Arte

Francisco de Zurbarán, un pintor en estado de gracia en la National Gallery de Londres

La primera gran exposición del artista en el Reino Unido incluye cerca de 40 de sus mejores obras

LondresEn la primera sala del ala Sainsbury de la National Gallery de Londres agoniza un Cristo crucificado. Se trata de Crucifixión (1627), el primer encargo documentado de Francisco de Zurbarán (1598-1644). Es una imagen próxima y, al mismo tiempo, impactante: el dramatismo lo pone sobre todo el fondo de un negro impenetrable que envuelve la figura de Cristo, representado con un cuidado y una delicadeza que lo humanizan. Esta pintura causó sensación cuando se presentó en Sevilla, en el convento dominico de San Pablo el Real: dos años después, el Ayuntamiento de Sevilla invitó al artista a establecerse en la ciudad sin tener que pasar el examen del gremio de pintores. Ahora, esta pintura monumental abre la gran exposición que la National Gallery de Londres dedica a Francisco de Zurbarán, la primera en el Reino Unido, del 2 de mayo al 23 de agosto.

La exposición, titulada sencillamente Zurbarán, incluye 38 de las mejores pinturas de Zurbarán y cuatro bodegones de su hijo, Juan de Zurbarán. “La imagen del Cristo de 1627 es muy despojada. Zurbarán no es un artista que dedique mucho tiempo al escenario, al paisaje o al contexto. Le interesa el poder de la pintura”, afirma Francesca Whitlum-Cooper, comisaria de la muestra junto con Daniel Sobrino Ralston. “A principios del siglo XVIII, Antonio Palomino, historiador del arte y primer cronista del arte en Sevilla, escribió que la gente iba a ver esta obra y que, como la sacristía estaba muy poco iluminada, se pensaba que era una escultura —explica Whitlum-Cooper—. Zurbarán trabaja sobre una superficie plana, pero parece que las figuras salgan de la tela”. Por esto, y por el uso del contraluz, varios expertos señalan la influencia de Caravaggio en Zurbarán. Otro de los cuadros más impactantes del primer ámbito es uno de San Serapión atado al límite de sus fuerzas.

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Para el director de la National Gallery, Gabriele Finaldi, el rasgo distintivo del arte de Zurbarán es que consigue “un realismo intenso unido a una espiritualidad profunda”. Y añade que “dos cosas pueden parecer antagónicas, pero Zurbarán consigue unir lo más verdadero y lo más místico”. “Hemos intentado presentar un Zurbarán muy puro para el público que no lo conoce, y también toda la variedad y la originalidad de su visión”, resume Finaldi. Seis de las obras expuestas, entre las que se encuentra el famoso Agnus Dei, provienen del Museo del Prado. También hay una cabeza colosal que quizás formaba parte de un decorado teatral: el Prado la tiene etiquetada como “Atribuida a Zurbarán”, pero Finaldi y su equipo están convencidos de que es suya.

El MNAC ha cedido a la muestra Naturaleza muerta de vasijas y Inmaculada Concepción, pero la versión de La visión de san Francisco para el papa Nicolás V que hay no es la del MNAC, sino la del Museo de Bellas Artes de Lyon. La exposición incluye también dos pinturas que se le han atribuido recientemente y que aún no se habían expuesto: dos pequeños cuadros protagonizados por dos jarras de barro. Zurbarán relaciona con la pureza de la Virgen María elementos simbólicos como un vaso de agua y una rosa, pero, para Finaldi, Naturaleza muerta de vasijas y las dos jarras, mucho más corrientes, pueden tener una carga trascendente. “Este argumento se puede proponer para Naturaleza muerta de vasijas porque en toda la obra de Zurbarán hay un reconocimiento de que detrás de las apariencias hay un mundo espiritual”, dice Finaldi.

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Aunque Zurbarán se relaciona con Sevilla, él nació en la localidad extremeña de Fuente de Cantos en una familia acomodada. Era el sexto hijo, el pequeño, del comerciante textil y recaudador de impuestos de origen vasco Luis de Zurbarán y su esposa Isabel. El éxito de la Crucifixión hizo que no parase de recibir encargos. De hecho, ha pasado a la historia como el pintor más importante de las órdenes religiosas de la Sevilla de principios del siglo XVII, y uno de los más importantes de España en aquel siglo, junto con Diego Velázquez y Bartolomé Murillo. También sobresalió a la hora de traducir a imágenes accesibles escenas y mensajes religiosos complejos, y cuando tuvo que innovar, como en la Visión de san Alfonso Rodríguez, un tema jesuita sin precedentes iconográficos. Para mostrar su talento en el gran formato se han reunido —después de más de un siglo— tres pinturas de un retablo para la cartuja de Nuestra Señora de la Defensión de Jerez de la Frontera que tiene más de 15 metros de altura: Adoración de los Reyes MagosLa Virgen del Rosario con los cartujos y La circuncisión. “Tenemos que imaginarnos que originariamente habrían estado expuestas a siete metros de altura. Por eso la actitud de los frailes es la de mirar hacia arriba, hacia la Virgen María”, dice Daniel Sobrino Ralston.

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Pintar santos a mansalva

La exposición aborda la fábrica de santos de Zurbarán y el gran taller que tuvo, sobre todo para las exportaciones a América Latina, especialmente a Perú. Hay varios retratos de santas con vestidos de lujo como Santa Isabel de Hungría, Santa Catalina de Alejandría y Santa Casilda. “Zurbarán transformó completamente los tejidos aplicando su talento como pintor de imágenes sagradas y su conocimiento de los textiles –afirma el historiador Benito Navarrete en el catálogo de la exposición–. Era capaz de pintar diversos tipos de ropa de manera superlativa y dotar a cada uno de la textura correspondiente”.

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En el tramo final hay un ámbito dedicado a los bodegones. Uno de los más espirituales es Naturaleza muerta con limones, naranja y una rosa. Los limones eran considerados un símbolo de Pascua, la cesta de naranjas y la flor de naranjo significaban virginidad y fecundidad, y el vaso de agua, la pureza –en este caso asociada con la rosa del amor divino. Entre las imágenes de devoción privada que hay a continuación llama la atención —por ser un tema poco habitual— una Sagrada Familia con la Virgen amamantando al Niño. La exposición termina con el ámbito El poder de la pintura, donde se sugiere que el pintor de Crucifixión con un pintor podría ser el mismo Zurbarán. La exposición, que cuenta con el patrocinio de Iberdrola, ScottishPower y el BBVA, se podrá ver después en el Museo del Louvre y el Art Institute de Chicago.