Smiljan Radić: "La responsabilidad política de un arquitecto es hacer un buen edificio"
El último ganador del premio Pritzker habla de sus obras frágiles en el congreso de arquitectos de la UIA
BarcelonaGanar el premio Pritzker, el Nobel de los arquitectos, puede ser abrumador. "Fue una buena sorpresa, y ha significado una gran cantidad de trabajo, pero no de arquitectura, sino de hacer entrevistas e impartir conferencias", afirma a l'ARA el ganador de la edición de este año, el chileno Smiljan Radić (Santiago de Chile, 1965). "También me ha traído una gran cantidad de cosas negativas, en el sentido de que he tenido que decir que no a muchas cosas, porque no tengo tiempo, y porque no quiero perder determinadas prácticas que son importantes, como diseñar o sentarme delante de un ordenador a trabajar. Entonces aparece una especie de mediación, o de juego, entre lo que la realidad me ofrece y que realmente puedo aceptar".
Radić tiene muy claro que no quiere cambiar su manera de hacer. "En la oficina somos cinco personas, no quiero tener diez. Puedo tener seis, pero no diez. Hay números críticos que serían totalmente diferentes en cualquier otra organización, pero en un despacho de arquitectura son importantes. En realidad son cosas que se dan de manera natural, porque no las puedo hacer de otra manera", asegura.
El arquitecto chileno es uno de los ganadores más excepcionales del palmarés histórico del Pritzker: el jurado lo premió por unas obras que están "en la encrucijada entre la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural". "Sus edificios parecen temporales –dice también el acta–, inestables o deliberadamente inacabados, casi a punto de desaparecer, y, sin embargo, ofrecen un refugio estructurado, optimista y discretamente alegre que acoge la vulnerabilidad como una condición intrínseca de la experiencia vivida".
Arquitectura y poesía
Radić estuvo en Barcelona el miércoles para participar en el congreso mundial de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA). En un momento en que los arquitectos buscan soluciones a los grandes desafíos globales, Radić puede parecer un poeta o un alquimista. "La imaginación y la poesía se quedan en el diseño, que es parte integral del problema. Si se quiere, el diseño puede promover una lectura distinta de la realidad, pero también puede volver a promover la que se ha repetido 20.000 veces", explica. "No creo que todos los términos como sostenibilidad, ecología y colectivismo sean globales, sino particulares. Dependen de cada contexto, de la manera como funciona la sociedad. Esto que digo es algo muy obvio y evidente, pero no siempre se tiene en cuenta. Y no es posible aplicar las mismas normativas, las mismas maneras de ver el mundo en cuanto al diseño, a todo lugar y de la misma manera", advierte.
Y en un mundo tan convulso como el de hoy, ¿qué papel deben jugar los arquitectos? "Como arquitecto, uno ha de tener una cierta conciencia política como ciudadano. Amo mucho la disciplina, pero no sé si «Demos el poder a los arquitectos» es un buen eslogan, quizás en algunos lugares lo es", señala. "Siempre digo que la responsabilidad política de un arquitecto ha de ser hacer un buen edificio, en cualquier lugar y lo mejor posible. Un edificio es un artefacto que ha de funcionar bien en un entorno y en un contexto determinados, y crear un imaginario que la gente pueda habitar de una buena manera", remacha Radić.
Entre las obras más conocidas de Radić se encuentran la Casa del Poema del Ángulo Recto y el pabellón de la Serpentine Gallery del año 2014. Ambos recuerdan unas conchas gigantescas, sin que aparentemente tengan un uso muy definido. "No me gusta el calificativo de transgresor, porque suena como si quisiera violentar algo, y, en realidad, hago lo que hago porque es lo único que puedo hacer. No es una impostura. No me interesa llegar a algo raro, especial o extraño. No es que esté buscando un eslogan o una forma de hacer reconocible, es que no puedo pensar de otra manera", asegura.
El proyecto barcelonés del Pritzker
Uno de los proyectos que Radić tiene entre manos es en Barcelona: el nuevo Palacio Multifuncional en la Feria de Montjuïc, junto con Miquel Mariné, Beatriz Borque y César Rueda. "Los proyectos son como una especie de juego. Primero está el bagaje que llevas, las obsesiones y los prejuicios. Por otra parte, los inputs que vienen del contexto. Y este bagaje personal lo interpretas de una manera determinada para un cliente determinado. En este sentido, el mundo es bastante irremisible. No en el sentido catastrófico, sino que es lo que te viene dado, y tienes que enfrentarte a ello y saber moverte. La arquitectura hace un trabajo de modeladora", explica Radić.
En cuanto al palacio de la Feria de Montjuïc, uno de sus objetivos es que "el tejido urbano entre dentro del edificio, y que no sea una caja ciega en medio de la ciudad". De hecho, Radić todavía está descubriendo la capital catalana. "Barcelona continúa siendo un misterio; yo vengo y me pierdo en ella. No es que tenga una idea clara de la ciudad, no conozco los barrios, no los sé, pero sé que camino y que puedo perderme con bastante tranquilidad. Por eso mismo creo que es una muy buena ciudad. Aunque no tiene nada que ver, me produce una sensación similar a Londres".
Curiosamente, la primera revista de arquitectura en la que Radić fue un número monográfico fue en la revista El Croquis, dedicado a Enric Miralles y Carme Pinós. Más adelante conoció a Benedetta Tagliabue e hizo su propio ejemplar de la mesa Ines-Table. "Aquella revista fue extremadamente importante, me interesó como algo que te produce extrañeza y que te atrae sensual, emocionalmente. Entonces tuve ganas de relacionarme con Enric Miralles, más bien como un fan, pero sin ser un fan".
La editorial barcelonesa Puente Editores ha publicado dos recopilaciones de escritos de Radić. Habitaré mi nombre (2022) habla de la vivienda colectiva en Chile como una arquitectura "anormal", una idea que se puede aplicar en otros lugares. "En general se piden unos estándares técnicos de aislamiento, soleamiento, vecindad e infraestructuras públicas, que forman parte de la arquitectura, pero que no son la arquitectura –señala Radić–. Tampoco son arquitectura como resultado final, sino como punto de partida". Estos requisitos reflejan cómo los gobiernos abordan la problemática de la vivienda pública desde un punto de vista cuantitativo y no cualitativo. "Cada vivienda es un refugio que acoge la manera única de vivir de una persona determinada, aunque se puedan estandarizar", dice el arquitecto.