"El capitalismo hace su trabajo y la música va quedando en manos de tres agencias y tres 'ticketeras'"
Coque Sánchez es fundador de Freedonia, uno de los espacios de música underground más activos de Barcelona
En el año 2005, cuatro amigos que compartían piso en Barcelona decidieron fundar una asociación con el nombre de Freedonia para promocionar actividades relacionadas con el teatro, la música, el arte y la cultura en general. Algún tiempo después, en 2009, abrían su propio local en la calle Lleialtat del Raval, muy cerca de la redacción del ARA, que se ha acabado convirtiendo en uno de los espacios de música underground más activos y resistentes de la ciudad, junto con otros como la sala Meteoro, el Diobar o el Heliogàbal de Gràcia. Uno de los fundadores fue Coque Sánchez: “En aquella época habían tenido que cerrar algunos locales que nos gustaban y queríamos crear un espacio donde compartir la cultura más allá de la lógica comercial que tienen los bares o las discotecas”. Actualmente, Coque gestiona esta entidad sin ánimo de lucro “con casi 10.000 socios activos” que programa música en directo cada fin de semana con capacidad para un centenar de personas. Un proyecto cada vez más excepcional en la ciudad, ya que conseguir una licencia de música en vivo resulta bastante complicado: “Van cerrando salas y no se abren nuevas. Hace 30 años en el área metropolitana había unas 400 licencias de música en vivo y ahora tenemos 160. Barcelona quiere presumir de ser una ciudad culturalmente activa, pero con las comodidades de una ciudad dormitorio; se tiene que mediar para defender el descanso de los vecinos, pero también para promover la cultura de noche, que también es un servicio a la ciudadanía y sirve, entre otras cosas, para que los jóvenes no acaben todos con depresión”.
El punto más bajo del Freedonia fue durante la pandemia, con meses y meses de acumular deuda y no ver un final claro. “Hubo un tiempo, con las restricciones, que abrir la sala era deficitario; era imposible cubrir gastos con solo 20 personas en el local. Y aún así lo hacíamos, porque nos lo pedían los socios. Conseguimos 8.000 euros con un micromecenazgo y finalmente llegaron las ayudas públicas. La verdad es que la gran mayoría de salas de Barcelona resistimos a la pandemia, y al final se demostró que aquí lo habíamos hecho bastante mejor que en Madrid”. Ahora Coque combina la gestión del Freedonia con el trabajo de DJ, con sesiones tanto aquí como en el extranjero: “Al principio trabajaba en el Freedonia 100 horas a la semana: programar las actuaciones, hacer toda la difusión, llevar los números, atender la barra, arreglar cualquier cosa que se estropeara… Ahora somos un equipo y tengo más tiempo para escuchar música y para pinchar.” La principal dificultad, en el caso de locales como el Freedonia, es hacer valer la música en vivo y los músicos emergentes: “Se habla mucho de si los jóvenes van a conciertos. Sí que van, pero a fiestas mayores y sobre todo a grandes festivales, que son un poco como parques temáticos donde la gente se gasta mucho dinero y donde siempre suelen tocar los mismos grupos. El capitalismo va haciendo su trabajo, y al final la música en directo queda en manos de tres grandes agencias y tres ticketeras. Además, muchos de los contratos que firman son draconianos: cuando un gran festival contrata un grupo, por ejemplo, le exige que no toque en esa misma ciudad ni unos meses antes ni unos meses después”. Las salas de pequeño formato, en cambio, son la única vía para músicos y bandas emergentes en una época en la que la venta de discos también es limitada. “Está claro que en este circuito nadie se hará rico, pero yo quiero que haya espacios para que la gente pueda conocer esta música y mi objetivo es programar aún más conciertos.” Coque también señala otro tema pendiente, el de la gentrificación, que ha detectado en otras ciudades grandes como Londres o Berlín. “La poca música en vivo que tenemos se está concentrando mucho en el centro de la ciudad y los barrios se están quedando sin nada. Yo creo que en cada barrio debería haber un espacio como el nuestro, para compartir cultura, para compartir música, igual que en cada barrio hay una biblioteca”.