El exitoso film británico sobre el hombre que gritó "muera la reina" ante Isabel II de Inglaterra
'Incontrolable' es un ejemplar 'feel good movie' británica sobre la experiencia de vivir con el síndrome de Tourette
'Incontrolable'
- Dirección y guion: Kirk Jones120 minutosReino Unido (2025)Con Robert Aramayo, Maxine Peake y Somerled Campbell
La escena con la que arranca Incontrolable (I swear) es una de las más comentadas de la vida de John Davidson, la persona real que inspira el film (y que ya había sido objeto de diversos documentales previos). En la recepción en la que debía ser condecorado por Isabel II, se le escapó un "Fuck the queen". Un momento que ilustra esta condición incontrolable del síndrome de Tourette, trastorno caracterizado por los tics verbales y gestuales irreprimibles que padece la persona afectada. Y una escena que marca el tono de un film perfectamente encuadrado en la mejor tradición de la feel good movie británica de clase obrera con vocación de concienciar sobre algún asunto, que engloba títulos como Full Monty, Quiero ser como Beckham o, en parte, la reciente Pillion. El film genera una empatía inmediata hacia este hombre nervioso ante el protocolo real, al tiempo que utiliza un humor de asumible irreverencia para presentar el conflicto. Si la reina de Inglaterra no se ofendió ante este exabrupto, ¿quiénes somos el resto de mortales para no acoger con comprensión las disrupciones de una persona con Tourette, por muy agresivas que suenen?
El film recorre la vida de John (espléndido Robert Aramayo) desde que se le manifiestan los primeros síntomas hasta que deviene un militante de la causa. Escrita y dirigida por Kirk Jones, Incontrolable (I swear) desarrolla cómo, antes de encontrar un apoyo especializado, Davidson pudo salir adelante gracias a su bonhomía y su resiliencia, sumadas a la empatía de figuras y entornos concretos, como la enfermera que ejerce de segunda madre o el conserje que le da trabajo. La película exhibe todos los pros y contras de una película de este estilo: resulta inevitable no conectar con el protagonista y sus tribulaciones, y al mismo tiempo eres consciente de que para que esto ocurra se le retrata como un hombre cuyo único defecto es este síndrome que no puede controlar.