Cine

La erótica del tacto, protagonista en el Festival de Locarno

Tres directores catalanes concursen a Pardi di Domani, la sección dedicada a los cortometrajes

11/08/2026 - 15:01 h.

LocarnoPocos nombres célebres en el concurso internacional por el Leopardo de Oro de esta 79ª edición del Festival de Locarno, lo que permite otorgar protagonismo a cineastas menos reconocidos. El tacto es clave en Objet A, el segundo largometraje de Ann Oren, una directora que se dio a conocer también en Locarno, en 2022, con Piaffe, un film centrado en el dispositivo sonoro cinematográfico y su capacidad para desvelar dimensiones eróticas inesperadas. En Objet A los dos protagonistas, cirujanos especializados en las manos, mantienen una relación ligada a las dinámicas de la dominación-sumisión y están obsesionados con los objetos: ella es cleptómana, y él se deja objetivar sexualmente.

Rodada en 16 mm, con un gusto impecable por los encuadres y los detalles, y encomendándose a Luis Buñuel, Objet A celebra el fetichismo desde la erótica y desde la práctica artística. Porque el film habla en último término de un tipo de cine, más cercano al experimental y al arte visual, que restituye a los objetos una dimensión artística propia que les falta en las películas comerciales, donde quedan reducidos a mero atrezzo o a una funcionalidad específica dentro de la narración. La fetichización del objeto en la obra de Ann Oren denota la resistencia analógica frente a un nuevo mundo digital para celebrar el placer de vincularnos mediante el tacto con las obras artísticas... y con las personas.

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La juventud es la protagonista de otros títulos notables del concurso internacional. En Manhunt, Wayne Wapeemupkwa traza el itinerario de dos jóvenes asesinos en el Canadá profundo en un lúcido retrato de las masculinidades agresivas y descolocadas del mundo actual que enlaza con títulos como Elephant de Gus Van Sant o A sangre fría de Truman Capote, también en la fascinación, probablemente involuntaria, que le generan sus protagonistas. Giovanni Tortorici, discípulo aventajado de su productor, Luca Guadagnino, se confirma con Ketticè como uno de los nombres claves del cine europeo contemporáneo con sus retratos juveniles con identidad propia. En su segundo film, continúa la exploración del enfado juvenil que inició con la estimulante Dinou (2023), esta vez con una muy afinada aproximación, ni tremendista ni cómica, del vínculo progresivamente dependiente de un joven siciliano con los porros. Y la alemana Isabelle Stever, junto con la guionista ucraniana Anna Melikova, elabora una inesperada aproximación a la guerra en Ucrania desde la perspectiva queer al explicar el conflicto desde el punto de vista de una pareja joven, Olya y su marido, Oleh, un chico trans, en un país en el que la experiencia bélica también tiene género: solo las mujeres pueden salir de Ucrania, mientras los hombres deben estar disponibles para el ejército.

Directoras catalanas en los Leopardo de mañana

Tres directores catalanes compiten con dos cortos para el Leopardet d’Or en la sección Pardi di Domani. Blanca Camell Galí, que ya concursó con Castells en el año 2022, ha presentado Primer foc, donde Bruna Cusí se estrena hablando en francés. La película enlaza con una nueva ola de cine de la maternidad que rompe con la idealización de esta práctica para acercarla más a la experiencia real. Camell Galí se ha inspirado en su primer parto para mostrar las tribulaciones de una madre primeriza que no puede disfrutar ni cuidar de su bebé porque ha sufrido un desgarro muy doloroso. Una herida que, sin embargo, parece un tabú: los médicos la infravaloran, su madre no quiere darle importancia... Como pasa a menudo en el cine de Camell Galí, el film transcurre entre Francia y Cataluña, y culmina en una nueva explosión de cultura popular.

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Sofía Esteve e Isa Luengo también visibilizan una experiencia bastante desconocida en Los andares: la de las excursiones fuera de Barcelona que durante el franquismo organizaban grupos de personas queer para disfrutar la sexualidad lejos de los ámbitos represivos. El film, rodado en La Selva, en Girona, sin ningún elemento urbano, se sitúa en la Cataluña de los años cincuenta. Los marcadores de época los determinan el vestuario, los objetos (la moneda con la efigie de Franco) y las conversaciones del grupo protagonista, una serie de jóvenes que han salido de fin de semana para despedir a una de las integrantes del grupo, que se marcha del país. Esteve y Luengo abordan la represión (tema también del corto que codirigieron con Marina Freixa, Els buits, 2024) y sus consecuencias (huir del país, encierro en psiquiátricos, la cárcel, la ocultación de la propia sexualidad...) de manera metonímica, mediante algunos diálogos o una carta que escribe toda la pandilla a un amigo encarcelado. Los andares no quiere ser un drama de época al servicio de un Tema con mayúsculas, sino un film que recrea de manera más emocional y sensorial una experiencia compartida de represión, pero también de liberación, resistencia colectiva y sensualidad. Con toda coherencia, la cámara acaricia, más que enfocar, a los personajes.