El gran éxito del cine japonés reciente nos adentra en los secretos del 'kabuki'
La historia de dos actores criados como hermanos vertebra 'Kokuho', la película japonesa no animada más taquillera de la historia
'Kokuho'
- Dirección: Lee Sang-il. Guion: Satoko Okudera174 minutos Japón (2025)Con Ryo Yoshizawa, Ryusei Yokohama, Mitsuki Takahata y Ken Watanabe
En el Japón del siglo XVII, el teatro kabuki desterró a las mujeres del escenario, hecho que llevó al surgimiento de la figura de los onnagata, actores encargados de encarnar los personajes femeninos. Su maquillaje blanco y labios pintados, y su grácil precisión gestual han sido influyentes más allá de sus fronteras (David Bowie reconocía en ellos una referencia para su aura estelar), y todavía hoy son una de las piezas más preciadas de la disciplina. Así lo presenta Kokuho, melodrama que se expande con paso firme desde la década de los sesenta hasta 2014, y que es guiado por la convulsa relación entre dos onnagata que son criados como hermanos. Uno, Kikuo, hijo de un yakuza asesinado por sus rivales; el otro, Shunsuke, primogénito de Hanjiro, un célebre actor de kabuki. Cuando este decide nombrar a Kikuo como su sucesor en detrimento de su hijo de sangre, el escándalo y los celos erosionan irremediablemente el vínculo entre los protagonistas.
Para los ojos occidentales, es posible que el magnetismo de Kokuho se encuentre en el exotismo de la tradición escénica, y en la disonancia de concebir el travestismo en un marco narrativo eminentemente heterosexual. En su país de origen, donde fue el éxito más incontestable de la temporada pasada, el impacto del film es más profundo, ya que pasa por el hecho de comprobar cómo uno de los tesoros culturales nipones es contemplado por Lee Sang-il, cineasta coreano-japonés (un mestizaje a menudo despreciado) que sabe perfectamente lo que significa existir bajo una identidad dual.