'Nino': cuando vas al CAP porque tienes la garganta irritada y te dicen que tienes cáncer
La cineasta Pauline Loquès firma un drama de personaje, bastante sobrio y moderadamente incómodo, que transmite autenticidad
- Dirección: Pauline Loquès. Guion: Pauline Loquès y Maude Adeline. 96 minutos. Francia (2025).Con Théodore Pellerin, William Lebghil, Salomé Dewaels y Jeanne Balibar.
Las prisas en la atención sanitaria y la confianza ciega en sus protocolos provocan que todo el mundo dé por hecho que Nino, un hombre de 29 años, ha ido bien informado al centro de salud. Así que él descubre, sin ninguna preparación ni sospecha previa, que padece cáncer. La realizadora debutante Pauline Loquès escenifica el impacto de esta noticia mientras sugiere algunos temas que sobrevuelan la narración: la precariedad de los servicios públicos, ciertos climas de egocentrismo y de impaciencia que hacen que la gente no se escuche... Con todo, como anticipa el título de la película, el grueso de los esfuerzos se dedica a retratar a su protagonista aparentemente tímido, implícitamente amable, quizás bloqueado emocionalmente. Alguien que no puede volver a casa como si nada, también porque ha perdido las llaves y no consigue recuperarlas. El pequeño problema cotidiano funciona a la vez como metáfora.
El fin de semana que Nino pasa de piso en piso, de vagabundear en vagabundear, puede acabar pareciendo una versión menos tensa de aquellos dramas thrillerizados en que los hermanos Dardenne (Dos días, una noche) explican sufrimientos humanos en forma de relatos a contrarreloj. El visionado del film resulta moderadamente incómodo. Algunos momentos excéntricos pueden abrir la puerta al humor negro, a una risita fuera de lugar como la que hace uno de los personajes más cálidos de la narración. Son desviaciones interesantemente peculiares que expanden una obra bastante contenida, fiel al talante de su personaje central y, quizás, a una cierta manera de explicar la vida desde el cine de autor francobelga. Los sentimientos nunca se desbordan, pero están ahí. Por el camino, encontramos alguna escena en la que lo emocional empieza a mezclarse con lo motivacional, como si la lógica de los reels de Instagram (¿una crisis tiene que ser siempre una oportunidad?) desplazara fugazmente la sobriedad general.