Cine

Naomi Watts: “Me dijeron que me diera prisa, que mi carrera se acabaría a los 40 años, y aquí estoy”

La actriz presenta en San Sebastián 'La esposa perfecta', donde encarna a una ama de casa que no es lo que aparenta

Naomi Watts en el Festival de San Sebastián.
19/09/2026 - 18:16 h.
3 min

Enviado especial a San SebastiánEste año, el Festival de San Sebastián se ha dado prisa en entregar sus premios Donostia. Si Werner Herzog lo recibió durante la inauguración del viernes, este sábado ha sido el homenaje a Naomi Watts (Shoreham, Reino Unido, 1968), actriz de talento contrastado y trabajadora nata que David Lynch descubrió en 2001 en Mulholland drive. Un personaje doble y fascinante, el de aquella inacabable obra maestra, que ella todavía recuerda con orgullo y agradecimiento: “Hacía exactamente diez años que buscaba un papel como aquel. Antes experimenté mucho rechazo, muchos «no eres lo suficiente...» o «eres demasiado...», hasta el punto de que iba a los castings con una energía muy negativa. Pero David Lynch vio algo en mí y me dio el papel de mi vida. Mucha gente no llega a interpretar dos personajes tan diferentes a lo largo de su carrera, y yo los pude hacer en una misma película. Tengo una deuda eterna con David Lynch”.

Cuando David Lynch la convirtió en estrella, Watts ya tenía 30 años, una edad para convertirse en estrella que, como ella misma reconoce, es “muy tardía para los estándares de Hollywood”. “Me dijeron que me diera prisa porque mi carrera acabaría a los 40 años, y aquí estoy [tiene 57 años]. Y mira los Emmy de la semana pasada; había un montón de mujeres de más de 50 años en categorías importantes. Las cosas han cambiado, el cine y la televisión nos tienen presentes porque todo el mundo necesita ver sus historias representadas”.

En San Sebastián, Watts también ha presentado fuera de la competición su última película, La esposa perfecta, un drama basado en hechos reales en el que la actriz interpreta a una impecable ama de casa del Brooklyn de los años sesenta a quien un buen día el New York Times llama a la puerta para investigar su pasado como guardia en un campo de concentración nazi. Cuesta tragarse la repentina afinidad que se establece entre el personaje de Watts y el periodista; aun así, el director debutante Ben Shirinian la utiliza para articular una intriga convencional sobre falsas identidades y dilemas morales que sobrevive gracias al magnífico trabajo interpretativo de Watts. “Fue un papel muy complicado y que me daba mucho miedo, no era como nada que hubiera interpretado antes –ha explicado la actriz en San Sebastián–. Pero para un actor es muy interesante la dualidad de esta mujer, que había cometido crímenes horribles, pero que también podía ser una buena vecina y una buena esposa que va a misa y prepara galletas en el horno”.

Fantasmas y bucles temporales

Entre Premio Donostia y Premio Donostia, también ha arrancado en San Sebastián la competición oficial, que inauguró el viernes el alemán Fatih Akin con un melodrama adolescente en clave sobrenatural que vendría a ser la versión para festivales de cine de las novelas románticas young adult que hacen furor hoy en día. En ghost song, Faris y Farasha se conocen en una fiesta, se gustan y cuando vuelven a casa juntos ella pierde la vida en un accidente, pero su relación continúa en los sueños de Faris, que Farasha visita puntualmente cada noche. Akin viste el realismo mágico de la historia con un blanco y negro solemne que evoca El cielo sobre Berlín, de Wim Wenders, e introduce de manera un poco forzada una dimensión social a través de la exploración del pasado de Farasha como refugiada. Pero la emoción no aparece por ninguna parte en este drama desnutrido que, aun así, sabe cómo sacar jugo a una localización tan potente y emblemática como la torre Heinrich Hertz de Hamburgo.

La primera buena noticia de la competición oficial la ha dejado un director catalán que se estrena en San Sebastián. Javier Ruiz Caldera, que el año pasado reventaba taquillas con la dramedia familiar Wolfgang, vuelve a sus dos registros naturales, la comedia y el fantástico, con la sorprendente 5 minutos más, donde Berto Romero (que también firma el guion) y Belén Cuesta son un matrimonio que se marcha de fin de semana rural. Mientras Javier Cámara les entrega las llaves de la casa que han alquilado, se ven atrapados en un bucle temporal: sin ninguna explicación, cada cinco minutos la realidad se reinicia y vuelven al punto donde estaban. El desconcierto deja paso al miedo, el miedo a la paranoia, y la comedia se va oscureciendo hasta volverse grotesca, con escenas que rozan el terror. 5 minutos más destila el gozo travieso con el que sus creadores exprimen una original premisa que podrían haber imaginado Nacho Vigalondo o Albert Monteys. El premio al mejor guion del palmarés oficial ya tiene un primer gran favorito.

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