Cine

Llega una edad en la que te planteas dónde estás y qué has hecho con tu vida

Milagros Mumemthaler estrena la película ‘Las corrientes’, protagonizada por una fascinante Isabel Aimé González Sola

07/07/2026

BarcelonaLina, una profesional de la moda que acaba de recoger un premio en Ginebra, se deshace del trofeo como si le molestara y empieza a pasear por las calles solitarias de la ciudad hasta que, de repente, se lanza a las aguas heladas del Ródano. Así de magnética y potente es la secuencia inicial de Las corrientes, tercera película de Milagros Mumenthaler (Abrir puertas y ventanas, La idea de un lago), que la directora argentina concibió precisamente a partir de esta primera imagen de una mujer lanzándose al río. “Me vino a la cabeza allí mismo, en Ginebra, donde crecí y tengo familia –explica–. La imagen me provocó muchas preguntas, y miré de seguirlas de una manera intuitiva”.

Lina sale toda empapada del río y vuelve a Buenos Aires como si no hubiera pasado nada, pero sí que ha pasado: desde el incidente es incapaz de acercarse, de sentir y menos aún de tocar el agua corriente. Ducharse es, por supuesto, inviable, y su pelo empieza a rebelarse, síntoma exterior de un malestar más profundo. “Cuando un relato tiene un elemento tan fuerte como el gesto de lanzarse al agua, se genera un misterio –dice Mumenthaler–. ¿Qué le pasó al agua? Puedes pensar que es una fobia, pero a mí me parece que en ella también hay un miedo a lo que experimentó, una especie de coqueteo con la muerte, un dejarse ir que le recuerda sensaciones físicas que vienen de la infancia”.

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El estudio de personaje que plantea Mumenthaler activa los mecanismos de fascinación del espectador a través de un guion elíptico y una puesta en escena siempre al servicio de traducir visualmente las turbulencias interiores de la protagonista. Es inevitable pensar en el Hitchcock de Vértigo (1958), sobre todo cuando las imágenes y la música se funden en un abrazo poético. Las corrientes es una película que entra por los ojos, donde todos los elementos del plano importan y significan. Pero su gran activo es la presencia magnética de Isabel Aimé González Sola, que atrapa al espectador en el abismo de sus ojos y despliega el misterio y la fragilidad de un personaje de Antonioni. Lo que la película apunta a través de un grabado de Francisco Goya titulado Nadie se conoce, la actriz lo expresa a través de un gesto contenido o una mirada ausente. “Hicimos un trabajo muy físico con Isabel, desde la voz y la respiración a la manera de decir las palabras y la manera en que se posiciona –explica la directora–. Más allá de la situación vulnerable en la que la conocemos, es una mujer trabajadora, una jefa que, con mucho esfuerzo, dejó atrás su pasado y se ha impuesto en un mundo que no le pertenece, había que trabajar todos los aspectos del personaje”.

Crisis de identidad

La película sigue el curso errático de Lina a través de su reencuentro con el marido y la hija y con el trabajo y de los intentos de gestionar el miedo al agua corriente. Sobre ella planea siempre una sensación de extrañeza, una disonancia que acaba revelándose como la fractura entre sus orígenes familiares y la mujer, madre, esposa y profesional perfecta en la que se ha convertido. Hay un elemento evidente de desclasamiento, pero sobre todo una profunda crisis de identidad. “El pasado siempre te atrapa, sobre todo cuando ha habido ausencias y abandono –apunta Mumenthaler–. Es difícil ir por la vida como Lina, dejando todo atrás como si nada, sin consecuencias. Esto también se manifiesta en su dificultad con la maternidad. Las cosas que nos han pasado nos marcan y definen. Es imposible huir del pasado, porque deja una huella en nosotros”.

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La misma directora no es ajena a las identidades fracturadas: sus padres huyeron de la dictadura militar argentina hacia Suiza, y ella no regresó a su país hasta que fue a hacer los estudios universitarios. Ella también ha sido un cuerpo extraño en Argentina. “Estas cosas se acaban colando en los guiones que escribes, pero no lo piensas directamente –dice Mumenthaler–. Simplemente, llega una edad en la que te planteas dónde estás y qué has hecho con tu vida. Todo el mundo se pregunta alguna vez si es posible empezar de nuevo o si volverías a hacer lo mismo, pero la vida es una y hay que asumir las decisiones que has tomado”.

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Las corrientes se financió, en parte, con ayudas públicas del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), una opción que ahora mismo parece inviable en la Argentina de Milei, que ha recortado drásticamente los recursos del organismo que gestiona los recursos públicos del cine argentino. “Ahora se están rodando un 10% de las películas que se filmaban antes –apunta Mumenthaler–. Las ayudas tampoco eran muy altas y Argentina es ahora muy cara, así que la situación es un poco desoladora. Todos nos preguntamos cómo hemos de hacer para seguir adelante”. A pesar de la oscuridad del panorama, la directora ya trabaja en un nuevo proyecto. “Todavía falta mucho para poder presentarlo y pedir ayudas, pero lo que está clarísimo es que será mucho más difícil y la competencia será feroz. Si añadimos la aparición de las plataformas, es un momento complicado para el cine en general, un momento bisagra para reflexionar y ver qué y cómo se supone que debe ser el cine ahora”.

Tráiler de 'Las corrientes'