¿Es capaz Pedro Almodóvar de hacer una película autocrítica?
Pese a un inicio poco prometedor, 'Amarga Navidad' acaba convirtiéndose en una reflexión poco complaciente sobre la naturaleza del artista
'Amarga Navidad'
- Dirección y guión: Pedro Almodóvar
- 111 minutos
- España (2026)
- Con Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Victoria Luengo, Patrick Criado, Aitana Sánchez-Gijón, Milena Smit y Quim Gutiérrez
La nueva película de Pedro Almodóvar entronca con Dolor y gloria (2019) en su inspiración autobiográfica. Nos encontramos de nuevo ante un filme con un director como protagonista, aunque aquí de forma desdoblada. Barbara Lennie encarna a Elsa, una realizadora de culto, víctima de las migrañas y marcada por la muerte de la madre. Un personaje que, en un juego de ficción dentro de la ficción, está en el centro del nuevo guión que está escribiendo un cineasta, Raúl, al que da vida Leonardo Sbaraglia. En la primera parte del filme, Almodóvar se recrea en su imaginario habitual sin insuflar nueva fuerza, y dudas se desprenden de las imágenes. ¿Es consciente el manchego que el reflejo de sí mismo que nos devuelven Elsa y Raúl no resulta demasiado halagador? ¿Puede que en su insistencia en convertir Chavela Vargas en un detonante de emoción haya algo de impostura? ¿Cómo es que la mejor secuencia de este segmento es un striptease masculino, a cargo de Patrick Criado, que nos recuerda al Almodóvar tórrido de los inicios? ¿Y tiene claro que está retratando a su pareja primero como puro objeto del deseo y, después (en la piel de Quim Gutiérrez), como mero cuidador?
A partir sobre todo de la escena de una discusión en un parque de Raúl con su ayudante Mónica (Aitana Sánchez-Gijón), lo mejor de la película, Amarga Navidad se adentra en una autoficción cada vez menos complaciente, hasta el punto de que podemos releer lo que hemos visto hasta ahora desde una óptica mucho más interesante. El director aparca los discursos habituales en torno a los efectos positivos del arte para poner de manifiesto la naturaleza vampírica y manipuladora del creador respecto a la vida y las emociones de quienes lo rodean. La confesión última de Pedro Almodóvar se convierte en una de las reflexiones más francas y desgarradoras sobre el artista como alguien que no obedece a otro mandato que el de la creación.