Exposiciones

'Código Gaudí': la realidad virtual hace más genial a Antoni Gaudí

'Código Gaudí' inaugura el Espacio Imagina de Mediapro y aporta novedades sobre los proyectos no realizados del arquitecto

21/09/2026 - 16:51 h.

BarcelonaSe oye un grito de admiración y maravilla. "¡Guau!", exclama una persona que lleva puestas unas gafas de realidad mixta. "Qué pasada", insiste. Acaba de entrar en el llamado Taller XR de la exposición Código Gaudí. Una experiencia inédita, que se puede visitar hasta el 8 de enero en el nuevo Espacio Imagina de Mediapro, en el número 177 de la Diagonal de Barcelona. Antes del grito, ha estado curioseando y tocando virtualmente una herramienta que reproduce una de las técnicas que utilizó Antoni Gaudí (1852-1926) para diseñar la estructura de la Sagrada Familia... y acto seguido la realidad virtual le muestra una caída vertical por la nave del templo. ¡Guau!, efectivamente. Teoría y práctica en dos movimientos. Es, sin duda, uno de los momentos más espectaculares de una muestra comisariada por Galdric Santana, director de la Cátedra Gaudí de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), y desarrollada por Mediapro Xperiences, que ha invertido tres millones de euros para realizar la muestra y poner en marcha este nuevo espacio expositivo en Barcelona. Las entradas para Código Gaudí cuestan 17,50 euros (miércoles, jueves y viernes), 23 euros (sábado y domingo) y 12,50 euros (lunes). Las de los menores de 4 a 12 años: 13,50, 18,50 y 12,50 euros. Los menores de hasta 3 años entran gratis.

"Ahora todo el mundo sabe quién es Gaudí, pero no lo conoce. Esta exposición permitirá conocerlo", dice Santana. Bueno, conocerá de manera muy didáctica y comprensible la manera de trabajar del arquitecto de Reus, "un método basado en la observación y en la ciencia y la tecnología del momento". O en términos más comerciales, "un código". El título de la exposición no esconde la influencia de la novela El código Da Vinci, de Dan Brown, pero en vez de juegos esotéricos, linajes legendarios y autoindulgencia literaria, Santana propone en ella espectáculo y ciencia para construir una muestra que tiene muy presente una realidad abrumadora. "Barcelona es la mejor sala de exposiciones de la obra de Gaudí", dice. Por eso Código Gaudí debe ser necesariamente una cosa diferente, e incluye el resultado de las últimas investigaciones del mismo comisario sobre cuatro proyectos que Gaudí no llegó a construir: el Hotel Attraction de Nueva York, las misiones franciscanas de Tánger, el paraninfo de la Universidad de Barcelona y la fuente de la plaza Cataluña.

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En la exposición, la explicación científica se despliega de manera visual, con detalles muy bien elegidos de las obras (los arcos, por ejemplo), y recordando las innovaciones tecnológicas, como la fotografía, que Gaudí incorporó a su taller. "La geometría, la funcionalidad y la belleza del simbolismo son las tres líneas argumentales", dice el comisario, tanto de la muestra como del trabajo de Gaudí. Los tres conceptos guían la visita de principio a fin. Según Santana, el método es especialmente relevante para entender a Gaudí, un arquitecto que "no varió nunca la metodología", lo cual explicaría una genialidad asociada al rigor técnico y científico. Obviamente, Santana no deja de lado el impacto estético y la imaginación gaudiniana, pero las relaciona con la funcionalidad. Y a veces estira la tesis quizás demasiado, como cuando a propósito de la fuente de la plaza Cataluña —pensada como monumento transitable, no meramente contemplativo—, Santana considera a Gaudí "un precursor de la sostenibilidad". "Es un proyecto que hoy sería un magnífico refugio climático", dice.

Manos al taller

Código Gaudí premia la curiosidad, y no es extraño dedicar más de una hora a la visita. El recorrido por el Espai Imagina, de 1.200 m2, comienza con un contexto histórico muy pertinente y muy bien resuelto, con una línea de tiempo que incluye hitos de la biografía de Gaudí, avances científicos (la invención de la Tabla Periódica) y técnicos (la primera proyección cinematográfica) y acontecimientos culturales (el estreno de la ópera Parsifal, de Richard Wagner). El segundo ámbito, La font de la creació, funciona como síntesis teórica de lo que vendrá después, pero lo hace desde la práctica, como por ejemplo con un juego de espejos que permite entender la geometría de la luz, con una caja que muestra imágenes en relieve de la Barcelona de finales del siglo XIX y principios del XX, y con fotografías de elementos como los pináculos, "la verdadera firma arquitectónica de Gaudí".

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Acto seguido llega la joya de la corona: Taller XR, una magnífica demostración de las bondades de la realidad mixta, porque se visita con unas gafas que combinan la realidad virtual y la real. Es decir, las gafas no aíslan del entorno. Se trata de caminar por la sala y detenerse, sin ningún orden fijado previamente, delante de mesas donde hay objetos con los que se puede interactuar virtualmente. Hay uno que permite entender cómo Gaudí utilizaba el arco catenario, el funicular, el elíptico y el parabólico, y al final muestra ejemplos concretos. También hay mapas que generan, virtualmente, la geografía de la obra gaudiniana... Es una sala fascinante para grandes y pequeños. "La tecnología no es la base de la exposición, sino que está al servicio de la exposición, que es algo que echo de menos en otras experiencias inmersivas", dice Santana. Efectivamente, la realidad mixta hace todavía más genial a Gaudí. Y hace exclamar "¡Guau!" diversas veces.

Después de una sala más artística, Gaudí a través de los elementos, hay el espacio de realidad virtual más convencional que, eso sí, aporta las novedades sobre los proyectos no construidos. El inconveniente formal es el de siempre en experiencias inmersivas sobre arquitectura: la realidad impone una narrativa, una manera de vivir el espacio, que no permite la contemplación desde diferentes perspectivas que facilita una maqueta en 3D física y una virtual que ofrezca más de una perspectiva o aproximación visual. En este ámbito, la información que desvela Santana tiene que ver sobre todo con las dimensiones y el uso de las misiones franciscanas de Tánger y el Hotel Attraction de Nueva York, construcciones de las cuales solo se conservan una fotografía de un dibujo y algunos planos, respectivamente. En el primer caso, el estudio de la UPC sobre la planimetría, la geometría reglada y el ángulo de las sombras del dibujo ofrece una reconstrucción virtual y asegura que una de las figuras que corona un pináculo es san Francisco. Con respecto al hotel, Santana explica que no era tan alto como se había dicho y propone la teoría según la cual era mucho más que un hotel, porque también estaba pensado como espacio expositivo. "Cuarenta años antes que el Guggenheim de Nueva York, diseñado por Frank Lloyd Wright, Gaudí ya proponía una navegación en espiral", dice Santana con entusiasmo.