Cultura 05/05/2021

El boom sorpresa del primer estreno de Netflix traducido al catalán

'La família Mitchell contra les màquines' imagina la rebelión de los dispositivos electrónicos

2 min
'La familia Mitchell contra las máquinas'

Estrellas: 3,5

Podría haber sido una de esas películas de relleno que Netflix adquiere para ampliar su oferta de “contenidos”. Pero La família Mitchell contra les màquines se ha convertido en un inesperado fenómeno el fin de semana de su estreno. En nuestro país, por una circunstancia desgraciadamente todavía excepcional: es el primer título de estreno directo que Netflix ofrece doblado y subtitulado al catalán, porque su productora original, Sony Pictures, contrató la traducción cuando todavía aspiraba a exhibirlo en salas. Pero también porque se trata de una propuesta de animación para toda la familia que recupera la vertiente más dichosa de esta práctica, en un momento en el que las grandes producciones de dibujos parecen decantarse por perspectivas más dramáticas o filosóficas. 

Opera prima del director Mike Rianda, el film cuenta entre sus productores con Phil Lord y Christopher Miller, responsables entre otros de Lego, la película y Lluvia de albóndigas, el título con el que más entronca el que ahora nos ocupa, sobre todo en la brillante relectura de un género épico a través de elementos ordinarios. En Lluvia de albóndigas, la apocalipsis llegaba en forma de tormenta perfecta de comida basura. En La família Mitchell contra les màquines, son los dispositivos electrónicos cotidianos, liderados por una asistente personal inteligente a quien pone voz Olivia Colman, los que se rebelan contra una humanidad alienada por su adicción a las pantallas.

A pesar de que las dinámicas internas de la familia protagonista resultan en exceso conservadoras, los Mitchell conducen una aventura fantástica con esa energía contagiosa que esperas de este tipo de film. Y cómo es de acertado el dibujo del colapso autoritario provocado por los dispositivos electrónicos, un esbozo de distopía que se compensa con la reivindicación de un ecosistema en el que conviven expresiones creativas digitales heterogéneas e identidades extrañas que, como el perro Monchi, desafían cualquier categorización. 

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