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Cultura  /  Cine 19/06/2022

Jean-Gabriel Périot: “El error de la izquierda francesa fue ignorar el discurso social del Frente Nacional”

Cineasta, estrena 'Regreso a Reims'

7 min
El cineasta. francés Jean-Gabriel Périot

BarcelonaEn un momento clave del libro Retour à Reims (editado en castellano por Libros del Zorzal), en el que Didier Eribon entrelaza su propia historia familiar y la de la clase obrera francesa, el narrador describe con estupefacción que su madre, a pesar de haberlo negado siempre, había votado al Frente Nacional. “Pero solo como advertencia”, se justifica ella, obrera vinculada al Partido Comunista de toda la vida y a las luchas feministas. “¿Qué importa que estén contra el aborto?”, insiste ante la incomprensión del hijo. “Yo no los he votado por eso”. Jean-Gabriel Périot, militante del ala más politizada y crítica del cine francés, adapta el libro de Eribon en forma de ensayo visual en el film Regreso a Reims para ofrecer una historia vivísima y clarividente de la evolución de la clase obrera francesa durante el siglo XX y la deriva de su voto hacia la extrema derecha. “El de la madre de Eribon es un caso particular, pero sirve muy bien como vía de entrada a la historia política de Francia –dice Périot–. Además, la historia se puede refutar, pero una experiencia personal no. Y esto nos obliga a hacer el esfuerzo de entenderla”. Regreso a Reims se ha estrenado en los cines en versión original subtitulada en catalán.

Optó por ilustrar la historia de Eribon con material de archivo y entrevistas, no como una ficción. ¿Por qué?

— Porque el material de archivo me permitía construir la película a través de testimonios de personas anónimas de la clase obrera, gente real que se expresa desde su situación personal y a la que no es fácil contradecir. En un documental más clásico, si alguien dice algo, tú puedes contraponer otra cosa para decir: “Las cosas no eran así”. Pero con una experiencia privada esto no se puede hacer. También me interesaba mostrar estas imágenes de entrevistas antiguas: hoy en día casi no hay espacio en el cine o la televisión para que la gente de clase obrera se exprese. Yo vengo de la clase trabajadora y de pequeño me enseñaron a no hablar en público. Para mí era una oportunidad para devolverles la voz a estas personas. En una ficción no habría sido lo mismo.

¿La voz de la clase obrera se ha silenciado en el cine?

— Los cineastas o los reporteros que filmaban a gente normal hablando de temas relacionados con la clase obrera desaparecieron a partir de los 80. Todavía tenemos películas sobre trabajadores, pero la manera en la que se expresan es diferente. Antes de los 80, al menos en Francia, muchos de los cineastas, productores y técnicos eran próximos al Partido Comunista o a la izquierda, y muchos de ellos venían de la clase obrera. A partir de los 80, el cine se volvió más burgués e incluso cuando se hablaba de la clase obrera se hacía de otro modo. Y en la televisión, la clase obrera directamente desapareció. La única esperanza de ver a un obrero expresándose sobre algún tema que le afecte es cuando hacen una encuesta rápida de frases cortas sobre un tema de actualidad, pero es visto y no visto. Y a continuación, el periodista o el político los replica y contradice.

Cuando el cine comprometido y de izquierdas retrata a la clase obrera tiene a menudo la tendencia a idealizarla. Usted no lo hace: aborda temas como el racismo de la clase obrera, su machismo y las duras condiciones de las mujeres... ¿Es importante mostrar los defectos de la clase obrera?

— Sí, absolutamente. La izquierda tiene un problema: es incapaz de hacer autocrítica. Pero la crítica es necesaria para saber cuándo cometemos errores, como personas o colectivos. Es la única manera de mejorar y entender los cambios de un mundo que no se para. En el pasado, para el Partido Comunista fue importante crear una mitología heroica de la clase trabajadora como clase revolucionaria y perfecta que nos tenía que llevar a la revolución. Ahora, el problema es otro: la mayoría de las películas las hacen gente burguesa o de clase alta que se quiere excusar de serlo y que ha creado su propia mitología de la clase obrera, siempre pura y sufridora, pero no es así. La clase obrera no es perfecta, tenemos muchas contradicciones. Y aceptarlo es la única manera de entender por qué tanta gente dejó de votar comunista para votar a la extrema derecha y para comprender el racismo sistémico de la sociedad francesa. No se trata de acusar a la clase obrera de racista en su totalidad, pero sí de reconocer que existe una historia de racismo en la clase obrera y hacernos más preguntas para comprendernos mejor.

Fotograma de 'Regreso a Reims'.

Regreso a Reims apunta como una de las causas de la crisis de la izquierda su pérdida de identidad como sujeto político. ¿Qué ha provocado esta crisis de identidad?

— No soy historiador, pero creo que se produjo un fuerte sentimiento de traición. La clase obrera se sintió traicionada por los políticos. Y seguramente tiene que ver con el hecho de que, a partir de los 80, los representantes políticos de la izquierda dejaron de ser de clase obrera. Antes de los 80, partidos como los socialistas tenían una mezcla de gente de las bases del partido y otros que se habían preparado para ser políticos y habían ido a escuelas especiales, gente sin mucho contacto con la clase obrera. Cuando el Partido Socialista llegó al poder en los 80 quedó claro que aquella gente no representaba a los obreros. Y Miterrand fue el primero que utilizó el Frente Nacional como un argumento electoral. “Votadme o tendréis a Le Pen”. No era un argumento político ni con contenido ideológico. Y fue un gran error.

¿Por qué?

— Preparando la película escuché muchos discursos de Jean-Marie Le Pen. En los 80 lo único que importaba era rechazar el racismo de Le Pen y el Frente Nacional. “Son racistas, no hablamos con ellos”, decíamos. Pero no nos tomamos nunca la molestia de escuchar sus discursos. Cuando por fin lo hice, me sorprendieron mucho: la primera parte era s