El arte como una revelación de Teresa Gancedo
El Espacio Vayreda de Olot arranca con una exposición de la artista leonesa establecida en Barcelona
BarcelonaLa artista Teresa Gancedo (Tejedo del Sil, 1937) tiene un pie en este mundo y otro en el de las ideas. Con materiales a menudo humildes, Gancedo se proyecta en un mundo espiritual lleno de insectos, flores y ángeles, tal como se puede ver en la exposición que le dedica el Espai Vayreda de Olot hasta el 12 de abril. Esta muestra es la primera de la Vayreda Fundació. "Al entrar en el estudio de Teresa percibí una atmósfera filtrada y un tiempo ralentizado, semejante, quizás, a lo que subyace en el interior de un templo en el que nuestra presencia deviene evanescente, ingrávida incluso", recuerda la comisaria de la muestra y directora artística de la sala, Natàlia Chocarro.
"La luz tamizada y ligeramente oblicua del otoño se deposita discretamente sobre un cúmulo de objetos que reposan sobre una gran mesa central. Son cachivaches de todo tipo: bolas y formas de zapato de madera, papeles de todo tipo, fotografías recortadas, lápices, rotuladores, tijeras… que, en el transcurso de los días, acaban iluminando sus pinturas", explica Chocarro, que relaciona la atmósfera de las obras de Gancedo con las de maestros antiguos como Vermeer y Fra Angelico. "La obra de Teresa Gancedo se alza como un territorio liminar donde la pintura deviene no solo un gesto, sino también la revelación de una búsqueda constante. Ante el murmullo devenido de las corrientes dominantes, Gancedo ha construido un refugio perceptivo donde cada forma adquiere la gravedad de un símbolo que, emplazado en el paisaje pictórico, asume una intención poética. Su obra, más que contemplarse, pide ser auscultada, porque solo en su latido, en el impulso incesante de su palpitación, seremos capaces de sentir su verdadera naturaleza", explica la comisaria.
La misma Gancedo afirma que, ante un objeto, no lo ve sencillamente como una cosa, sino que va más allá y piensa en el propietario y en los sentimientos de esa persona desconocida. "Me esfuerzo por captar la realidad, asumirla e interiorizarla. Busco la fusión de la realidad externa y la interna sentida", dice Gancedo. Así, en sus obras de los años noventa se pueden ver unas composiciones con simetrías que evocan "montajes litúrgicos y que se sitúan a medio camino entre la iconografía ortodoxa oriental y el surrealismo". Nacida en plena Guerra Civil, los padres se habían trasladado de Madrid al pueblo de Tejedo del Sil, donde pasaron unos cuatro años. Fue allí donde estuvo en contacto con una naturaleza que más adelante se filtró en su pintura.
Cuando era una adolescente, Teresa Gancedo tenía una vocación artística tan fuerte que pintaba en clase y la acababan expulsando de la escuela. Así que el padre acabó reaccionando y le buscó un profesor de arte, Josep Beulas, que la animó a continuar. Cuando se casó, su formación quedó interrumpida. El matrimonio se trasladó a Barcelona, y cuando los dos hijos fueron mayores, Gancedo ingresó en la Escola Massana para continuar los estudios. La primera exposición la hizo en 1972 en la Sala Provincial de León, presentada por el poeta Antonio Gamoneda. En los años ochenta consolida un repertorio simbólico propio y destaca la participación en la exposición New images from Spain, presentada en Nueva York en el Spanish Institute y en el Museo Guggenheim en 1980, y posteriormente en el Museo de Arte Moderno de San Francisco. La obra de Teresa Gancedo forma parte de colecciones destacadas como las del MoMA y el Guggenheim de Nueva York, el Museo Reina Sofía de Madrid y el Macba.
El arte como un espacio de contemplación
La exposición de Teresa Gancedo en Olot es la primera de un ciclo de cuatro muestras dedicadas a mujeres artistas visionarias que continuará con Magda Bolumar, Josefa Tolrà y Joana Cera. El título del ciclo, Verònica, hace referencia a la idea de vera icon, la “imagen verdadera”, y a la noción de una imagen que no solo se representa, sino que se revela "por contacto, como una huella". “El proyecto propone un viaje íntimo por los itinerarios artísticos de cuatro creadoras que se aproximan al mundo desde una perspectiva única y que establecen un vínculo profundo entre práctica artística y experiencia vital", dice Chocarro. "Teresa Gancedo, Magda Bolumar, Josefa Tolrà y Joana Cera comparten una genealogía del arte entendida como un espacio de contemplación y revelación, donde el gesto se convierte en pensamiento y la mirada abre caminos que desdibujan los límites entre lo visible y la intuición. En sus prácticas, la luz, la propia y la de su entorno, se convierte en matriz de un conocimiento fruto de una relación permeable con el mundo. El arte de estas cuatro creadoras constata y expresa que la forma no es solo construcción, sino también huella de vida y consciencia”, añade Chocarro.