientras que la mayor ha empezado a descubrir el universo que hay alrededor de lo que ahora se llama outfits. De tamaño pequeño y viviendo en un pueblo con poco acceso a tiendas de ropa, su incursión en el mundo de la moda ha empezado por las líneas teen de las grandes marcas, donde puede encontrar ropa de su talla con patronaje y estilos propios de los adolescentes (o incluso de adultos).
La irrupción de las líneas 'teen'
Las líneas teen han formado parte de la estrategia que hace unos años se ha extendido entre grandes cadenas para satisfacer las necesidades entre el público objetivo de la ropa infantil y el público adulto. En Mango, por ejemplo, se abrió en 2021 y en pocos años ha experimentado un gran crecimiento. Se ha popularizado entre los adolescentes y los preadolescentes que quieren vestirse para parecer mayores, una tendencia que afecta también a algunas tallas más abajo: los motivos y el patronaje infantil parecen empezar a desaparecer. Cada vez la ropa evita antes los motivos y estilo de niño y niña y se asemeja más a la de adulto.
"Si las marcas apuestan por estas líneas es porque hay demanda, que se retroalimenta" dice Ana Isabel Jiménez-Zarco, profesora de los estudios de economía y empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Jiménez-Zarco recuerda que la adolescencia ha sido siempre una etapa de imitar comportamientos y estilos de adultos, pero reconoce que actualmente se ha avanzado unos años y ya se da entre los diez y los doce años, sobre todo entre las niñas. "Dan un cambio muy grande y comienzan a copiar comportamientos de chicos y chicas; la ropa es una manera de manifestarlo", dice Jiménez-Zarco.
El paso al instituto, un cambio
Mar y Dídac son también un ejemplo de esta evolución. En primaria llevaban ropa sin demasiados miramientos y fue entrar en la secundaria, a doce años, y cambiar radicalmente. Su madre explica que Mar a lo largo de toda la ESO ha pasado por diferentes facetas y ha pasado de comprar a las grandes cadenas a ser más selectiva, ahora que ya está terminando bachillerato. Pero durante los años anteriores, de un curso para otro quería renovar el armario porque renegaba de lo que tenía y no se veía nada. "Yo y muchas de mis amigas cambiábamos de estilo al cabo de un año porque nos adaptábamos a las modas", dice Mar, que durante este tiempo utilizó las plataformas de ropa de segunda mano para sacar provecho de los elementos del armario que ya no quería.
El Dídac es cerca de tres años menor, pero también tiene claro cómo quiere vestir: "ropa casual, pero elegante y combinando colores". Tiene identificados los diferentes estilos de la clase (otakus, pijos, canis…) y reconoce que por él, eloutfit es importante. "Las camisetas de fútbol dan aura, te hacen interesante", dice. Él no quiere parecer un niño, sino un adulto y, por eso, no quiere comprar ropa en la sección infantil. El mundo de la moda lo sabe y, también por eso, la talla 16 ha desaparecido de la mayor parte de catálogos o ha mutado hacia una XXS.
Marcas a contracorriente: el caso de Bobo Choses
Este contexto se encuentra, sobre todo, en las grandes marcas de ropa propiedad de grandes grupos textiles, pero en el mercado existen algunas marcas que se mantienen fieles a una filosofía concreta que las diferencia e identifica. Es el caso de Bobo Choses, que plantea colecciones cada año a través de un cuento que acompaña a todo el universo de la temporada. "Para nosotros, la ropa es un apoyo para narrar, jugar y soñar", dice Adriana Esperalba, CEO y fundadora de la marca nacida en Mataró. Por eso, destacan por un estilo lleno de colores, estampados y formas fácilmente identificables. "La creatividad es uno de los pilares de la marca, así como los procesos de producción sostenibles y éticos".
Ellos mismos se describen con un estilo "artístico, atrevido y original" que se aleja tanto de los patrones clásicos infantiles como de la de adulto. En este sentido, Esperalba cree que es cierto que existe una tendencia a la "miniatura de la ropa de adulto" pero también piensa que ha estado siempre. Sin embargo, desde su marca intentan reflejar la idea de que la infancia es "una etapa única en la vida" y por eso priorizan la comodidad y la imaginación. "El objetivo es crear piezas que respeten y fomenten la identidad infantil, cuyo diseño atemporal no dependa de modas pasajeras", dice la fundadora de Bobo Choses. En Bobo Choses se pueden vestir a niños y niñas hasta la talla 12/13 y, así, abarcan una parte importante de la preadolescencia, pero también son conscientes de que esta edad es "de transición" y proponen un estilo "puente" entre la moda infantil y la adulta. "Entendemos que hay cierta ruptura y descubrimiento de una nueva identidad", dice Esperalba, "a mis hijos les ha pasado y ahora vuelven a querer vestido Bobo de vez en cuando".
Cuando las marcas entran en juego
La madre de Mar y Dídac también observa otros pequeños fenómenos en torno a la forma de vestir. Sus hijos quieren bastante ropa para no repetir combinación en toda la semana de clase. Lo ven como una muestra de estatus y, relacionado con esto, a lo largo de la secundaria, han empezado a pedir marcas, sobre todo en la ropa de deporte. "Si tienen ropa Decathlon hacen que no se vea o no se note, pero si pueden, quieren llevar a Adidas, Nike o la marca que sea", lamenta la madre, que lo ve una consecuencia más de la presión estética a la que están sometidos los hijos de toda esta generación y la importancia que se da al aspecto físico y que también se extiende a los complementos.
Pero fijarse en las marcas no es exclusivo de los adolescentes, sino que se da ya en edades mucho más precoces. Jiménez-Zarco fija en torno a los diez años el momento en que niños y niñas toman conciencia de su existencia y su significado y justifica el "sentido de pertenencia" que conllevan. "Si tú quieres formar parte de un grupo vistes y gastas las marcas que le identifican", recalca, "la marca es un código de pertenencia".
La profesora de la Universidad de Barcelona Núria Aragonès, experta en historia de la moda, señala también la "validación social" como clave para entender el fenómeno de las marcas. Recuerda que se ha dado en muchas etapas anteriores de la historia de la moda y recalca que en los niños es porque les resulta fácil reconocer un logotipo, unos colores e incluso asociarlo a un concepto "que represente lo que quieren ser". "En los años 80, Levi's y Nike empezaron a identificarse con un estilo de vida juvenil y rebelde", ejemplifica Aragonés. Añade que entonces quizás se identificaban estas marcas con una tribu urbana y que ahora, en cambio, en la época de la globalización, son las redes sociales las que mandan. "La idea, sin embargo, es la misma de crear comunidad", detalla Aragonès, "donde tú puedes sentirte excluido o incluido".
Que los jóvenes hayan tenido interés por las marcas así como por parecer más adultos en la forma de vestir quizás ha pasado siempre, pero la época actual tiene un rasgo diferencial que acelera mucho más ciertos cambios y, sobre todo, los uniformiza. Mar, de diecisiete años, explica que su estilo lo ha configurado, también, después de ver qué llevan ciertos influencers tanto del sector de la moda como de otros ámbitos. Su hermano, Dídac, también se fija en vídeos de gente famosa en TikTok o Instagram que muestran qué se han comprado y dónde lo han hecho. Es una consecuencia lógica que, curiosamente, parece tener también una versión en la otra dirección: padres y, sobre todo madres, que quieren vestir como sus hijos y, sobre todo, hijas. La historiadora experta en moda Núria Aragonès lo identifica como el fenómeno del "minijo", es decir, enseñar a los hijos vestidos iguales a las redes sociales con un claro componente emocional. "Es una puesta en escena de los mismos adultos que acaba haciéndose viral", dice Aragonès. Es un movimiento del que apenas ahora empieza a hablarse, pero que puede ser un efecto más de la fast-fashion, que ha promovido una versión infantil de la ropa de adulto que se ha popularizado a través de las redes, pero que se han apuntado marcas de todo tipo.
También Bobo Choses. "Nuestra línea de mujer surgió de la demanda de las clientas, que querían vestirse con la misma filosofía de la marca", explica la fundadora Adriana Esperalba, quien sitúa parte de su éxito al haber creado una comunidad de familias "con quienes comparten valores". En este caso, las colecciones han ido evolucionando e incluso se han encontrado a mujeres que han conocido la marca de moda de mujer por primera vez, y no desde la colección infantil, y que les buscan como una marca "que aporta un toque de color, personalidad y originalidad a sus armarios".