Luz verde para recuperar el icono olímpico de Enric Miralles y Carme Pinós
El pleno del Ayuntamiento de Barcelona aprueba una proposición de BComú para reconstruir el edificio derruido de las instalaciones de tiro con arco
BarcelonaLas instalaciones de tiro con arco de los Juegos Olímpicos de Barcelona, de Enric Miralles y Carme Pinós, son una de las obras más icónicas de la arquitectura catalana de las últimas décadas. Al mismo tiempo, también es un caso paradigmático del camino pendiente para que las administraciones valoren plenamente la arquitectura contemporánea y, en su caso, la patrimonialicen. A raíz del derrumbe que se produjo en el Carmel en 2005, la empresa pública GISA demolió en 2008 uno de los dos pabellones del edificio, el de competición, durante las obras para hacer un nuevo túnel de maniobras de la L5 del metro, con el compromiso de reconstruirlo. Un compromiso, hasta ahora, incumplido. Pero ahora la solución podría venir por la vía municipal: el pleno del Ayuntamiento de Barcelona acaba de aprobar, con la abstención del PSC y el resto de votos favorables, una propuesta de BComú para rehabilitar los vestuarios y el bar de los campos de fútbol y rugby de la Teixonera e integrar allí el edificio de competición del tiro, cuyas piezas están abandonadas en un solar cercano desde hace diecisiete años. Pero según ha podido saber el ARA de fuentes conocedoras del caso, el gobierno municipal no tiene la intención de reconstruir el edificio.
Las últimas noticias sobre la recuperación del edificio de competición estaban inscritas en las intervenciones en el solar cercano de la Llosa de la Vall d’Hebron: estaba previsto que el departamento de Territori sí que cumpliera su compromiso coincidiendo con las obras de un edificio de consultas externas del Hospital Universitario Vall d’Hebron y la edificación de la nueva sede de la Agencia de Salud Pública de Barcelona en el solar de la Llosa de la Vall d’Hebron, un hecho que permitiría ahorrar recursos. Este martes Bonet ha dicho que en este mandato han puesto en marcha la "transformación integral" de este ámbito, con la aprobación de las modificaciones del Plan General Metropolitano (MPGM) de la Teixonera, que incluye actuaciones como el cubrimiento de la ronda de Dalt.
Actualmente, dentro de este mismo proyecto está en curso la fase "clave" de la nueva ordenación de los espacios públicos en el entorno de la Llosa de Vall d'Hebron. Antes de finales de año está previsto impulsar la licitación para unas obras que permitirán introducir nuevos usos ciudadanos y ordenar el espacio público, donde se deberán integrar las piezas del edificio de competición. Pero Bonet no ha especificado si el edificio se reconstruirá en este lugar. "Es evidente que hemos ido tarde, y hemos ido todos. Queremos que esto se resuelva de una vez por todas y que se haga poniendo en valor la práctica deportiva y al mismo tiempo la recuperación del patrimonio llenándolo de vida, que es lo que se merece el patrimonio arquitectónico de esta ciudad", ha afirmado Pau González, de BComú.
Unas instalaciones degradadas
La propuesta se ha aprobado más por la parte de los servicios que por la arquitectónica: los comunes señalan que la institución que gestiona las instalaciones, la Fundació Marcet, no presenta ningún balance desde 2019 y que acumula sanciones de 32.000 euros por infracciones graves, incluyendo presencia de ratas, y el Síndic de Greuges ha concluido dos veces que se ha vulnerado el derecho a practicar el deporte en condiciones óptimas. Actualmente, "más de 1.700 usuarios continúan sin agua caliente, con gradas cerradas por riesgo estructural y sin espacio de encuentro", dicen los comunes. Ante esta situación, el gobierno municipal sigue sin intervenir más allá de imponer "sanciones leves", lamentan.
Después de escuchar la propuesta, la primera teniente de alcaldía, Laia Bonet, del PSC, ha reprochado a los comunes que no intervinieran durante los ocho años que gobernaron, y ha reconocido que los edificios forman parte "del mejor legado arquitectónico de la ciudad". Pero acto seguido ha hecho un llamamiento al rigor: "Hay condicionantes técnicos y de gestión que no son menores y que hay que abordar. Hablamos de quién debe asumir el proyecto, de cómo se resuelven las legítimas consideraciones sobre autoría, de qué uso concreto deben tener estos espacios, de qué modelo de gestión debe garantizar el buen funcionamiento. Además, hay una realidad urbanística previa que hay que tener en cuenta", dice Bonet.
Tal como estaba previsto en el acuerdo para desmontar el edificio, Carme Pinós entregó el proyecto de reconstrucción, con un presupuesto actual de 3,7 millones de euros. Pero pocos años después los hechos dieron un giro inesperado: en 2013 GISA convocó un concurso, que ganó el despacho del desaparecido Moisés Gallego, para construir unos vestuarios que ocupan el lugar del antiguo pabellón. Este proyecto estaba vinculado a un convenio tras la aprobación del Plan Especial Urbanístico y de Mejora Urbana de 2015, que definía tres fases de desarrollo. "Solo se ejecutó la primera. Por lo tanto, partimos de una actuación incompleta que, además, ha modificado los límites de la concesión y condiciona cualquier intervención futura. Esto nos obliga a abordar el conjunto de la instalación con una mirada global, no fragmentada", explica Bonet.